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Editorial
Opinión

La derecha moderada puede frenar el ascenso ultra

Juanma Moreno representa al Partido Popular más centrista y dispuesto a desmarcarse de Vox

Juanma Moreno, presidente de Andalucía en funciones, este lunes en Madrid.Javier Lizon (EFE)

El candidato popular Juanma Moreno ganó con mucha holgura las elecciones autonómicas andaluzas celebradas en domingo, pero en el partido la celebración fue agridulce, porque no logró su objetivo de repetir la mayoría absoluta, para la que le faltan dos escaños. En todo caso es mérito de Moreno haber construido una sólida mayoría en una región considerada durante décadas un feudo del PSOE. El presidente andaluz había centrado su campaña en evitar “el lío”, esto es, en librarse de las exigencias de Vox, vistas las experiencias recientes en Extremadura, Aragón y Castilla-La Mancha, donde el PP tuvo que asumir una idea tan inquietante como discriminatoria: la “prioridad nacional”. A favor de Moreno juega un reparto de fuerzas desigual: el PP tendrá 53 asientos en el Parlamento por solo 15 de la ultraderecha, que apenas gana un escaño. Esto confirma lo que ya se observó en Castilla y León: que el ascenso de la ultraderecha no es imparable, sino que se ha frenado en seco. Queda la incógnita, eso sí, de si Vox se conformará con un papel menor, incluso sin entrar en el Ejecutivo regional, o si redoblará el pulso.

Moreno representa al PP más centrista y dispuesto a desmarcarse de Vox, en contraste con quienes, como Isabel Díaz Ayuso en Madrid, compiten con la extrema derecha aproximándose a sus posiciones y entrando de lleno en las guerras culturales, alguna tan anacrónica como reivindicar la conquista de América. Fuera de Madrid, generalmente han funcionado mejor al PP los candidatos más sosegados, los que amplían su base electoral hacia el centro y no solo hacia la derecha radicalizada.

Mención aparte merece el resultado de la lista socialista que encabeza María Jesús Montero, por debajo del peor resultado histórico del partido, obtenido hace cuatro años por Juan Espadas. La estrategia de Pedro Sánchez de enviar a algunos de sus ministros como cabezas de lista a las autonómicas ya se estrelló en Aragón, con Pilar Alegría, y ahora vuelve a fracasar con nada menos que su vicepresidenta primera. No se ha escuchado autocrítica en Ferraz: sería un error mayúsculo celebrar como un éxito que Moreno pierda la mayoría absoluta. Además, quien la ha frustrado no ha sido el PSOE, sino el inesperado auge de Adelante Andalucía, unas izquierdas bien pegadas a su territorio.

Es una buena noticia para los valores democráticos que la ultraderecha detenga su escalada. También lo sería que el centro-derecha se negara a asumir sus postulados más extremos. ¿Será firme Moreno? Es pronto para responder a esa pregunta.

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