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A fondo
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

¿Y si las baterías eléctricas reventaran el modelo actual de la industria automovilística?

La prolongación de la vida útil de los acumuladores hará que las marcas se concentren en reequipar los coches en lugar de fabricar tantos modelos nuevos

Batería Coches Eléctricos Lotte

El pasado 14 de junio los eurodiputados aprobaron un acuerdo preliminar para revisar las normas de la UE sobre baterías utilizadas en vehículos eléctricos, vehículos eléctricos de dos ruedas y dispositivos de movilidad como bicicletas y patinetes. Este texto proporcionará un mejor marco para el diseño, la producción, el etiquetado y el reciclaje de las baterías. Una de las medidas clave se refiere a la integración -a partir de 2027- de las baterías consideradas demasiado contaminantes. Para esa fecha, el 50% del litio contenido en las pilas deberá recuperarse de las pilas usadas, porcentaje que aumentará hasta el 80% en 2031. Para el cobalto, el cobre, el plomo y el níquel, los umbrales se han fijado en el 90% para 2027 y el 95% para 2031. Antes de su publicación en el diario oficial de la UE y, por tanto, de su entrada en vigor, esta normativa aún debe ser adoptada por el Consejo de Europa.

En este marco de autonomía, reciclaje, coste, impacto del carbono… las ventas de coches eléctricos están aumentando considerablemente (+25% en el primer trimestre de 2023 en todo el mundo en comparación con el año pasado), aunque habitualmente siguen siendo objeto de críticas feroces. Algunas de ellas, claramente injustificadas. Por ejemplo, la cuestión de la vida útil de las baterías de litio de estos vehículos. Contrariamente a la creencia popular, compartida por algunos ciudadanos, su vida útil en buen estado -por ejemplo, al 80% del SOH (State of Health) inicial- es actualmente bastante elevada.

Realizado en 2015 y actualizado en 2020, un estudio holandés sobre una comunidad holandesa-belga de propietarios de Tesla Model S demostró la baja degradación a largo plazo de las baterías de la marca. Se situaba en torno al 5% tras los primeros 50.000 kilómetros y, a partir de entonces, en el 1% cada 50.000 kilómetros.

Se trata de un rendimiento mejor que el estimado anteriormente por Tesla que, en su informe de impacto de 2019, estimaba esta degradación en torno al 5% durante los primeros 40.000 kilómetros, y luego del 1% cada 40.000 kilómetros adicionales. Si extrapolamos estas cifras, la vida útil de una batería de litio integrada en un coche Tesla rondaría, por tanto, los 800.000 kilómetros.

Es más, algunos estudios demuestran que si se utiliza la recarga con sensatez -limitándola al 60% o al 50% de una carga completa- se podrían mantener las baterías en buen estado hasta 3.500.000 kilómetros, o incluso más. ¿A qué se debe esta robustez? Principalmente, a los esfuerzos realizados por los fabricantes en los últimos años. Mientras que los primeros vehículos eléctricos sufrían una rápida degradación de las baterías, estos han invertido mucho para comprender mejor este fenómeno de envejecimiento y mejorar el diseño de estos equipos, en particular mediante la introducción de sistemas de gestión (BMS).

Este progreso tecnológico no solo afecta a las baterías de litio. La cadena cinemática del vehículo -formada por el motor eléctrico y la transmisión- también tiene una esperanza de vida prometedora. Tesla estima que este conjunto durará 1,6 millones de kilómetros en buenas condiciones. Una cifra espectacular si se tiene en cuenta que el kilometraje medio de los vehículos al final de su vida útil en Europa ronda los 240.000 kilómetros.

Además de demostrar la madurez de las tecnologías de electrificación, estas prestaciones representan un serio desafío para la industria del automóvil. ¿Qué futuro cabe imaginar para estos equipamientos perfectamente funcionales? Hoy en día parecen posibles dos opciones sencillas: reciclarlos para un uso permanente (almacenamiento de energía en el hogar, etc.) o reutilizarlos en otro vehículo. Una opción más original sería prolongar la vida de un coche ofreciendo a su propietario un restyling parcial tras unos años de uso.

Del mismo modo que los editores de programas informáticos comercializan actualizaciones, los fabricantes podrían ofrecer paquetes de actualización para sus modelos. Tras 10 o 15 años de uso, sería posible modernizar el vehículo, sustituyendo las piezas desgastadas u obsoletas (carrocería, equipamiento, luces, etc.), pero conservando la batería y la transmisión originales.

Sería una solución atractiva para el propietario, que dispondría de un vehículo de aspecto renovado a bajo coste, con una autonomía que seguiría siendo compatible con la mayoría de los desplazamientos urbanos.

También tiene sentido en términos de ahorro de recursos y descarbonización del sector del automóvil. De hecho, mientras que la construcción de un vehículo eléctrico emite aproximadamente el doble de CO2 que un coche de combustión, sus emisiones durante el uso son muy bajas.

Al limitar la sustitución de los coches y concentrarse en determinadas piezas, esta segunda vida limitaría el consumo de acero, aluminio y metales raros por parte de la industria automovilística. Y, por tanto, la huella de carbono del sector.

Aunque beneficioso desde el punto de vista medioambiental, este nuevo enfoque puede, sin embargo, sacudir las bases de la industria automovilística. Las grandes marcas deberán encontrar soluciones técnicas, comerciales y operativas para responder a los retos de esta segunda vida de los vehículos eléctricos.

En lugar de tener que diseñar y fabricar constantemente nuevos modelos, en las próximas décadas, su actividad podría centrarse en el reequipamiento y la prolongación de la vida útil de los vehículos existentes. Para ellos, no se trata solo de explorar una nueva tendencia, sino de hacer la transición hacia un nuevo modelo de sostenibilidad económica e industrial. La creciente concienciación medioambiental de los consumidores, combinada con las presiones inflacionistas, debería aumentar de forma natural su interés por el upcycling.

Quizá esta reflexión contenga las claves del coche del mañana.

Laurent Martin es experto en electromovilidad de Segula Technologies

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