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Editorial
Opinión

Vía libre a Indra y Escribano en los programas de defensa

La decisión de la justicia no deja de proporcionar un balón de oxígeno al esfuerzo de los políticos por hacer un gran conglomerado nacional de la defensa

El consejero delegado de Indra, José Vicente de los Mozos, en febrero.

Nuevo varapalo a Santa Bárbara, firma de defensa propiedad de la estadounidense General Dynamics, en su lucha por acceder a los fondos públicos liberados por el Gobierno para acelerar en la estrategia de modernización militar. El Tribunal Supremo rechazó este lunes la medida cautelar que Santa Bárbara había solicitado en la batalla judicial que emprendió contra Indra y Escribano Mechanical & Engineering (EM&E). Se opone así a suspender las ayudas públicas de 3.002 millones de euros que el Ejecutivo concedió a esta unión temporal de empresas (UTE). La semana pasada, Defensa ya rechazó un recurso de alzada contra la asignación de dos contratos por importe de 7.240 millones, lo que obligará a Santa Bárbara a acudir a la Audiencia Nacional.

La decisión del alto tribunal, como la administrativa del departamento que dirige Margarita Robles, allana el camino para Indra y Escribano en un momento especialmente delicado para las compañías. Pone por delante el tribunal los “perjuicios importantes” que supondría para el interés general la paralización de los proyectos, al tiempo que no atisba ningún daño económico irreparable para Santa Bárbara por la ejecución de las ayudas públicas, en tanto se trata de uno de los grupos “líderes mundiales en la fabricación y diseño en el sector de la defensa”.

Más allá de la necesidad de limitar en lo posible la utilización de los procedimientos negociados sin publicidad ni concurrencia a la hora de asignar los programas –al final, una de las quejas más llamativas de la compañía estadounidense–, y de dotar de la mayor transparencia posible a los concursos, la realidad es que la obligación de disparar el gasto militar no espera a ningún país, por lo que la decisión de la justicia no deja de proporcionar un balón de oxígeno a los esfuerzos para hacer de Indra el gran conglomerado nacional de la defensa, que no solo sirva como empresa tractor para el resto de firmas, sino como uno de los pilares de la autonomía estratégica europea.

Es hora de resetear y de mostrar mayor altura de miras. El fiasco inicial en la integración de Escribano en ese proyecto de campeón nacional no oculta el sentido estratégico que siempre tuvo la transacción, que no solo debe despojarse de personalismos, sino diseñarse en su estructura financiera de forma profesional. Todos los vectores que coadyuven en esa dirección deben ser bienvenidos. Sin perjuicio de preservar la seguridad jurídica y todas las garantías regulatorias.

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