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Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Fráncfort necesita un bisturí para esta crisis

La clave será hallar el punto medio que asegure la estabilidad de los precios y apuntale la confianza en el sistema financiero

El BCE cumplió ayer el guion que descontaban los mercados financieros tras la inesperada caída de dos bancos estadounidenses –SVB y Signature Bank– y el descalabro bursátil sufrido por Credit Suisse, que ha obligado a la entidad a solicitar hasta 50.000 millones al Banco Nacional de Suiza. La entidad presidida por Christine Lagarde subió los tipos medio punto, pero se negó a hablar siquiera de posibles nuevas alzas del precio del dinero, una decisión que supeditó a la evolución de los datos. Fráncfort lanzó un mensaje claro y firme sobre la solvencia de la banca europea y sobre la capacidad y voluntad del banco para suministrar apoyo de liquidez al sistema financiero de la zona del euro “si fuera necesario” y preservar “la transmisión fluida de la política monetaria”.

Lagarde recalcó en su discurso que el control de la estabilidad de los precios sigue siendo el mandato principal del BCE, pero que ello no significa que la institución tenga que renunciar a asegurar la estabilidad financiera de la zona euro, dado que ambos objetivos son compatibles. Como la presidenta del BCE reconoció, pese a la aparente lejanía de las turbulencias estadounidenses, la solidez y solvencia de la banca europea y su escasa exposición a Credit Suisse, la crisis financiera que se ha desatado en EEUU y los problemas del banco suizo han encarecido ya el crédito en la zona euro. Una circunstancia que puede convertirse en un aliado para enfriar las economías, siempre que el repunte no vaya demasiado lejos y perjudique en exceso el crecimiento de la economía.

La decisión adoptada ayer por el BCE –hacer más o menos lo previsto y dejar en suspenso los próximos pasos– es la única manera prudente de manejar una crisis demasiado reciente para que pueda calibrarse ya su efecto sobre el sistema financiero europeo. Como recordaba ayer Luis de Guindos, vicepresidente de la entidad, la banca europea es “resiliente” y está bien armada tanto en términos de liquidez como de capitalización. Pero ningún sistema financiero es invulnerable ante una crisis masiva de confianza, que es el gran riesgo que subyace tras el colapso cualquier entidad financiera, pese a las diferencias de causas y de modelos.

Fráncfort deberá ahora manejar con bisturí su calendario de alzas de tipos y ser extremadamente prudente a la hora de decidir estresar con excesiva dureza monetaria una economía europea en la que han prendido, pese a que de momento sea solo de forma incipiente, brotes de desconfianza hacia el sistema financiero. La clave, como en tantas otras cosas, será hallar el punto medio que asegure la estabilidad de los precios y apuntalar la confianza.

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