Xi visita a Trump, una pausa de medio mandato
El encuentro en la Casa Blanca convierte la estabilidad bilateral en un objetivo compartido pese a la máxima rivalidad

El presidente Trump actúa en esta ocasión de anfitrión de Xi en la Casa Blanca después de que haya pasado más de una década desde su última visita a Washington. Una cuestión protocolaria muy relevante, ya que imprime una nueva dinámica en las relaciones bilaterales, justo cuando la rivalidad es máxima, y en un momento crucial de competición en IA.
Se trata, por tanto, de un encuentro histórico entre ambos líderes que se enmarca en el acercamiento diplomático con el que las dos potencias están proyectando estabilidad en la relación bilateral, conocedoras ambas partes de que una demostración de sintonía genera un impacto económico y geopolítico muy positivo en los mercados internacionales y en la economía mundial. En definitiva, un objetivo compartido.
Por ello, el protagonismo del encuentro está en la propia visita, y en la sintonía demostrada por ambas partes. No está prevista la comunicación de grandes acuerdos, en línea con la reducida comitiva empresarial con la que Xi Jinping ha planteado su visita a Estados Unidos. Una demostración muy sutil por parte de Pekín con la que pone de manifiesto que el nivel de autosuficiencia tecnológica y de estabilidad económica alcanzado por el gigante asiático en este tiempo no requiere de la firma de grandes acuerdos con Washington.
Más bien al contrario. El desequilibrio en la balanza comercial se mantiene y China podría volver a romper un nuevo récord global en su superávit comercial durante 2026. Impulsada por un fortísimo ritmo exportador, podría superar el récord histórico de 1,2 billones de dólares alcanzado en 2025.
No obstante, para ambas partes sigue siendo esencial mantener una dinámica comercial fluida que favorezca la extensión de la tregua comercial alcanzada durante la reunión de la APEC (Cooperación Económica Asia-Pacífico) en Busán en octubre de 2025. Una forma de aliviar la presión de los aranceles estadounidenses y la tensión generada por las restricciones a las tierras raras impuestas por China.
La reanudación de compras a gran escala de soja estadounidense se enmarca en este objetivo, y el hecho de que se hayan materializado antes de la visita de Xi se ha visto como un gesto estratégico de China. A esto se suma la confirmación de avances “muy exitosos” en las rondas de negociaciones celebradas previamente al encuentro, donde se han identificado bienes estadounidenses y chinos no sensibles sobre los que se podrían reducir aranceles mutuos. Con ello se pone en marcha el Consejo de Comercio que habían acordado las partes durante el encuentro en Pekín, y en el que se han identificado determinados productos energéticos y agrícolas estadounidenses, así como bienes de consumo chinos de bajo valor tecnológico que reportarían una rebaja de aranceles de hasta 30.000 millones de dólares a cada parte.
Teniendo en cuenta la agenda de citas internacionales, los acuerdos alcanzados estos días serán muy posiblemente puestos en revisión cuando Trump y Xi coincidan durante la cumbre de APEC en noviembre en Shenzhen y en el G-20 en diciembre en Miami. Con ello, estos encuentros pasan así a convertirse en puntos de control sobre el avance del mecanismo del Consejo de Comercio implementado sobre productos no sensibles.
Destaca que el acuerdo para prorrogar la tregua comercial, que expira el próximo 10 de noviembre, pocos días después de que se celebren las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, se haya tratado como cuestión prioritaria de la agenda. Sin una escalada de aranceles en este tiempo por parte de Washington, y con la flexibilización de los controles a las tierras raras por parte de China, ambas partes se permiten con la prórroga avanzar con menos presión sobre sus respectivas agendas estratégicas, principalmente en el ámbito de gobernanza de la IA. Una forma efectiva de ganar tiempo mientras consiguen reducir distancias respecto de las dependencias mutuas que todavía mantienen, y que son críticas para el futuro tecnológico y digital que se está desarrollando a gran velocidad.
La prórroga de dos meses, que finaliza en enero de 2027, se acuerda mucho antes de lo previsto por China, que esperaba poder alargar la tregua hasta finales del mandato de Trump. Con la tregua ya acordada, Washington y Pekín pueden centrarse en lo complejo y agitado que se presenta el calendario internacional en los próximos meses. Y así, la ampliación de la tregua, aunque sea por breve tiempo, ha pasado a convertirse en el gran acuerdo de este encuentro, mientras que el resto de las cuestiones comerciales requerirán mayor tiempo de negociación.
La IA seguirá acaparando titulares durante este periodo, ofreciendo visiones contrapuestas entre líderes políticos y representantes de la industria. Su desarrollo seguirá en auge, pero no será hasta las próximas citas internacionales cuando Trump y Xi den luz verde a formalizar el mecanismo de Diálogo sobre IA entre Estados Unidos y China. Ambas partes se han comprometido a lanzarlo en los próximos dos meses, demostrando así que es en estas citas internacionales cuando Washington y Pekín formalizan los acuerdos más relevantes.
El buen desarrollo del Consejo de Comercio sobre productos no sensibles y el lanzamiento del Diálogo sobre IA entre ambas potencias serán la mejor prueba de que, efectivamente, los acuerdos alcanzados durante la visita de Xi a Trump han sido “muy exitosos”. Sin duda, ambas partes pondrán empeño en que así suceda.
Tras dos años de una frenética actividad diplomática entre Washington y Pekín desde que Trump regresara a la Casa Blanca, la perspectiva de 2027 se presenta igualmente desbordante en lo que a intensidad geopolítica se refiere. Tendremos el resultado de las elecciones de medio mandato en EE UU, y se iniciará a finales de año el proceso de renovación de un posible cuarto mandato para Xi. Pero, sobre todo, la conversación la acaparará la IA, ya que es, con creces, el elemento en la relación bilateral que más atención despierta.