El interés compuesto también ayuda a comprar una casa: cómo invertir para ahorrar el dinero de la entrada
Invertir los ahorros puede suponer un impulso para lograr el dinero necesario para acceder a una hipoteca. Es preciso conocer de antemano con qué horizonte temporal se cuenta y asumir algún riesgo


Comprar una vivienda en España se ha convertido en una misión cada vez más complicada para muchas familias. La escasez de oferta, unida a la subida de los precios, impide a muchas personas, y especialmente a los más jóvenes, ahorrar el dinero necesario para la entrada a una casa. La mayoría de los bancos piden contar con al menos un 20% del precio del inmueble para conceder una hipoteca, al que hay que sumar impuestos y otros gastos. Para una vivienda de 300.000 euros, eso supone contar de antemano con 90.000, una cifra inalcanzable para la mayoría. Entre las opciones para reunir ese dinero, invertir puede ayudar a acelerar el proceso.
El punto de partida es conocer con qué plazo temporal se cuenta. No es lo mismo querer comprar una casa dentro de un año que dentro de diez. “Ahorrar para la entrada de una vivienda requiere de una estrategia de inversión alineada con el horizonte temporal. Cuanto más cercano sea el objetivo, más importante será priorizar la preservación de capital y reducir la volatilidad, mientras que, si el plazo es largo, tiene sentido asumir más riesgo para intentar obtener una mayor rentabilidad potencial”, explican fuentes de MyInvestor.
La primera regla que apuntan los expertos es automatizar el ahorro a través de aportaciones periódicas. La intención es construir poco a poco el ahorro y evitar que la inversión dependa de decisiones puntuales o del momento del mercado. Invertir una cantidad más o menos fija cada mes ayuda a comprar a distintos precios y reduce el riesgo de invertir todo el dinero justo antes de una caída brusca de las Bolsas. Para ello es importante hacer un presupuesto y calcular cuánto dinero se puede dedicar cada mes para hacer una aportación.
En segundo lugar, hay que elegir los productos adecuados en función del perfil de riesgo y el plazo temporal. Para plazos cortos, cuando la compra de la vivienda se prevé a uno o tres años vista, el margen es reducido. Por ello, los expertos aconsejan productos conservadores, con alta exposición a la renta fija y baja volatilidad. En este caso, el objetivo no es maximizar la rentabilidad, sino conservar el capital, evitando que una caída de mercado justo antes del momento de la desinversión para ejecutar la compra de la vivienda obligue a retrasar o renunciar a la operación. Para estas situaciones, MyInvestor cita algunos fondos como el Santalucía Pagarés BF (acumula una rentabilidad del 0,8% en 2026), el iShares Global Aggregate 1-5 Year Bond Index Fund (1,2% de rentabilidad en el año) o el Twelve Capital UCITS ICAV (3,1% en lo que va de 2026). El R-co Conviction Credit Euro es otra opción. Su rendimiento en el año es del 0,9%, pero de media desde su creación se sitúa en un 4,1% anual.
Hay que tener en cuenta que las ganancias en estos productos no serán espectaculares; es más, si no se eligen bien, su rentabilidad quedará reducida a la mínima expresión por las comisiones. En plazos cortos, el inversor debe buscar una alternativa mejor que tener el dinero parado en el banco, pero sin asumir grandes oscilaciones del mercado. Si se cuenta ya con una parte importante de la entrada y se espera comprar en poco tiempo, la prioridad es que el dinero esté disponible y no sufra pérdidas.
Horizonte temporal
Para horizontes algo más amplios, de entre tres y cinco años, el abanico de posibilidades aumenta. En estos plazos es posible asumir más riesgo mediante fondos de inversión mixtos o carteras diversificadas que combinan renta fija y renta variable. “Para objetivos a medio plazo, la estrategia puede requerir un equilibrio entre crecimiento y estabilidad. Los inversores pueden seguir necesitando cierta exposición a activos de crecimiento, como la renta variable, aunque con un mayor énfasis en la diversificación y la gestión del riesgo de caídas”, apuntan desde Vanguard. Algunas de las opciones que se encuentran en el mercado pueden ser el fondo Cobas Renta FI (ofrece una rentabilidad del 6,5% en los últimos años) o el Gamma Global FI (con una rentabilidad media cercana al 7%). Ambos cuentan con cinco estrellas de valoración en Morningstar.
Por dar una idea de cuánto dinero se puede obtener invirtiendo en este tipo de productos, un ahorrador que cuente con 10.000 euros e invierta 300 al mes durante cinco años con una rentabilidad media anual del 4% contaría al final del periodo con 32.000 euros, frente a los 28.000 que supondría no hacer nada con ese dinero. Con una rentabilidad del 6%, alcanzaría unos 34.200 euros. Y con un 8%, rondaría los 36.600 euros. En este caso, las subidas tampoco son espectaculares. Se trata de un impulso y una ayuda extra, pero invertir no hace milagros si el plazo es corto y las aportaciones son reducidas.
En los plazos superiores a cinco años, la renta variable puede ganar protagonismo. Un horizonte largo permite asumir más riesgo porque hay más tiempo para compensar las caídas que se vayan produciendo en el mercado. Y el potencial de rentabilidad también es mayor. En este caso, los expertos mencionan el fondo MyInvestor Value, con una rentabilidad anual media del 7%. También el iShares Developed World Index, que ha registrado una rentabilidad anual del 12%, o el iShares US Equity Index Fund con una rentabilidad del 13,8%. Estos últimos son fondos cotizados que replican índices, con la ventaja de sus comisiones son muy bajas.
De nuevo, por dar una idea, una inversión inicial de 10.000 euros, con aportaciones de 300 al mes y una rentabilidad anual media del 8%, el dinero acumulado al cabo de cinco años sería de unos 36.600 euros. A diez años, crecería hasta unos 75.600 euros. En ese mismo plazo de tiempo, si la aportación mensual fuera algo superior, de 500 euros, y se mantiene una rentabilidad media anual del 8%, el dinero con el que contaría al final se elevaría por encima de los 111.000 euros, suficiente para esa ansiada entrada. Hay que tener en cuenta que es necesario pasar por Hacienda, que se quedará con entre el 19% y el 30% de las plusvalías.
De todas formas, es importante tener en cuenta que se trata de un ejercicio hipotético. La rentabilidad nunca está garantizada. Las Bolsas pueden subir a doble dígito en un año favorable y caer también a doble dígito en años adversos. Por ello es importante mantener la constancia y evitar dejarse llevar por los nervios. “Las fluctuaciones de mercado son inevitables. Mantener la disciplina en lugar de reaccionar a la volatilidad de corto plazo es esencial para alcanzar los objetivos a largo plazo”, apuntan desde Vanguard.
Una carrera de fondo
Tan importante como invertir es saber desinvertir. A medida que se acerca el momento de comprar la vivienda, conviene reducir el riesgo. Quien ha acumulado durante años una cartera con alto peso en Bolsa, no debería llegar a la firma de las arras expuesto a una caída importante del mercado. Una caída del 10% o del 15% puede ser asumible cuando quedan diez años para comprar, pero no cuando la vivienda ya está elegida y el comprador necesita el dinero de forma inminente. En ese sentido, los expertos recomiendan hacer una transición desde la renta variable hacia alternativas de muy bajo riesgo, como depósitos remunerados, fondos monetarios o soluciones de ahorro conservador. El objetivo es tener el dinero listo para aportar la ansiada entrada.
Los gestores también recomiendan evitar varios errores típicos. El primero de ellos, invertir sin tener los objetivos definidos. Sin una meta concreta, resulta complicado establecer el nivel adecuado de riesgo, el horizonte temporal o los productos que más convienen. No es lo mismo querer ahorrar para una casa, para un coche o con vistas a la jubilación. Otro error es asumir un riesgo inadecuado. Los inversores con objetivos a corto plazo pueden pecar de ambiciosos y exponerse a una volatilidad peligrosa. Y al revés, los inversores a largo plazo pueden pecar de conservadores y limitar la rentabilidad que buscan. El otro error habitual es tomar decisiones basadas en emociones. Los vaivenes de la Bolsa pueden llevar a vender en el peor momento posible, amplificando pérdidas, o comprar cuando los mercados ya han subido, limitando las ganancias.
La recomendación que apuntan los gestores es comenzar cuanto antes a invertir para que alcanzar el objetivo de ahorro sea más sencillo. “Comenzar a invertir cuanto antes aumenta la probabilidad de éxito al permitir más tiempo para beneficiarse de la capitalización compuesta y reducir la necesidad de asumir riesgos excesivos más adelante. Como suele decirse, el mejor momento para empezar a invertir era ayer, el segundo mejor momento es hoy”, concluyen los expertos de Vanguard.
Para planificar el futuro a largo plazo, cada vez más entidades financieras lanzan productos de ahorro e inversión dirigidos a menores. En ese sentido, es una opción interesante para que, cuando estén en disposición de comprar una vivienda, tengan un ahorro previo. Una inversión inicial de 1.000 euros para un recién nacido, con aportaciones de 100 euros al mes y una rentabilidad estimada del 7% anual, se convertiría en unos 87.000 euros cuando cumpla los 25 años, la edad con la que muchos jóvenes se incorporan al mercado laboral. De ese dinero, 56.000 serían los intereses generados. De nuevo se trata de una simulación y ese dinero nunca está garantizado. Pero empezar a invertir antes puede marcar la diferencia.