A Europa le vendría bien reiniciar su programa de chips
Bruselas pretende que los gobiernos compren semiconductores a empresas emergentes locales

Los microchips son los pequeños habilitadores del crecimiento económico moderno –y solo una pequeña fracción de ellos se fabrica en Europa. La legislación presentada en 2022 proponía que el bloque duplicara su cuota de producción mundial de chips hasta el 20% para 2030. No está funcionando, lo que justifica un cambio de enfoque.
Según Reuters, que cita un borrador de la denominada Ley de Chips 2.0 de la UE, el bloque quiere impulsar la demanda interna de chips fabricados en Europa, en parte consiguiendo que los gobiernos los compren a empresas emergentes locales. La responsable tecnológica del bloque, Henna Virkkunen, expondrá mañana miércoles los planes más generales, que complementan la Ley de Chips original de hace tres años.
Centrarse en impulsar la demanda local de silicio de última generación supone reconocer en la práctica el fallo fundamental del enfoque anterior. El sueño era conseguir que fabricantes de chips como Intel o TSMC construyeran instalaciones de producción –o fabs– en Europa, con la ayuda de subvenciones. Sin embargo, este enfoque por el lado de la oferta fracasó, en buena medida porque no daba una respuesta clara a la pregunta de quién en Europa compraría los semiconductores de última generación.
Intel canceló la construcción prevista de dos megafabs en Alemania el pasado mes de julio. Fue en gran medida una decisión financiera, pero también reflejó la falta de compromisos por parte de los clientes europeos. Las fábricas de última generación necesitan diseñadores de chips locales de vanguardia que las utilicen, y Europa carece de ellos. El uso de dinero público podría dar un impulso a las jóvenes empresas emergentes de chips punteros, aunque quizá no cambie las reglas del juego.
Junto a esto, tendría sentido simplificar y centralizar la forma en que Europa distribuye las subvenciones. La comparación con Estados Unidos es llamativa. La Ley Chips y Ciencia del país norteamericano de 2022 movilizó 39.000 millones de dólares (34.000 millones de euros al cambio actual) en financiación federal para ayudas y préstamos a futuros promotores de fabs, y les ofreció un crédito fiscal federal a la inversión del 25%. Los estados individuales podían aportar también su parte.
Aunque la Ley de Chips de la UE prometió movilizar 43.000 millones de euros para apoyar a los semiconductores, no procedían de una única fuente. Parte de la financiación se redirigió desde otros programas europeos, mientras que se esperaba que los Estados miembros aportaran cuantiosas subvenciones. La Comisión evaluaría entonces las propuestas. Agilizar el proceso sería difícil dadas las limitaciones políticas de Bruselas, pero ahora es un buen momento para intentarlo.
La pregunta más importante es si los políticos europeos pueden hacer algo de manera realista para conseguir fábricas de última generación en el continente. Bruselas tiene un historial deficiente en el fomento de la innovación empresarial.
Si eso sigue siendo así, Europa tiene otras formas de mantener su relevancia en la carrera de la inteligencia artificial. La empresa más valiosa del bloque, ASML fabrica máquinas esenciales para producir prácticamente todos los semiconductores avanzados del mundo. Besi y ASM International, también neerlandesas, fabrican equipos cruciales para el ensamblaje y la fabricación de chips. Infineon Technologies, alemana, produce semiconductores de potencia que pueden controlar y gestionar la electricidad en los centros de datos, mientras que la francesa Soitec fabrica los materiales base sobre los que se construyen los chips.
En otras palabras, Europa cuenta con algunos actores clave y discretos del sector de los chips, aunque carezca de una fábrica propia de última generación. Eso debería mitigar la preocupación si la última versión de la Ley de Chips de la UE resulta tan ineficaz como la anterior.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías