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Opinión

Nvidia se acerca al peligro de una espiral de malas noticias

El fabricante de chips duplicó sus ingresos, pero apuntala esa demanda con garantías y compromisos que suman 197.000 millones de euros

El consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, en Tokio, Japón, el pasado 16 de julio.Manami Yamada (REUTERS)

El auge de la inteligencia artificial le ha sentado muy bien al jefe de Nvidia, Jensen Huang. Estos días, él intenta devolver el favor. Los productos del fabricante de chips, valorado en 4,3 billones de euros, siguen siendo el patrón oro para hacer funcionar los chatbots, con unos ingresos que más que se duplicaron respecto al año anterior, hasta 82.300 millones de euros en el trimestre cerrado el 26 de julio, según los resultados presentados el miércoles por la noche. Sin embargo, Nvidia respalda cada vez más esa demanda desbordante mediante garantías e ingeniería financiera barroca. Mientras el negocio acompañe, esas promesas parecen manejables. El riesgo es que las malas noticias se retroalimenten.

Por ahora, los buenos resultados siguen su curso. El flujo de caja libre subió un 59% respecto al año anterior, hasta 18.000 millones de euros, lo que da munición al compromiso de Huang de reservar al menos el 50% de la caja generada para recompras de acciones y dividendos.

Los inversores, en cambio, se mostraron algo reservados. Al cierre del mercado del miércoles, el valor de empresa de Nvidia equivalía a 43 veces su flujo de caja libre de los cuatro últimos trimestres. La cifra contrasta con la de rivales como Broadcom, en 53 veces, y AMD, en 96 veces, lo que implica un descuento notable.

De AMD, en particular, se espera un crecimiento rápido, y Wall Street calcula que casi triplicará su generación de caja el año que viene, según Visible Alpha. Aun así, el crecimiento previsto de Nvidia, a una escala muy superior, no resulta menos impresionante. Un problema que va asomando es que tanto los rivales asentados, como Broadcom, como los chips de diseño propio, caso del recién presentado “Jalapeno” de OpenAI, están llamados a quedarse con una porción creciente del pastel de la IA. Pero Huang también está sumando riesgos adicionales.

Nvidia acumulaba unos 60.000 millones de euros en inversiones directas en capital a 17 de agosto, entre ellas en laboratorios de inteligencia artificial como OpenAI y en operadores de nube como CoreWeave, que utilizan sus chips, según las estimaciones de los analistas de Bank of America. Al mismo tiempo, los compromisos para respaldar desde el valor de las garantías en operaciones de deuda complejas hasta los alquileres de centros de datos —como la promesa de hasta 90.000 millones de euros vinculada a un proyecto de OpenAI con SB Energy, participada por SoftBank— suman hasta 197.000 millones de euros.

Los analistas de BofA calcularon que, incluso en el peor de los escenarios, aquel en el que Nvidia se viera obligada a atender de golpe un buen puñado de garantías, eso solo se comería el 49% del flujo de caja libre de los dos próximos años. Cuesta imaginar, sin embargo, que los resultados de la compañía no se resintieran al mismo tiempo. Al fin y al cabo, muchos de esos compromisos afectan directamente a sus clientes o al valor de sus chips. Un aumento simultáneo de los pagos comprometidos y una caída de las ventas podrían amenazar los planes de Huang de devolver caja a los accionistas. Lo mismo vale para su capacidad de seguir firmando acuerdos que mantienen el ecosistema en marcha, con ondas expansivas por toda la industria. Como un modelo de IA fuera de control, las malas noticias tienden a desbocarse.

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