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Editorial
Opinión

Europa ante el espejo presupuestario

Berlín encabeza la revuelta de los frugales contra las cuentas de dos billones de euros que plantea Bruselas

El canciller alemán, Friedrich Merz, en una rueda de prensa en Berlín, el pasado jueves. HANNIBAL HANSCHKE (EFE)

Europa se prepara para una intensa batalla este otoño por los próximos Presupuestos plurianuales de la Unión. Las cuentas propuestas por la Comisión se elevan a dos billones de euros en el periodo 2028-2035. Pero algunas capitales no están de acuerdo, como han dejado ver en los últimos meses. Ayer esos críticos dieron un paso más. Liderados nada menos que por el canciller alemán, Friedrich Merz, se reunieron en Berlín y publicaron un comunicado en el que exigen rebajar en “varios miles de millones” el planteamiento de Bruselas.

Como toda pelea económica comunitaria, la que viene trae reminiscencias de la Gran Recesión y la receta de austeridad que entonces se impuso. Los seis países que respaldaron la acción de Merz (además de Alemania; Austria, Dinamarca, Finlandia, Países Bajos y Suecia) son los conocidos como grupo de los frugales. Partidarios del rigor fiscal máximo. Pueden parecer pocos sobre un total de Veintisiete, pero ellos solos se bastan para aportar cuatro de cada diez euros del Presupuesto europeo. Suficiente para obligar a escucharlos.

El gran bloque de amigos de la cohesión, en el que se engloba España, argumenta enfrente que la propuesta de elevar el Presupuesto a dos billones es necesaria. Al fin y al cabo, es la cantidad que las actuales cuentas, que expiran el año próximo, han alcanzado al sumar a los 1,2 billones con que se concibieron las aportaciones del plan de recuperación. Cualquier cosa por debajo de eso supondría rebajar las aspiraciones políticas de la Unión, argumentan.

Aunque extraoficialmente (se ha conocido mediante filtraciones de prensa), la aspiración de Berlín apunta precisamente a un punto intermedio entre los 1,2 y los 2 billones. Es un signo de que seguramente hay margen para cerrar la negociación en una cifra próxima a lo que quiere Bruselas. Pero eso no significa que las aportaciones de importantes economías del bloque no deban ser tenidas en cuenta. La propuesta de recorte incluye peticiones para reforzar la seguridad y defensa o la competitividad empresarial. También las políticas de migración y soberanía, con la legítima duda de si abrir ese melón supone espantar o dar alas a la extrema derecha.

Resulta innegable que Europa tiene debates importantes que abordar, y el próximo Presupuesto parece un momento propicio para ello. Corre además prisa. Todos están de acuerdo en que dilatar el debate hasta 2027, un año cargado de elecciones con el fantasma de una euroescéptica Marine Le Pen ganando en Francia, sería la peor de las opciones.

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