Europa debe mostrar firmeza en materia comercial
El ejemplo de Groenlandia debería servir para darse cuenta de que con Trump funciona mejor la determinación que insistir en un diálogo desigual


Europa y Estados Unidos vuelven a reunirse este martes para tratar de evitar un choque comercial difícil de soslayar. El comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, se verá con el representante especial de Donald Trump para esta materia, Jamieson Greer, después de que el presidente estadounidense amenazara con un nuevo golpe a la UE: la imposición de aranceles del 25% a los coches europeos. El mensaje oficial europeo sigue siendo una llamada a encontrar vías de diálogo, pero la actitud estadounidense no abona esa tesis.
Poco después de que se anunciara este lunes la reunión, el representante estadounidense aseguró que Trump pretende, en cualquier caso, materializar esa amenaza de gravámenes extra sobre los coches europeos. Poco importa que la UE niegue, como defiende EE UU, haber incumplido el acuerdo comercial firmado –sin posibilidad de réplica europea– el verano pasado en Escocia. Trump insiste en una escenificación con la que pretende ganar fuerza en un momento en que su imagen se deteriora por el conflicto con Irán.
Desde un principio, Europa ha optado por una actitud más o menos conciliadora al abordar la negociación comercial con Estados Unidos. La expectativa europea es que, al tratar de contener el enfado del socio estadounidense, el diálogo arroje un mejor resultado para todos. Pero las señales que emite EE UU no apuntan en esa dirección. La UE es cada vez más consciente de que las arremetidas comerciales de Trump pueden desencadenarse en cualquier momento, sin necesidad de que haya hechos objetivos que las respalden. Y por eso cada vez más voces dentro del bloque instan a adoptar una actitud más agresiva. La herramienta más inmediata es poder usar el llamado instrumento anticoerción, una serie de represalias económicas –entre ellas, el bloqueo de inversiones– destinadas a compensar el daño económico que le supone a la UE la guerra comercial emprendida por el país que hasta hace poco era su gran socio.
El ejemplo de Groenlandia debería servir a la UE para darse cuenta de que con Trump la firmeza funciona mejor que insistir en un diálogo desigual. Cuando el mandatario estadounidense elevó al máximo nivel la amenaza de anexionarse este territorio autónomo del Reino de Dinamarca, los mandatarios europeos, liderados por el presidente francés, Emmanuel Macron, plantaron cara y amagaron con usar por primera vez ese instrumento anticoerción. Pocos días después, Trump aseguró que no usaría la fuerza en Groenlandia y desde entonces –finales de enero– el asunto ha quedado congelado. Toda una lección para crisis venideras.