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Opinión

El acuerdo petrolero de Venezuela trae dificultades, no capital

La complejidad y el coste de extraer el crudo pesado del país restan atractivo económico a la operación

Manifestación de grupos chavistas y antiimperialistas protestaban el 30 de agosto en Caracas contra el acuerdo petrolero de Venezuela con EE UU.Mario Flores (Zuma Press / Europa Press)

Uno de los mayores acuerdos petroleros de la historia no tiene precisamente mucho arte. El presidente Donald Trump dijo el domingo que Estados Unidos asumiría el control de 65.000 millones de barriles de reservas venezolanas. Los detalles son escasos, pero hay suficientes para rebajar considerablemente las expectativas sobre su viabilidad política, jurídica y económica. A falta de alguna letra pequeña ingeniosa que convenza a los gigantes del sector para invertir 100.000 millones de dólares (86.000 millones de euros al cambio actual), probablemente haya muy poco detrás del audaz anuncio.

Venezuela tiene alrededor de 1 billón de barriles por extraer. Sin embargo, la mayoría están en la Faja Petrolífera del Orinoco, aún sin desarrollar. El crudo pesado, parecido al alquitrán, también es caro de producir y está lleno de impurezas. La producción actual apenas supera el millón de barriles diarios, lo que significa que muchos yacimientos partirían de cero, con un precio de equilibrio de 80 dólares (69 euros) por barril en algunos de los principales proyectos nuevos, según la consultora energética Wood Mackenzie. Difícilmente es una apuesta atractiva con los elevados precios actuales.

Harán falta grandes cantidades de capital para perforar en la selva, construir oleoductos, obtener hidrocarburos ligeros con los que reducir la viscosidad del petróleo y conseguir buques para transportarlo. Las refinerías estadounidenses del golfo de México ya operan aproximadamente al 95% de su capacidad. Y, pese a lo que sugiere Trump en las redes sociales, el crudo venezolano no puede servir para rellenar la Reserva Estratégica de Petróleo estadounidense, que está en su nivel más bajo desde 1982, porque actualmente las instalaciones no tienen capacidad para almacenar un petróleo tan pesado.

Además de capital y conocimientos técnicos, hará falta una mayor certidumbre durante muchos años. Está lejos de estar garantizada, pues Venezuela ya ha nacionalizado activos petroleros en el pasado. Como parte del acuerdo, Washington planea hacerse con una participación del 35% en una empresa dirigida por el empresario venezolano Alejandro Betancourt y asegurarse el derecho a adquirir a precio de coste el 20% de su producción, según The Wall Street Journal. El Pentágono estructuraría esta inversión mediante penny warrants, un cuestionable instrumento que será polémico en ambos países. Además, a Trump le quedan dos años de mandato y la presidenta de Venezuela, que no ha sido elegida en las urnas, ejerce el poder de forma interina.

Petroleras

Ante todas estas dudas y dificultades, cuesta ver por qué estarían interesadas las petroleras occidentales. Chevron ha permanecido en Venezuela y debería producir unos 280.000 barriles diarios este año. Además, ya se dispone a presentar un nuevo acuerdo, completamente independiente del anterior, para aumentar sustancialmente la producción.

Otras, entre ellas ExxonMobil, se han mostrado más frías con el país. En enero, su jefe, Darren Woods, lo calificó de “no invertible”. En otros lugares es más fácil y barato extraer petróleo. Un acuerdo vago, endeble e imperialista para obtener un crudo caro, de difícil acceso y baja calidad no da para presumir demasiado.

Los autores son columnistas de  Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de  Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de  CincoDías

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