El monocultivo no es lo ideal para la Bolsa española
Ante la dependencia del Ibex de la banca, es buen momento para resaltar la conveniencia de un mercado profundo


La diversificación no solo es el primer capítulo de cualquier manual de inversión, también es una de las lecciones de sentido común más básicas. Tiene más que ver con la sensatez del comerciante que con los teoremas de las altas finanzas repletos de letras griegas. Mucho se ha escrito sobre la sobreexposición de la Bolsa de Estados Unidos a las tecnológicas, principalmente a las siete grandes. Pero el mercado español dibuja un panorama de concentración similar, en su caso de los bancos, cuyo peso ya supera el 40% del Ibex 35. Con todos los matices necesarios, que son muchos y muy relevantes, en ambos casos el inversor que se limita a seguir el índice ha obtenido rendimientos muy difíciles de superar, pero está, a la vez, expuesto a un cambio de sentimiento sectorial repentino. También en los dos casos esta situación es fruto del propio comportamiento de los mercados: como los índices dependen del valor de mercado de los valores, sobrerrepresentan a los que han subido más.
Para Wall Street el problema es relativo: es verdad que los índices (y por tanto el ánimo) dependen mucho de un sector concreto, pero la profundidad del mercado es tal que hay capacidad inversora para todos. En el caso de España, el exceso de representación en el Ibex configura un índice poco diversificado, lo que erosiona su capacidad como referencia y, en último extremo, hace un flaco favor a los miembros de otros sectores de menor tamaño.
Tampoco es un problema nuevo. El Ibex ha estado dominado de forma cíclica por bancos, empresas eléctricas y empresas de telecomunicaciones (es decir, Telefónica y sus filiales), todos ellos sectores con sus casuísticas particulares, pero con un notable componente de regulación en sus líneas de negocio.
Cierto es que en el mundo financiero las referencias no son las fronteras políticas, sino las fronteras monetarias, y para un inversor el área de inversión es el euro. Pero la profundidad del mercado de valores español sigue sin estar a la altura del peso de la cuarta economía de la eurozona. La revitalización del mercado de valores nacional ha encontrado un pequeño hueco en la agenda de los ministerios y, sobre todo, de los despachos de Bruselas. Es buen momento para resaltar la conveniencia de un mercado profundo, pues, a la vez que da al inversor opciones de diversificación, ofrece mejores posibilidades de financiación a la economía real.