Empresas europeas y americanas se casan pese al divorcio de Trump
No arrancan las fusiones en Europa y llegan las uniones transatlánticas Estée Lauder-Puig y Deutsche Telekom-TMobile

El año ha comenzado con un tipo de operación que no se intuía y de las que hay pocos precedentes. No hace un mes que se anunciaron las negociaciones que deberían llevar a la integración de la empresa catalana de cosmética y perfumes Puig con la norteamericana Estée Lauder y ya se ha dado a conocer la fusión de la teleco alemana Deutsche Telekom y la estadounidense T-Mobile. Es curioso que estos movimientos empresariales se produzcan en un contexto en el que Donald Trump se quiere divorciar de Europa, planteamiento que podría llevar hasta a la OTAN.
Las dos operaciones empresariales tienen en común que se plantean como una fusión entre grandes empresas del mismo sector y en dos regiones (Estados Unidos y Europa), de manera que las sinergias por ahorro de costes no son las tradicionales de cierre de centros de producción y venta. Además, se trata de empresas que cotizan en sus mercados de origen, Bolsa de Nueva York y mercados europeos, y proyectan que la nueva sociedad continúe cotizando en sendos mercados. Son operaciones de fusión, no de compra pura y dura, como es el caso de la adquisición de Webster Bank por Banco Santander anunciada hace dos meses.
Si se revisan los informes de perspectivas para 2026 elaborados por los bancos de inversión, no se encontrará este tipo de integraciones entre las más previsibles. Es más, lo que se promovía y aún se espera es la fusión entre grandes compañías europeas, con el fin de ganar tamaño y capacidad de competencia con sus colegas de Estados Unidos y China. Así se proponía extensa e intensamente en los informes estratégicos elaborados por Mario Draghi y Enrico Letta, encargados por la Comisión Europea y el Consejo Europeo, respectivamente.
Las dos operaciones que hay encima de la mesa obedecen a casuísticas diferentes. La primera implica a empresas de cosmética y perfumería, un sector que no se considera estratégico, y ambas están controladas por las familias fundadoras, Lauder y Puig, que siguen dando nombre a las sociedades. En cambio, la otra transacción se da en un sector tan estratégico que los gobiernos están retornando al capital de las compañías de telecomunicaciones, como se ha visto en Italia y España.
La alemana Deutsche Telekom ya tiene una participación del 53% en T-Mobile US, que es el tercer operador de telefonía móvil de Estados Unidos, por detrás de AT&T y Verizon. Para integrar las dos empresas, crearían una sociedad holding que sería la propietaria de la compañía en Norteamérica y en Europa. A los accionistas de estas empresas les canjearían sus títulos por acciones de la nueva. El resultado sería que el Estado alemán seguiría siendo el principal accionista, puesto que tiene cerca del 30% de Deutsche Telekom, sociedad que, a su vez, posee la mayoría de T-Mobile US.
Por tanto, la operación tiene mucha miga política, puesto que es un paso definitivo para crear la mayor empresa de telecomunicaciones del mundo, con el Gobierno germano como principal accionista. Todo esto sucede con un presidente en la Casa Blanca cuyo eslogan principal es America First. Este lema cuajó especialmente en el período entre las dos guerras mundiales, en las que Estados Unidos combatió contra Alemania, y fue concebido por los que propugnaban una Norteamérica neutral, ajena a los conflictos en Europa. Donald Trump lo ha recuperado como imagen de un Estados Unidos imperialista (Venezuela, Cuba, Irak…), nada neutral, que desprecia a Europa.
La incursión de Deutsche Telekom en Estados Unidos se produjo en 2001, al comienzo del primer mandato de George W. Bush, con la adquisición de las compañías americanas VoiceStream y Powertel por 50.700 millones de dólares. En 2011 llegaron a un acuerdo con AT&T, que iba a pagar 39.000 millones de dólares, lo que implicaba asumir importantes pérdidas. AT&T retiró la oferta por las trabas que ponían las autoridades de competencia y tuvo que compensar a los alemanes con 4.000 millones de dólares. Dos años después integró una compañía más pequeña, MetroPCS, y sale a Bolsa. En 2020 se fusionó con su competidor Sprint y empieza a dispararse su valor.
Los alemanes estuvieron lamentando esta operación durante más de una década y ha resultado ser su tabla de salvación. Deutsche Telekom ha conseguido mantenerse al margen del desplome bursátil de sus colegas de los viejos monopolios europeos gracias, precisamente, a la operación de Estados Unidos. En los últimos diez años, la compañía alemana se ha revalorizado casi un 150%, frente a una caída del 6% de Telefónica. Hoy T-Mobile US vale en Bolsa algo más de 210.000 millones de dólares, unos 180.000 millones de euros, de manera que su capitalización supera a la matriz alemana, que vale 132.000 millones de euros. Por tanto, el mercado estaría valorando la participación de la compañía alemana en alrededor de 100.000 millones, teniendo en cuenta que su 53% conlleva el control de la sociedad, y los demás negocios en Alemania y Europa del Este valdrían los restantes 32.000 millones.
Este movimiento de la teleco alemana se produce en un contexto en el que la Comisión Europea ha anunciado que va a flexibilizar la legislación para favorecer las fusiones entre compañías de diferentes países. Es una medida que ha solicitado el sector, con especial insistencia de Telefónica desde que cambió de presidente. Marc Murtra se ha deshecho de las inversiones en Hispanoamérica, para centrarse en Europa (España, Alemania y Reino Unido) y Brasil. El mismo plan de Álvarez-Pallete, del que procrastinaba por miedo a las pérdidas de las ventas. Al tiempo, Italia acaba de dar un paso adelante para nacionalizar Telecom Italia integrándola en Poste Italiana.
Queda claro que las telecos europeas no paran de dar pasos, pero de momento no van precisamente en la dirección que parece propugnar Bruselas, que defiende la integración entre compañías europeas. Da la sensación de que estas empresas, que tienen a los estados en el accionariado, están haciendo una ronda de operaciones antes de presentar su candidatura al baile de parejas europeas.
Si la integración de Deutsche Telekom y T-Mobile US sale adelante, Alemania sería la que presenta el mejor cartel con una compañía presente en las dos mayores economías de Europa y América y con una holding cotizando en los dos continentes a la que se pueden añadir otras compañías. En realidad, es el mismo esquema de IAG, una sociedad holding que cotiza en Londres y Madrid y con compañías aéreas de bandera en diferentes mercados. El problema es que la capitalización de Telefónica no llega ni al 10% de la nueva sociedad.