Las claves: el plan arancelario de EE UU tiene sentido, pero es el chocolate del loro
El endeudamiento del país es un reto ingente


En lo relativo a los acuerdos comerciales con la Casa Blanca, hay que mirar concienzudamente la letra pequeña. La UE y EE UU pusieron ayer por escrito el acuerdo verbal de Trump y Von der Leyen, y el punto clave es que la rebaja de las tarifas a los automóviles europeos, del 27,5% al 15%, no se ejecutará hasta que Bruselas presente formalmente el proceso legislativo para abrir las puertas a diversos productos estadounidenses, incluidos los vehículos.
Ya empieza a haber datos que reflejan una subida de los precios en el país norteamericano, como señaló ayer el minorista Walmart, y que la Administración Trump admite, aunque sea a regañadientes. Presumiblemente, la inflación acabará filtrándose al resto del mundo. Los aranceles son un impuesto que aspira a que parte del dinero de los estadounidenses y de los que no lo son se quede en el país, en concreto en el erario, para ir pagando su ingente deuda pública. De paso, una rebaja de los tipos por parte de la Fed reduciría la carga de intereses de dicha deuda. Tiene sentido, aunque el apalancamiento es tan grande que el impacto puede ser el del chocolate del loro.
La España de la vivienda se mueve a dos velocidades: los compradores tienen más prisa
Quienes marcan básicamente el precio de la vivienda en España son históricamente (salvo durante la gran crisis de 2008) los vendedores, que tienen menos prisa por desprenderse de sus casas que los compradores por adquirirlas. De ahí que, ahora que ha bajado el coste de la financiación, los precios crezcan más rápido, ajustándose al cuello de botella de la capacidad adquisitiva de los que pujan.
Esa división crucial entre propietarios y no propietarios se refleja en que el ahorro va cayendo cada vez más del lado de los primeros. La España de la vivienda funciona a dos velocidades.
El mercado de las criptos tiene pocas barreras de entrada
La mayor ventaja del mercado de criptos, que está muy abierto a la innovación y a la creación de nuevas monedas, es también el principal inconveniente para los actores que van destacando. Es lo que empieza a ocurrir con Coinbase, la casa de cambio más conocida, que ve cómo nuevas compañías con comisiones más baratas y funcionalidades más variadas empiezan a atraer a los usuarios. Lo mismo puede pasar con las stablecoins, que no tienen el privilegio de sobresalir, como el bitcoin sobre las demás criptos genéricas. Y ahí es donde pueden entrar las entidades tradicionales. Como suele ocurrir, cuando un mercado alternativo empieza a institucionalizarse, gana en credibilidad y solvencia, pero también se va haciendo más clásico.
La frase del día
Es muy difícil ganar una guerra sin atacar el país invasor. Es como un gran equipo deportivo que tiene una defensa fantástica, pero no se le permite jugar al ataque. Lo mismo ocurre con Ucrania y Rusia. Biden no dejó que Ucrania contratacara, solo defenderse. ¡Se avecinan tiempos interesantes!Donald Trump, presidente de EE UU
El gasto energético de la IA, otro obstáculo en la carrera por rentabilizarla
El enorme gasto energético de la inteligencia artificial ayuda a comprender la monstruosa eficiencia del cerebro humano, por fallos que tenga. El problema de esa necesidad, más allá del impacto ambiental, es que dificulta rentabilizar el negocio para las empresas. X, por ejemplo, pretende introducir publicidad en las respuestas de Grok, su IA: desde luego, ayudará a los usuarios a recordar que están tratando con una máquina corporativa, y no con un colega, como a veces puede suponerse por el trato personalizado de esta tecnología. Otra fórmula son las suscripciones, pero muchas van a hacer falta para que OpenAI llegue a números negros. Mientras, el mercado duda solo de vez en cuando sobre las enormes posibilidades de esta especie de Roombas venidas a más.