Vuelve el hambre por las letras del Tesoro en un mercado cada vez más incierto
La incertidumbre geopolítica y el giro en las expectativas de tipos impulsan la demanda de deuda a corto plazo entre los inversores. Su seguridad y simplicidad atraen al ahorrador conservador, aunque los gestores recomiendan ir más allá para batir la inflación


La escalada de tensión en Oriente Próximo ha cambiado el guion del mercado. Lo que hace apenas unos meses era un escenario de tipos a la baja se ha transformado en la expectativa de un dinero más caro durante más tiempo. Y en ese giro, los inversores tienen claro dónde refugiarse: las letras del Tesoro vuelven a ganar protagonismo. A medida que se alarga el conflicto en Irán y se enfría la posibilidad de una normalización rápida del mercado energético, aumentan las presiones inflacionistas. El mercado empieza así a descontar un escenario menos complaciente y ya ha hecho su propio diagnóstico: el BCE subirá los tipos de interés la próxima semana.
En este contexto de incertidumbre, la inversión se vuelve más compleja. Hasta hace poco, la gran pregunta era si las Bolsas podrían prolongar el rally; hoy, la prioridad ha pasado a ser la preservación del capital. Y ahí es donde la deuda a corto plazo recupera atractivo. Aunque los bonos soberanos están entre los activos más castigados por el repunte de las expectativas de inflación y las crecientes necesidades de financiación de los Estados, los vencimientos de menor duración sí despiertan el interés de los inversores. En un mercado con poca visibilidad, las letras del Tesoro regresan a la primera línea del interés inversor, en especial del más conservador.
Este producto, que ya vivió un renacimiento hace tres años al calor de las subidas de tipos del BCE, vuelve a situarse en el radar de los inversores minoristas. Sofía Antón, directora de Auriga Bonos, señala que marzo, el primer mes completo de guerra, marcó un punto de inflexión: las tenencias de letras en manos de las familias han repuntado por primera vez desde el verano de 2024. Según datos del Banco de España, los hogares acumulaban a cierre de marzo 19.053 millones de euros en letras, frente a los 18.965 millones de febrero. Es un rebote todavía incipiente y lejos de los máximos de 27.448 registrados en agosto de 2024, pero refleja un cambio de tendencia tras meses de desinversión en un contexto de tipos a la baja.
En la subasta de esta semana, el Tesoro colocó letras a 12 meses al 2,567%. Estos rendimientos, aunque atractivos, quedan lejos del 3,8% que llegaron a ofrecer en octubre de 2023, cuando los tipos en la zona euro alcanzaban el 4,5%. Hoy, el precio del dinero se mantiene en el 2%.
A pesar de este contexto de rentabilidades más moderadas, la demanda minorista se acelera. Las peticiones de los pequeños inversores ascendieron a los 1.648 millones de euros, niveles incluso superiores a los registrados hace tres años, cuando las colas ante el Banco de España evocaban escenas de finales de los años ochenta y principios de los noventa. Hace 40 años, el Tesoro llegó a desplegar campañas publicitarias para popularizar el producto. Esta vez no ha sido necesario y el propio mercado ha hecho el trabajo.
El fenómeno no es exclusivo de España. Según datos de Auriga Bonos, en mayo las inversiones más recurrentes entre los particulares que eligieron su plataforma fueron las letras a 12 meses de Francia, la Unión Europea, España, Italia y Alemania, con rentabilidades que oscilan entre el 2,25% de las francesas y el 2,7% de las italianas. Solo por encima de estos activos se situaron las peticiones de los bonos a 10 años de Audasa, que pagan un cupón anual del 3,85%.
Sin rival en los depósitos
El auge de las letras no se explica solo por el entorno de tipos. También responde al vacío que ha dejado la banca. La falta de ofertas que puedan competir en rentabilidad, facilidad y seguridad ha sido determinante. El inversor que tradicionalmente recurría a los depósitos se ha encontrado con que la subida de tipos no se ha trasladado al ahorro con la misma intensidad. A pesar de que el volumen de depósitos sigue siendo muy elevado —en torno a 1,1 billones de euros—, muchos particulares han optado por buscar alternativas fuera de la oferta bancaria. Las razones son múltiples, pero apuntan en una misma dirección.
Por un lado, la banca sigue contando con amplios colchones de liquidez, heredados de años de financiación barata del BCE, lo que reduce la necesidad de competir por atraer clientes. Por otro, la consolidación del sector ha reducido la presión competitiva. De un sistema con 55 cajas de ahorros y bancos en 2009 se ha pasado a un mercado dominado por apenas una decena de grandes grupos. Las entidades ya no tienen que competir a base de cuentas y depósitos para atraer a los clientes. Al no existir ofertas atractivas, el cliente no encuentra incentivos para traspasar su dinero.
Pero existe también una razón estrictamente financiera. Mejorar la remuneración de los depósitos implica un coste directo para las entidades y un recorte inmediato de sus márgenes. En un entorno en el que los ingresos por préstamos han aumentado con rapidez, los bancos han optado por trasladar el alza de tipos al activo —donde ganan más— sin replicarlo en el pasivo. El resultado es un sector con tres ejercicios consecutivos de beneficios récord y un ahorrador que busca alternativas.
Seguridad y sin vinculación
A la falta de alternativas en la banca se suma un factor decisivo: la seguridad. El ahorrador conservador encuentra en las letras un activo respaldado por el Estado que, sin ser libre de riesgo, se percibe como uno de los refugios más sólidos. “Las letras me aportan estabilidad”, resume Pedro, un inversor milenial con experiencia en márketing digital que apostó por este producto a principios de 2023 y animó a su padre a seguir sus pasos. Junto a esa sensación de seguridad, destaca también su sencillez. Más allá de la apertura de una cuenta en el Banco de España, la digitalización ha facilitado el acceso. Los inversores pueden acudir a las subastas desde la web del Tesoro con certificado digital o DNI electrónico.
“Que sea el Estado quien respalda estos productos actúa como una garantía para muchos inversores”, señala Antón. “Aunque en los últimos años los neobancos han liderado las ofertas más atractivas, siguen generando cierta desconfianza entre los perfiles más conservadores, menos familiarizados con estas entidades”. Entre las propuestas más competitivas destaca la cuenta remunerada de Trade Republic, que ofrece un 3,04% para nuevos clientes o para quienes capten nuevos usuarios.
Otro de los factores clave es la accesibilidad. Frente a muchas ofertas bancarias que exigen elevados importes mínimos o la contratación de productos vinculados para lograr las mejores condiciones, las letras pueden adquirirse desde 1.000 euros y sin asumir compromisos adicionales.
El contraste es evidente. El depósito Confianza Más a 12 meses de Deutsche Bank ofrece una rentabilidad del 2,25% TAE, pero puede elevarse hasta el 3,25% si se cumplen varias condiciones: domiciliar la nómina o pensión por un importe mínimo de 2.000 euros, contratar una tarjeta de crédito con un gasto anual de al menos 6.000 euros y realizar una aportación mínima de 15.000 euros a un fondo de inversión de la entidad durante, al menos, dos meses. Además, está dirigido a nuevos clientes o a aportaciones de dinero nuevo procedente de otras entidades. El importe mínimo de contratación se sitúa en 25.000 euros —con un máximo de 150.000— y penaliza la cancelación anticipada con una comisión del 4%.
Algo más sencillo resulta el depósito Flexible Avantio de Banca March, que remunera al 2,5% a 12 meses para nuevos clientes —por debajo del 2,567% que ofrecen actualmente las letras al mismo plazo—, aunque también exige un importe mínimo de 30.000 euros y la apertura de una cuenta online específica.
Positivo, pero insuficiente
Pese a este avance, algunos gestores consideran que el movimiento hacia las letras se queda corto. David Ardura, director de inversiones de Finacces Value, valora positivamente el salto desde los depósitos, pero cree que el ahorrador debe ir un paso más allá. “Para los perfiles más conservadores, los fondos monetarios o los de deuda a corto plazo pueden ser una alternativa atractiva, con la que pueden obtener en torno a 20 puntos básicos adicionales y, además, batir la inflación”, señala.
Una visión similar defiende Rafael Valera, consejero delegado y gestor de renta fija de Buy & Hold. “En el escenario actual, las letras solo son una opción para inversores muy conservadores dispuestos a asumir el coste de la inversión y la reinversión en cada vencimiento, a cambio de una rentabilidad que, en términos reales, implica pérdida de poder adquisitivo, ya que el cupón se sitúa por debajo de las últimas lecturas de inflación, incluso de la subyacente”, sostiene. Como ejemplo, las letras a 12 meses —las más rentables— ofrecen en torno al 2,567%, frente al 3,2% de inflación registrado en abril.
Valera anima, por tanto, a apostar por productos con un historial sólido y centrados en deuda de calidad. Como alternativa con características similares a las letras, pero mayor potencial de rentabilidad, destaca el fondo B&H Deuda, con una duración media de 1,7 años y una rentabilidad cercana al 3,27%.
Además de ofrecer potencialmente mayores rendimientos, los gestores subrayan las ventajas fiscales de los fondos de inversión. Las letras del Tesoro y los depósitos bancarios tributan de forma similar en el IRPF como rendimientos del capital mobiliario, por lo que la diferencia no está en el tipo, sino en la gestión: los depósitos aplican una retención del 19% al abonar los intereses, mientras que las letras no, lo que permite disponer del importe íntegro hasta la declaración y, en su caso, reinvertirlo. Más que una ventaja fiscal, es una cuestión de liquidez a corto plazo.
En este punto, los fondos van un paso más allá. Ardura destaca que permiten diferir el pago de impuestos durante más tiempo, ya que el capital puede traspasarse de un fondo a otro sin tributar. Esto facilita adaptar la cartera a las condiciones del mercado y posponer el paso por Hacienda hasta el reembolso final.
En definitiva, el regreso de las letras refleja un cambio de ciclo y la búsqueda de refugio en un entorno incierto. Pero, como advierten los gestores, más allá de su seguridad, el verdadero reto para el ahorrador está en dar un paso más y construir carteras que no solo protejan el capital, sino que también le permitan batir la inflación a medio plazo.