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La Lupa
Opinión

La contabilidad de las petroleras y el impuesto especial de Cuerpo

La subida del precio del crudo revaloriza los inventarios de Repsol y Moeve, una ganancia que es mero apunte contable

Gasolinera de Repsol en Hospitalet de Llobregat, Barcelona.Albert Garcia

El conflicto en Oriente Próximo ha desatado el precio del petróleo, como ya pasó con la invasión de Ucrania, y, aunque tenemos un vicepresidente primero y ministro de Economía diferente (Carlos Cuerpo ha sustituido a Nadia Calviño), vuelven las mismas recetas ideológicas: un impuesto especial a las energéticas. De los bancos aún no han dicho nada, porque sigue vigente una tasa especial y el BCE ha aplazado la subida de los tipos de interés hasta junio, en espera de que antes acabe la guerra y comience la retirada de la marea inflacionista.

Estos impuestos sacaron a la luz en 2022 la versión más populista de Pedro Sánchez, cuya habilidad en el marketing político está fuera de cuestión. La argumentación económica para imponerlos es muy endeble: se sustenta en la generación de beneficios extraordinarios como consecuencia de la subida del precio del petróleo y de los tipos de interés, sin reparar en otras consecuencias que tiene el encarecimiento del precio del crudo y del dinero en las propias compañías. Esta misma semana, el presidente de CaixaBank, el banco más grande en España, anunciaba que la demanda de crédito se está ralentizando por la guerra en Irán. Si el Gobierno no se lo cree, que pregunte al representante que tiene en el consejo de la entidad.

En los últimos días han presentado resultados del primer trimestre las dos petroleras españolas: Repsol y Moeve. Ambas han comunicado un crecimiento importante de sus beneficios, que puede ser mayor en el segundo trimestre como consecuencia del aumento del precio del barril de petróleo. Esta evolución se debe a un aumento que tiene un componente cosmético enorme: es pura contabilidad, no es que esté entrando dinero a paladas en su caja.

La normativa contable establece que las petroleras actualicen el precio de sus existencias en las cuentas trimestrales. Calculan el precio medio de su inventario y tienen que apuntar la pérdida o ganancia de valor, aunque no hayan vendido el producto y, por tanto, no hayan ingresado nada. La subida de los precios durante el primer trimestre, básicamente marzo, provocó una ganancia extraordinaria de 593 millones en Repsol y de unos 114 millones en Moeve. Hace un año, este mismo movimiento de precios del crudo les supuso apuntarse unas pérdidas de 189 y 46 millones, respectivamente. Por tanto, la partida del valor patrimonial de los inventarios es un tobogán en momentos de inestabilidad del precio de esta materia prima, como pasa ahora.

Construir un impuesto especial sobre la premisa de unos beneficios aparentes generados por la volatilidad del precio del petróleo tiene un punto de temeridad. Más aún cuando el propio impuesto de sociedades es un porcentaje sobre la ganancia, de manera que a mayor beneficio, mayor recaudación. Esta amenaza lleva a que las compañías ya no sepan qué hacer para esconder el beneficio, no vaya a ser que el Gobierno las utilice de pim‑pam‑pum.

De hecho, Repsol ha aprovechado estos beneficios contables para realizar unas provisiones igualmente contables: ninguna de las dos tiene efecto en la caja ni en la capacidad de generación de resultados. Así, la compañía ha hecho una provisión de 361 millones por deterioro de su negocio en la actividad de industria química; ha realizado una provisión genérica de 140 millones, cuyo destino no especifica y que suena a hucha para los próximos trimestres, y ha destinado otros 30 millones a cubrir las pérdidas registradas en las ventas de los activos que le quedaban en Colombia e Indonesia.

Si uno se fija en el resultado neto de Repsol, la cotizada de las dos, y que da una amplia información, se encuentra con que en el primer trimestre ganó 929 millones de euros, con un aumento del 154%. Pero esta línea está tan afectada por efectos extraordinarios que no la siguen ni los analistas ni los inversores, ya que no da idea de la evolución real del negocio en actividades como el petróleo y gas, donde la evolución del precio de los inventarios es muy relevante.

Por eso, los expertos siguen la evolución del ebitda ajustado CCS, un acrónimo para iniciados del sector, que muestra el resultado de explotación sin el coste de los intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones (hasta aquí es la definición de ebitda) y elimina el efecto de la valoración de las existencias (CCS). Pues bien, este ratio, que refleja la evolución real de la compañía, creció en el primer trimestre un 19% en Repsol y un 34% en Moeve, nada que ver con la duplicación de las ganancias que muestra el resultado contable.

El temor de las compañías ante la posible utilización por parte del Gobierno de ese crecimiento de las ganancias ha provocado que las comunicaciones de las petroleras pasen de puntillas por los resultados y presuman de sus inversiones y de su aportación a la sociedad, como si esto no se conociera o no se valorara suficientemente. Por eso, insisten en las inversiones (en el trimestre, Repsol hizo inversiones netas de 780 millones y Moeve de 272 millones; esta añade el dato de 2.085 millones en cinco años) y recuerdan que garantizan la seguridad del suministro y dan cuenta de los descuentos que han hecho a los clientes.

Gracias a las inversiones que han realizado estas compañías durante décadas, a la capacidad de refino que tienen en España y a que la materia prima procede de mercados que nada tienen que ver con la zona de conflicto, el país no está teniendo ninguna tensión de suministro, aunque obviamente le impactan los precios internacionales. Repsol tiene cinco refinerías en España (A Coruña, Bilbao, Tarragona, Puertollano y Cartagena) y Moeve tres (Canarias, Huelva y Cádiz). Repsol, que cuenta con una importante actividad de extracción de petróleo, de la que carece Moeve, aprovecha su información para recordar que desde 2009 en Europa se han cerrado 35 refinerías, que equivalían al 20% de la capacidad de refino, “mientras se intensifica la competencia global”, añade.

El miércoles, Carlos Cuerpo, el mismo que promueve el impuesto a las energéticas, salía diciendo que España tiene garantizado el suministro de queroseno para la campaña de turismo y que incluso va a ceder parte de las reservas a otros países para que los turistas extranjeros vuelen a España. ¿Quién garantiza esas reservas de combustible? No es el Gobierno; son las empresas. Por eso sería más útil que el Ejecutivo estuviera vigilante sobre los planes de inversión de estas empresas, que son claves para cualquier economía, pero mucho más para la española, que tiene una enorme dependencia de la movilidad como consecuencia del fuerte peso del sector servicios. Para que puedan invertir, tienen que ser rentables: es la manera de que los inversores metan capital y los bancos les presten. Lo demás son narrativas de papeleta de mirada corta.

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