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Editorial
Opinión

El rebote del crudo despierta el fantasma del ‘shock’ inflacionista

Todavía hay mucho camino por recorrer para recuperar la normalidad geopolítica

Mujeres iraníes caminaban junto a un mural del difunto kíder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, en una calle de Teherán, el 15 de julio.ABEDIN TAHERKENAREH (EFE)

Cinco meses después del estallido del conflicto en Oriente Próximo sigue sin divisarse una solución que permita la vuelta a la normalidad para un estrecho por el que discurría hasta finales de febrero un 20% del combustible que precisa la economía mundial. Con un acuerdo de alto el fuego que ha saltado por los aires y sin perspectivas de una vuelta a la mesa de negociación, el temor a que la guerra se enquiste gana terreno. Un escenario que puede torcerse aún más si se llega a producir la entrada en escena de los hutíes, que han amenazado con aplicar un embargo marítimo a Arabia Saudí, país que hasta ahora había sorteado el cierre de Ormuz gracias a su red de oleoductos, evitando con ello los temidos problemas de desabastecimiento.

El ansia de paz bastó para dar un respiro al precio del petróleo, que se moderó con fuerza tras el acuerdo entre Washington y Teherán. Pero el enconamiento del conflicto ha devuelto al barril de Brent a los 95 dólares. Una señal de advertencia para los que se aventuraron a vaticinar que el crudo volvería a los 65 dólares a final de año y para aquellos que defendieron que el impacto en la inflación sería temporal. Ya hay quien avanza incluso, como los analistas de Goldman Sachs, que si las hostilidades de uno y otro lado persisten, el barril volverá a acercarse a los 120 dólares.

Si el respiro que había dado el precio del petróleo había bastado para suavizar los peores presagios de un nuevo shock inflacionista, su reciente escalada ha puesto sobre la mesa que todavía hay mucho camino por recorrer para recuperar la normalidad geopolítica y que el fantasma de la inflación sigue ahí fuera.

Los bancos centrales de Estados Unidos y la zona euro serán los encargados estos días de realizar un diagnóstico de la situación y las perspectivas económicas, aunque se descarta que apuesten por un encarecimiento del precio del dinero en sus reuniones de política monetaria. Para sus análisis dispondrán de los datos de inflación de junio, favorecidos por la moderación de los carburantes. Cuestión aparte es la nueva escalada del precio del gas natural, que supera ya los máximos de marzo, pero aún está muy lejos de los niveles vistos tras el estallido de la guerra en Ucrania. Europa se vio forzada entonces a reducir a las bravas su dependencia del gas ruso y diversificó sus proveedores. Pero en plena temporada de reaprovisionamiento de los Estados europeos, el cierre definitivo del gas ruso por la nueva oleada de sanciones a Rusia amenaza con complicar aún más la situación.

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