El sueño de Meta con la IA se tambalea
Zuckerberg quiso sustituir plantilla por código automático y ha terminado con la factura salarial disparada y los recortes en suspenso

Las revoluciones tecnológicas no salen baratas, ni en dinero ni en trabajadores afectados. Silicon Valley está construido sobre la idea de que, aun así, son inevitables. Poco sorprende, entonces, que gigantes tecnológicos como Meta Platforms encabecen una carrera de gasto para conjurar una inteligencia artificial cada vez más potente. Sin embargo, los intentos de su jefe, Mark Zuckerberg, de sacar partido a esa tecnología mediante despidos masivos y reorganizaciones han topado con tropiezos constantes y doloroso. Tiene sentido, porque las revoluciones también suelen ser un problema para quienes ya están instalados.
La inversión mundial en inteligencia artificial superará este año los 858.000 millones de euros, según los cálculos de Goldman Sachs. Se trata, en gran medida, de una apuesta por que los modelos sofisticados sean capaces de automatizar cada vez más trabajo. La programación debería ser la zona cero, porque la IA produce código mucho más rápido que los humanos. Como titán de la era de internet valorado en 1,2 billones de euros y uno de los mayores gastadores en centros de datos, Meta funciona como una prueba de concepto crucial.
Su plantilla, en efecto, se está reduciendo mientras sube el ingreso por empleado. Llevada más lejos, la tendencia podría recortar un presupuesto descomunal de retribución total, sanidad y otros beneficios incluidos, que alcanzó algo más de 25.700 millones de euros en el primer semestre del año.
Los centros de datos, sin embargo, no son gratis. La inversión en capital se ha comido el flujo de caja libre, antes prodigioso, de Meta, y se calcula que rozará los 146.000 millones de euros el año que viene, según datos de LSEG. A ese ritmo, el aumento de la depreciación y la amortización bien podría devorar cualquier ahorro en empleo.
Es más, la retribución total de los empleados de Meta está subiendo en realidad. Descontados los costes de indemnización, la compañía gastó casi un 30% más en el primer semestre de 2026 que en 2025. Los investigadores de IA no son baratos, y Zuckerberg ha pujado al alza por los salarios como el que más, algo de sobra conocido.
Según nuestras informaciones, los problemas van mucho, mucho más allá del dinero. Los cambios en el código se multiplican más rápido que las funciones que llegan a los usuarios, y la seguridad y la fiabilidad del trabajo automatizado parecen dudosas. Los planes para reorganizar a los trabajadores en pods y concentrarse en el escalón más alto del talento —lo que quizá justificaría esos sueldos enormes— parecen haber sembrado la confusión. El resentimiento creció por las reasignaciones de puesto y por la posibilidad de que los humanos estuvieran entrenando a sus propios sustitutos de IA. Al final, los planes de despidos y de reestructuración de equipos se recortaron drásticamente.
Rara vez está claro cuál es la mejor manera de usar una tecnología nueva. Las fábricas y las oficinas tardaron décadas en rediseñar de forma óptima el trabajo en torno a la electricidad y a los ordenadores, respectivamente. Remodelar de raíz una empresa gigante como Meta plantea problemas inherentes. El clásico de Clayton Christensen El dilema del innovador ya expone la cuestión. Los productos existentes, los empleados y las estructuras directivas levantadas a su alrededor están bien adaptados al statu quo, y tratar de cambiarlos ante un vuelco revolucionario del sector puede acabar haciéndolos saltar en pedazos. Moverse rápido y romper cosas funciona en las star-tups, que tienen poco que perder. Zuckerberg quizá no pueda permitirse esa mentalidad.