El miedo a la IA alcanza a las grandes telecos: el nuevo modelo de Meta hace caer a Telefónica
La firma española pierde los 3,5 euros ante el temor de los inversores a que agentes automáticos acaben con la fidelización de clientes


¿Podrá la inteligencia artificial renegociar el contrato del móvil, cambiar de compañía eléctrica o reducir automáticamente la factura de internet? La pregunta, que hasta hace poco sonaba futurista, empieza a inquietar a muchos negocios. Primero fueron las aseguradoras, esta primavera, cuando el acuerdo entre OpenAI y la española Tuio demostró que ChatGPT podía elaborar presupuestos de seguros para los clientes. Después llegaron las empresas de software, castigadas en Bolsa por el temor a que los nuevos modelos de IA automatizaran tareas profesionales cada vez más complejas, en particular la programación o la consultoría. Ahora la preocupación ha llegado a las telecomunicaciones.
Los inversores temen que los nuevos agentes personales de IA no se limiten a responder preguntas o redactar textos, sino que actúen directamente en nombre de los usuarios. Comparar tarifas, detectar sobreprecios, negociar descuentos o recomendar cambios de proveedor son algunas de las funciones que prometen herramientas como Muse, el nuevo agente lanzado por Meta. Según UBS, la aplicación se ha convertido en los últimos días en la más descargada de la App Store de Apple y de Google Play en Estados Unidos, superando los 2,5 millones de descargas en sus primeros 13 días.
Todavía es pronto para calibrar el alcance real de estos agentes, pero el mercado, como siempre, se anticipa. En un momento en el que las Bolsas cotizan en niveles muy exigentes y la IA acapara todos los titulares, cualquier novedad en el negocio se amplifica. En las últimas cinco sesiones, las telecos europeas ceden un 5,5% en Bolsa, con Telefónica dejándose un 10,2% y perdiendo el nivel de los 3,5 euros por acción por primera vez desde comienzos de año. Los inversores temen que los consumidores deleguen en una IA tareas como renegociar una factura, buscar una oferta más barata o incluso cambiar de operador. Un torpedo para un sector donde una de las métricas más valiosas es el gasto por usuario.
La preocupación no es menor en un sector que ya atravesaba dificultades. Las telecos llevan años lidiando con un crecimiento limitado, una intensa competencia y una fuerte presión sobre los márgenes. Durante años se han beneficiado en parte de la llamada inercia del consumidor: muchos clientes aceptaban subidas de precio o seguían con su proveedor por evitar el tiempo y las molestias asociadas a comparar tarifas, negociar descuentos o tramitar una portabilidad. Si una IA puede realizar esas gestiones de forma automática, la competencia podría intensificarse y aumentar la presión sobre los precios.
“Ya existen herramientas que prometen negociar directamente con operadores de móvil, internet o cable en nombre del usuario. Si ese modelo se generaliza, puede reducir costes de búsqueda para el cliente y aumentar mucho la transparencia de precios. Para una operadora, eso significa potencialmente más presión sobre el ingreso medio por cliente, menos inercia comercial y mayor facilidad para renegociar o cambiar de proveedor”, apunta Antonio Castelo, analista de iBroker.
El castigo llega sobre terreno abonado: aunque los analistas de XTB recuerdan que los resultados del primer semestre de Telefónica fueron positivos y muestran avances operativos, la cotización sigue reflejando las dudas sobre la capacidad de convertir esos progresos en un crecimiento sostenido. Castelo comparte este diagnóstico y considera que los objetivos anunciados en el último plan estratégico, con una reducción de la deuda hasta 2,5 veces EBITDA y un crecimiento anual del beneficio operativo del 1,5% al 2,5%, son razonables, pero no especialmente ambiciosos. “Cuando un grupo parte de una historia de bajo crecimiento, deuda elevada y elevada intensidad de capital, la Bolsa exige pruebas muy continuadas antes de pagar múltiplos mayores”, remarca el experto.
Onda expansiva
Aunque las telecomunicaciones se han convertido en el ejemplo más visible de esta tendencia, los inversores han ampliado sus dudas a cualquier negocio que dependa de clientes recurrentes, costes de cambio elevados o procesos complejos que hasta ahora actuaban como barreras de salida. En las últimas jornadas, compañías tan diversas como el bróker Charles Schwab, la aseguradora Allstate, la plataforma de viajes Booking o el banco JPMorgan han sufrido fuertes correcciones bursátiles ante el temor de que los agentes de IA reduzcan las fricciones que tradicionalmente dificultan comparar precios, renegociar condiciones o cambiar de proveedor.
Mientras estas compañías sufrían las ventas de los inversores, Meta se consolidaba como la gran beneficiada. La empresa de Mark Zuckerberg, que había generado dudas en su última presentación de resultados sobre la rentabilidad de sus inversiones en inteligencia artificial, se disparó un 11,3% el pasado lunes tras conocerse las cifras de descargas de Muse, su mayor subida bursátil desde abril de 2025.
Los analistas de UBS consideran que Muse constituye una primera prueba de que los agentes de IA para consumidores podrían alcanzar una adopción masiva. Según la entidad, esto abriría nuevas vías de monetización más allá de las aplicaciones empresariales. “Hasta ahora, la monetización de la IA para consumidores se ha apoyado fundamentalmente en las suscripciones y la publicidad. Los agentes podrían añadir una tercera vía: las transacciones”, destacan. Los expertos del banco subrayan que estas herramientas podrían comprar productos, reservar viajes, pagar facturas o gestionar servicios recurrentes en nombre del usuario. “Las plataformas que faciliten esas operaciones podrían quedarse con una parte del valor de cada transacción”, concluyen.