Las letras del Tesoro pagan hasta un 40% más que los depósitos y recuperan el favor de los ahorradores
La deuda a corto plazo refleja el riesgo de nuevas subidas de tipos y lleva los rendimientos a tres meses a máximos desde febrero de 2025


Los inversores conservadores que buscan proteger su ahorro frente a la inflación sin asumir grandes riesgos lo tienen complicado. El exceso de liquidez de la banca ha permitido que las entidades mantengan congelada la rentabilidad de depósitos y cuentas. La rentabilidad media de los depósitos a un año de la zona euro ronda el 2,03%, por debajo del 2,9% en que se situó la inflación de la región el pasado julio, según datos del BCE. La diferencia es aún mayor en España. El rendimiento medio de los depósitos a un año se sitúa en el 1,93%, frente a una inflación del 3,5% el mes pasado, impulsada por unos costes energéticos aún elevados debido al conflicto en Oriente Próximo y por la retirada de algunas de las ayudas aprobadas por el Gobierno para combatir el shock inflacionista provocado por la guerra.
En este contexto, las alternativas para los pequeños ahorradores pasan por asumir más riesgo o resignarse a obtener rendimientos inferiores a la inflación, aunque más atractivos que los ofrecidos por los productos bancarios tradicionales. Aquí las letras del Tesoro se convierten en el perfecto aliado de los inversores más conservadores. Si bien los rendimientos de la deuda a muy corto plazo están lejos de los máximos registrados en octubre de 2023, cuando las letras a 12 meses llegaron a rozar el 4%, las rentabilidades de los títulos a tres, seis, nueve y doce meses siguen siendo claramente superiores a las de los depósitos. Según los resultados de las últimas subastas, el Tesoro paga un 2,399% por las letras a tres meses, un 2,512% por las referencias a seis meses, un 2,615% por la deuda a nueve meses y un 2,679% por los títulos a 12 meses. Es decir, entre 47 y 75 puntos básicos más que la remuneración media de los depósitos. En otras palabras, las letras pagan hasta un 40% más que las entidades financieras. Una diferencia que evidencia cómo la deuda a más corto plazo sigue siendo la que mejor recoge las expectativas del mercado sobre la evolución de los tipos de interés.
A punto de cumplirse dos meses desde que Irán y EE UU firmaron un memorándum de entendimiento que quedó sin efecto apenas unas semanas después, la situación en Oriente Próximo dista mucho de haberse estabilizado. Los sucesivos intentos de acercamiento han favorecido una moderación de los precios del crudo, pero la tensión en la región persiste. Sin acuerdo para normalizar el tránsito por el estrecho de Ormuz y con los ataques de la milicia hutí en el mar Rojo aún presentes, la incertidumbre sigue marcando la evolución del mercado energético y amenaza con frustrar las expectativas de una rápida moderación de la inflación. Un escenario que alimenta las probabilidades de una nueva subida de tipos por parte del BCE en septiembre y favorece con ello un repunte de las rentabilidades de la deuda a muy corto plazo. No en vano, los rendimientos de las letras a tres meses se encuentran en máximos desde febrero de 2025 y los de la referencia a 12 meses, en cotas no vistas desde septiembre de 2024.
En línea con lo apuntado por la presidenta del BCE, Christine Lagarde, en la última reunión, los analistas de Nomura esperan que la institución vuelva a elevar los tipos en septiembre, una posibilidad que el mercado ya descuenta con una probabilidad superior al 87%. Los expertos de la entidad creen que la abogada francesa lanzó la señal más firme hasta la fecha de que habrá una nueva subida. “Sin llegar a comprometerse explícitamente, empleó una formulación muy similar a la utilizada en abril, en vísperas del alza de tipos de junio, para subrayar la importancia de las próximas semanas”, añaden.
Conforme han repuntado las rentabilidades de las letras, los inversores que habían dejado de lado este producto han vuelto a interesarse por él. Según datos del Banco de España, en marzo, coincidiendo con el primer mes de guerra, las tenencias de letras del Tesoro en manos de los hogares pusieron fin a 16 meses consecutivos de descensos y registraron su primer avance desde octubre de 2024. La tendencia se ha mantenido en los meses posteriores y, a cierre de mayo, último dato disponible, las familias acumulaban una inversión de 20.331 millones de euros en estos títulos. Pese al renovado interés por este activo, la cifra sigue siendo modesta en comparación con los 1,114 billones de euros que los hogares mantienen en depósitos bancarios, una opción que continúa erosionando su poder adquisitivo.
David Ardura, director de inversiones de Finaccess Value, considera acertado el creciente interés de los ahorradores por las letras del Tesoro, aunque cree que los fondos monetarios y los de deuda a corto plazo ofrecen ventajas adicionales que merecen ser tenidas en cuenta. Entre ellas destaca la posibilidad de diferir el pago de impuestos, ya que el capital puede traspasarse de un fondo a otro sin tributar. Esto permite adaptar la cartera a las condiciones del mercado con mayor flexibilidad y posponer el paso por Hacienda hasta el momento del reembolso, una ventaja de la que carecen tanto los depósitos como las letras.