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La tribuna de los fondos
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

2024, el año de la renta fija, pero ¿de corto o largo plazo?

Para minimizar el riesgo de cambio en los tipos de interés, es aconsejable que la duración de la cartera coincida con el plazo de inversión

Bolsa
EFE

El horizonte del 2024 se vislumbra prometedor para la renta fija, al menos según las previsiones de la mayoría de las gestoras de fondos. Pero, ¿no habíamos oído lo mismo para el 2023 hace tan solo un año? Hasta mediados de octubre, el presente año parecía bastante mediocre, si no desafiante, dependiendo de las comparaciones que hagamos. Sin embargo, gracias a un noviembre excepcional, la predicción previa no parece haber fallado. Ahora, cruzamos los dedos para que los últimos días del año no nos jueguen una mala pasada.

Tras un funesto 2022, en el que los fondos de bonos sufrieron pérdidas que, en promedio superaron el 10%, los partícipes españoles se animaron a entrar en fondos de renta fija, pero con una clara preferencia por las estrategias de perfil extremadamente conservador. En 2023 los fondos más vendidos han sido aquellos con un “objetivo de rentabilidad no garantizado a vencimiento”. Las gestoras de los bancos han colocado miles de millones en este tipo de fondos, en los que se han limitado a comprar deuda española o italiana a plazos inferiores a cinco años. Cuando se les pregunta a los banqueros por qué ofrecen estos productos masivamente, su respuesta es que están satisfaciendo la demanda de sus clientes. Pero yo no tengo claro qué fue primero si el huevo (la oferta del banco) o la gallina (la demanda de sus clientes).

Muchos inversores españoles han comprado bonos directamente, aunque hacerlo a través de un fondo suele resultar más eficiente fiscalmente. La mayoría ha optado por deuda del Tesoro a muy corto plazo. Según una noticia publicada en este mismo medio el 23 de octubre pasado: “Los españoles amasan ya más de 20.000 millones de euros en letras del Tesoro” - La tenencia de deuda a corto plazo por parte de los particulares alcanza cifras récord. Parece que los inversores por sí mismos también tienen una preferencia por el corto plazo, a menos que sean asesorados y se encuentren en una situación similar a la que relataré a continuación.

Unos amigos recibieron dinero en octubre y me consultaron sobre qué hacer con este dinero. Tenían una hipoteca que actualmente es una ganga, ya que en el momento perfecto cambiaron su interés de variable a fijo, consiguiendo un interés del 0,88% a 20 años. No necesitarán ese dinero hasta su jubilación, que no llegará antes de 15 años. Y, aunque estaban interesados en invertir a largo plazo, estarían satisfechos con rentabilidades del 3% al 4% y no querían complicarse.

—Habéis tenido suerte —les dije—, porque si confiáis en el Estado español, ahora el bono a 15 años ofrece más del 4,5%. Cabe mencionar que actualmente ese bono ofrece menos del 4%, una diferencia que en 15 años representa un acumulado del 9%.

Así que les sugerí que podrían destinar una parte del dinero a la compra de este bono a largo plazo y, además, les recomendé un fondo de renta fija a corto plazo por si surgía un imprevisto y diversificar una pequeña parte con fondos de bolsa, mientras se acostumbraban a los vaivenes del mercado.

Pues bien, cuando mis amigos acudieron a su banco con la intención de comprar un bono del Tesoro a largo plazo, se encontraron con una negativa. El banco no ofrecía ese servicio y, además, consideraba la inversión muy arriesgada. Argumentaron que el precio del bono podría fluctuar significativamente. Mis amigos eran conscientes de esa volatilidad, pero estaban dispuestos a asumir el riesgo porque su plan era mantener el bono hasta su vencimiento, salvo que subiera mucho de repente y fuera una buena idea venderlo.

La entidad bancaria les hizo una contrapropuesta que consistía en un 50% en un depósito a un año con un rendimiento ligeramente superior al de la letra del tesoro y el otro 50% en un fondo de renta fija que debían comprometerse a mantener. A pesar de su denominación de “largo plazo”, este fondo tenía una duración inferior a cinco años y sus rendimientos pasados habían sido peores que la media de sus comparables.

No sabemos cómo estarán los rendimientos de la deuda cuando tengan que renovar la inversión. Es importante recordar que mis amigos no necesitan acceder a este dinero hasta dentro de 15 años. Ante este ejemplo, invito al lector a reflexionar: ¿Consideran adecuada la propuesta del banco con relación al plazo de inversión de mis amigos?

Al gestionar inversiones financieras conviene recordar la teoría conocida como inmunización de carteras de renta fija, que vuelve a ser útil en el contexto actual de tipos reales positivos (la rentabilidad de los bonos supera la inflación esperada). Esta teoría propone ajustar la duración de la cartera de renta fija para que coincida con el horizonte temporal del inversor. Por ejemplo, si se planea mantener una inversión durante 15 años, lo ideal sería que la duración de la cartera también fuera de 15 años. Aquí, duración se refiere al tiempo promedio en años necesario para recuperar la inversión inicial en el bono a través de sus cupones o amortización.

Es importante recalcar que, así como no es recomendable invertir exclusivamente en bonos o fondos de larga duración cuando se tiene un plazo de inversión corto, tampoco sería prudente concentrarse únicamente en productos de corto plazo cuando se tiene un horizonte de inversión más extenso. Hacer coincidir la duración de la cartera con el plazo de inversión ayuda a minimizar el riesgo asociado a los cambios en los tipos de interés, que afectan no solo a la valoración de las letras o bonos sino a su reinversión.

Para quienes tienen un horizonte temporal largo, diversificar y no limitarse a inversiones de renta fija de muy corto plazo podría ser una estrategia más acertada, incluso si tienen un perfil muy conservador.

Marta Díaz-Bajo es socia y directora de Soluciones de Inversión de Atl Capital

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