Ir al contenido
_
_
_
_
Editorial
Opinión

La excepción española en el ancho de vía, en el foco de Bruselas

La decisión de no invertir en la adaptación de la red convencional está tomada y se está trasladando a la Comisión Europea

Estación de tren de Toledo.Ismael Herrero (EFE)

España va a seguir cosida en el futuro por redes ferroviarias de distintas características, esencialmente la de ancho ibérico (1.668 milímetros) y la de ancho internacional (1.435 milímetros). Una rareza que se enfrenta a las políticas comunitarias, que tratan de armonizar la infraestructura entre fronteras, igualando sistemas de electrificación, seguridad y el estándar europeo de 1.435 milímetros entre carriles. Por ese ancho ruedan los trenes de alta velocidad en territorio nacional, pero no los de cercanías ni los de mercancías. La decisión de no invertir en la adaptación de la red convencional está tomada y se está trasladando a la Comisión Europea, así como a los países vecinos, con los que se mantendrá una complicada conectividad.

Transportes ha concluido que el país no puede permitirse una inversión que estima en 30.000 millones para levantar 13.000 kilómetros de vía en ancho ibérico y convertirlas en ancho internacional. Pero, sobre todo, va a argumentar que el sistema ferroviario no soportaría 30 años de obras en trazados sometidos a fuertes tensiones y que soportan tráficos esenciales de viajeros y carga. El análisis de Transportes ha contemplado el cambio en parte de la red convencional, lo que dejaría aislados 5.000 kilómetros de vía y dificultaría la operación de la infraestructura. También se ha sometido a examen la implantación de un tercer carril para lograr anchos mixtos, opción descartada por su complejidad, así como la reforma total. No se atisba rentabilidad aceptable ni en lo económico ni en lo social.

La evaluación de las distintas opciones ha sido obligatoria para cumplir con el Reglamento 2020/1679 de redes transeuropeas (TEN-T), de las que España cuenta con los corredores Mediterráneo y Atlántico, con más de una veintena de importantes líneas. La negativa a emprender reformas que mejoren la interoperabilidad doméstica y transfronteriza se mitiga con planes de inversión en las líneas de mercancías y con la esperada conexión de las redes de ancho europeo con Portugal y Francia.

El no del Gobierno a Bruselas busca no empeñar un tercio del presupuesto dedicado a inversión ferroviaria y evitar tres décadas de estrés en el mapa ferroviario. El ancho ibérico de mediados del siglo XIX se diferenció del europeo en busca de una supuesta capacidad para acoger locomotoras más grandes y dar mayor estabilidad a los trenes. También se utilizó el argumento de que España se defendía de una posible invasión extranjera. Más de 150 años después, esta excepción ibérica aparece como un lastre, eso sí, difícilmente abordable.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Buscar bolsas y mercados

_
_