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Editorial
Opinión

El rompecabezas francés sube de nivel

El país galo ha sido expulsado en términos financieros a la periferia europea

Disturbios al final de una manifestación de estudiantes de secundaria y miembros de sindicatos educativos, en París, Francia, el pasado día 6.MOHAMMED BADRA (EFE)

Los desequilibrios en las cuentas públicas francesas llevan varias crisis en las quinielas de muchos inversores. Bajo el prisma del mercado, la combinación de deuda elevada, déficit persistente y crecimiento muchas veces escaso ha sido, desde hace décadas, una receta para el fracaso. Aun así, el país nunca ha perdido acceso a la financiación; no ha sufrido un momento Liz Truss como el Reino Unido ni un rescate como España. El presunto “enfermo de Europa”, como ha sido muchas veces calificado (de forma interesada), ha demostrado en el largo plazo una mala salud de hierro. Los fundamentos económicos del país son sólidos, la recaudación impositiva, estable y no afronta burbujas financieras ni problemas bancarios. Finalmente, la capacidad de ahorro es capaz de sostener las necesidades de financiación del sector público.

¿Puede esta vez ser diferente? Quedan muchos meses para las elecciones presidenciales, la Asamblea Nacional es un campo de trincheras y, en este contexto, es difícil pensar que el Gobierno pueda llevar a cabo recortes impopulares en clima electoral. Las calles, no obstante, protestan por lo que consideran una década de recortes sociales durante la presidencia de Macron. Manifestantes y mercados presionan en sentidos distintos al Gobierno saliente, y los franceses parecen abocados a elegir entre ultraderecha y extrema izquierda.

Ambos bandos han apelado al comodín del BCE, que en 2012 se ocupó de sacar del pozo a la periferia europea. Pero aquello fue después de un rescate muy doloroso; el propio gobernador del Banco de Francia ha planteado que el país está muy lejos de estar en esa situación, sobre todo cuando puede adoptar medidas presupuestarias para evitarlo. Aún más virulenta ha sido la respuesta del BCE ante la petición de La Francia Insumisa de amortizar la deuda en manos del banco. En plena precampaña, Reagrupamiento Nacional ha planteado unos recortes masivos y unos límites de deuda que son aritméticamente incompatibles con otras propuestas del partido en materia de pensiones o fiscal.

El país no ha perdido acceso al mercado, pero ha sido expulsado (en términos financieros) a la periferia europea, situado como el primero en la lista de objetivos de los especuladores. Aun así, la sombra de Mario Draghi es alargada; unas pocas palabras de Christine Lagarde pueden romper muchas apuestas bajistas y contener la sangría en la deuda. Pero ese gesto es difícil que llegue sin una señal previa de control del déficit. Son estas cábalas, y no el apocalipsis, lo que cotizan los mercados.

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