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Editorial
Opinión

El Santander aprovecha el viento de cola para buscar crecimiento

En el balance de riesgos, el banco ha preferido la audacia al exceso de prudencia

Desde que la etapa de tipos al 0% concluyó, los resultados de la banca española generan vértigo en las cabezas mejor amuebladas. Las condiciones monetarias favorables se han combinado con un entorno macroeconómico también positivo (sobre todo en España) y a un nivel de competencia que no es el de otras épocas. El Banco Santander ganó el año pasado más que todas las grandes entidades del Ibex en 2019, el año previo a la pandemia. Las cifras, y las buenas expectativas (el sector ha logrado capear las bajadas de unos tipos de interés que han tocado suelo) han provocado una subida en Bolsa aun más vertiginosa, mientras la afluencia de beneficios ha disparado las reservas.

La gestión de estos vientos de cola es el dilema que querrían los directivos de cualquier empresa, por más que de cara al público el sector bancario tenga cierta tendencia a convertirse en un pozo de lamentaciones. El Banco Santander ha aprovechado el entorno para una reconfiguración de los mercados en los que opera. Ha reforzado su presencia en banca comercial en dos áreas clave, Estados Unidos y Reino Unido, tras vender la red en Polonia. El desembolso derivado de la operación merma unas reservas que, en todo caso, están más que nutridas gracias a unos récords en beneficio.

En el plano del sentido estratégico, la entidad apuesta por tener más peso a pie de calle en un puñado de mercados clave. Una apuesta inversora que implica poner a trabajar las reservas acumuladas y aprovechar el tirón en Bolsa. Numerosas entidades de la zona euro han optado por distribuir beneficios y, sobre todo, recomprar acciones a gran escala; el Santander, sin modificar su política, sí envía un mensaje de crecimiento al mercado, explicitado por Ana Botín.

Hay una segunda lectura en clave de oportunidad. Dada una coyuntura muy favorable y este planteamiento estratégico, el banco ha sido rápido para ejecutar tres movimientos pactados en apenas ocho meses y consumar el giro estratégico. Una eficacia que en todo caso no es garantía de éxito. Los designios del mercado y de las finanzas son muchas veces inescrutables, por no hablar de la situación geopolítica. Es una incógnita si las decisiones de hoy del Santander se verán, en tres o cinco años, como un acierto o como un error. Toda fusión entraña peligros, y la experiencia de las entidades europeas en banca comercial en EE UU no es muy halagüeña. Pero, en el balance de riesgos, el Santander ha preferido la audacia al exceso de prudencia.

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