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El Foco
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Lecciones de unas votaciones estivales, ¿para cuándo el voto por internet?

La tecnología está lista, pero hace falta consenso político para regularlo. El único país europeo en el que es plenamente posible es Estonia.

Se ultiman los preparativos para la jornada electoral durante el día de reflexión
Eloy Alonso (EFE)

Las pasadas elecciones generales han batido, al menos, un récord histórico: el de personas que han ejercido su derecho a voto por correo. Desde un punto de vista práctico, los comicios del pasado 23 de julio generaron inquietudes y plantearon dilemas para todas aquellas personas que se disponían a disfrutar de sus días de vacaciones o se encontraban fuera de su domicilio. No es de extrañar que cerca de 2,5 millones de personas en toda España optasen por una alternativa –la única disponible hoy en día– al voto presencial en las urnas. Las cifras oficiales de Correos indican que el volumen de votos admitidos supone un 99,08 % más con respecto al número total de votos admitidos en las anteriores elecciones generales celebradas en abril de 2019. No es de extrañar que se necesitaran cerca de 20.000 contrataciones de refuerzo para hacer frente a la demanda del trámite.

Sin duda, la participación vía postal ha sido una solución, pero para muchas personas puede quedarse corto, y es que ¿por qué no hacer realidad un voto por internet? En una sociedad inmersa en la transformación digital y con la próxima incorporación de votantes nativos digitales, parece más una necesidad que una posibilidad.

En varios países, incluidos España, el voto digitalizado es una cuestión que está en proceso de estudio –desde hace décadas– y que en algunos casos se ha ido introduciendo a través de proyectos piloto no vinculantes. Así, por ejemplo, el Gobierno Vasco desarrolló su propio sistema de voto electrónico, denominado Demotek, que fue utilizado en diversos procesos electorales, tales como las elecciones en la Universidad del País Vasco, las del Athletic Club de Bilbao y una prueba piloto en las elecciones al Parlamento de Cataluña. Sin embargo, el proyecto no prosperó por falta de apoyos. En distintas comunidades autónomas, se han llevado a cabo en los últimos 20 años pruebas de voto electrónico mediante diversas metodologías: banda magnética, pantalla táctil o incluso vía Internet, pero ninguna de ellos obtuvo resultados sobresalientes para impulsar su generalización.

En otros países de nuestro entorno como Francia, por ejemplo, los ciudadanos en el extranjero pueden votar de forma electrónica. Pero la realidad es que, en pleno 2023, Estonia sigue siendo el único país europeo en el que es posible que cualquier votante ejerza este derecho por internet. Y no se queda ahí, ya que el país báltico también cuenta con otras muchas herramientas para facilitar la participación ciudadana en la vida política de forma digital. Y es que la digitalización de la vida pública, sin duda, puede revolucionar la forma en la que los ciudadanos y ciudadanas realizan trámites con la administración, y otras muchas gestiones diarias, de forma más rápida y eficaz.

Hasta hoy, hemos escuchado que la tecnología para hacer realidad el voto electrónico en España está lista, pero sigue haciendo falta lograr un consenso político a nivel regulatorio, y hacer frente a otros retos realmente claves como son el de la seguridad y la autenticación. Si antes mencionábamos el avance de la transformación digital en nuestro día a día, cabe asumir que serán cada vez más los trámites, como ejercer el derecho al voto, que la propia sociedad exija poder realizar por internet. Debemos, por tanto, construir un entorno online seguro que nos permita operar con las máximas garantías tanto para el correcto desarrollo de los trámites como para la protección de nuestra privacidad e identidad digital.

¿Disponemos de la tecnología capaz de garantizar que la persona que emite el voto es verdaderamente quien dice ser, respetar el voto secreto y que no se manipulen los resultados? La respuesta es que, para que esto ocurra, tenemos la necesidad, irrenunciable, de contar con prestadores cualificados de servicios electrónicos de confianza para gestionar las identidades y procesos digitales.

Si hoy en día queremos solicitar el voto por correo de forma telemática sin necesidad de acudir a una oficina de Correos, debemos contar con un DNI electrónico o un certificado digital válido. En el caso de que se implemente la opción de voto digital masivo para poder ser ejercitado por cualquier ciudadano español con derecho a voto, la necesidad de gestionar identidades digitales cualificadas será imprescindible, y por tanto también la participación de los proveedores cualificados de servicios electrónicos de confianza que ofrecen la máxima seguridad. Para que el voto electrónico sea una realidad, debemos contar con entornos digitales fiables y seguros.

Los servicios electrónicos de confianza son un conjunto de servicios altamente regulados y controlados por los gobiernos de la UE que se relacionan, sobre todo, con la identidad de las personas y de las empresas. Su objetivo principal es el de garantizar que las interacciones digitales entre estos cumplen con todos los requisitos técnicos y de seguridad necesarios para certificar que las identidades digitales y la información que se comparte por medios electrónicos son reales, confidenciales y confiables.

En Europa se sigue trabajando para construir un espacio digital seguro y conectado. La regulación eIDAS2 contempla la creación de nuestra identidad digital del futuro, que pasa por una cartera o wallet donde cada persona podrá disponer de sus certificados e historia personal digital. Desde títulos educativos hasta firmas electrónicas, sellos de tiempo o sellos electrónicos que garantizan el origen y la validez de un documento o bien adquirido.

Este marco normativo europeo, ¿podrá suponer también un paso más para acercar el voto digital a la ciudadanía? Sabemos que el momento de votar por internet llegará. Para saber cuándo, dependemos de la voluntad colectiva, tanto en el plano regulatorio como en el social. Con los resultados del 23J recién salidos de las urnas, todos los escenarios siguen abiertos, incluso el de unas posibles nuevas elecciones en los próximos seis meses. Lleguen cuando lleguen, ¿podremos decir finalmente que el voto por internet seguro en España es una realidad?

Javier Natividad es director comercial de Víntegris

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