El euro digital da un paso decisivo: qué es, por qué Europa lo quiere y cuánto falta para tenerlo en el móvil
El Parlamento Europeo aprueba comenzar las negociaciones para definir la normativa que regulará la moneda digital, antes de su emisión


El euro digital ha dado este jueves un paso decisivo para su aprobación. El Parlamento Europeo ha dado luz verde al inicio de las negociaciones con el Consejo de la UE para pactar la norma que regulará esta nueva forma de dinero público digital. La decisión ha salido adelante después de que los grupos Conservadores y Reformistas Europeos y Patriotas por Europa impugnaran previamente el mandato negociador. El propio Parlamento ha anunciado que próximamente comenzará la primera ronda de conversaciones entre las instituciones, bajo la presidencia irlandesa del Consejo. Si se cumple el calendario del Banco Central Europeo (BCE), el euro digital podría llegar a los móviles de los ciudadanos en 2029. Es la forma en la que Europa pretende actualizar el dinero al siglo XXI y reducir la dependencia de proveedores extranjeros en el sector de los pagos.
Qué se ha aprobado
La Eurocámara ha acordado dar inicio a los llamados trílogos, las negociaciones a tres bandas entre el Parlamento Europeo, el Consejo de la UE y la Comisión Europea para cerrar el texto definitivo. Es un paso previo necesario antes de que el BCE decida si emite euros digitales. Antes de lanzar la moneda, hace falta tener aprobada la norma que le dará cobertura legal. Esa normativa se articula en torno a tres ejes: el reglamento del euro digital, las reglas para que proveedores de servicios de pago de países de la UE fuera de la zona euro puedan distribuirlo, y la norma sobre el curso legal del efectivo. Con esta decisión, el proyecto entra en su fase política decisiva.
Cuándo llegará
El proyecto lleva años sobre la mesa. En octubre de 2020, el BCE publicó su primer informe sobre la posible creación de un euro digital. Un año después, en octubre de 2021, arrancó la fase de investigación, que concluyó en octubre de 2023. Después comenzó la fase de preparación técnica, centrada en desarrollar el diseño, probar funcionalidades y trabajar con bancos, comercios y otros proveedores de pago. Si el proceso legislativo se cierra durante 2026, el BCE prevé lanzar un piloto en la segunda mitad de 2027. Ese ensayo duraría 12 meses y permitiría probar pagos reales en un entorno controlado. Después, y una vez que el marco legal esté aprobado, el BCE aspira lanzar el euro digital en 2029.
Cómo será el euro digital
Será la forma de actualizar el dinero a la economía digital. Funcionará exactamente igual que el efectivo, solo que en lugar de entregar billetes y monedas, los pagos se efectuarán con el móvil. El euro digital no será una criptomoneda, ni una stablecoin, ni un activo especulativo. Su valor siempre va a ser el mismo que el del dinero físico: un euro digital equivaldrá, económicamente y también a efectos legales, a una moneda de un euro. Al ser moneda de curso legal, es de obligada aceptación.
Cualquier ciudadano podrá tener sus euros digitales en una cartera que estará integrada en las aplicaciones móviles de los bancos. De forma similar a como hoy sacamos un billete de 50 euros de un cajero, los usuarios podrán transferir fondos desde su cuenta bancaria a su cartera de euros digitales y pagar con ellos. Con acercar el móvil al terminal de pago (o a otro usuario), la transacción se realizará al instante, sin necesidad de introducir contraseñas ni depender de la conexión a internet. Porque el diseño prevé que se puedan hacer pagos online, cuando haya conexión móvil disponible, y también offline, de forma que se podrá pagar incluso aunque no haya conexión, como sucedió durante el apagón que afectó a España en abril del año pasado.
Lo que han dejado claro tanto el BCE como las instituciones europeas es que el euro digital no será un reemplazo del dinero en efectivo, sino una alternativa, y ambas convivirán en igualdad de condiciones. Usar una u otra dependerá de las preferencias del consumidor. La propuesta va acompañada de garantías para que los países de la zona euro aseguren el acceso a billetes y monedas. Y también se busca que los comercios no puedan prohibir el pago en efectivo.
Tampoco será una cuenta corriente remunerada. Los euros digitales no generarán intereses y serán solo un medio para pagar. Para evitar una fuga de depósitos, el diseño prevé límites a la cantidad de euros digitales que puede acumular cada persona. La cifra definitiva no está cerrada, pero el BCE ha defendido que un límite de 3.000 euros por persona no comprometería la estabilidad financiera.
Por qué Europa quiere un euro digital
El euro digital es una respuesta a dos objetivos estratégicos. El primero, actualizar el dinero a la economía del siglo XXI. Hoy, cuando un ciudadano paga con efectivo, utiliza dinero emitido directamente por el banco central. Cuando paga con tarjeta, con el móvil o a través de una aplicación, depende de dinero bancario y de infraestructuras privadas. El BCE quiere que esa posibilidad de usar dinero público también exista en el entorno digital, porque los pagos digitales son los que más crecen cada año, desplazando poco a poco al efectivo.
En segundo lugar, hay una razón de soberanía estratégica. Europa quiere reducir la dependencia de empresas privadas y extranjeras en los pagos electrónicos. Visa y Mastercard dominan los pagos con tarjetas y Apple y Google los pagos móviles. El BCE ha advertido de que más de dos tercios de las transacciones con tarjeta en la zona euro se procesan mediante esquemas internacionales, y que 13 de los 20 países del euro dependen por completo de soluciones no europeas al carecer de un sistema nacional propio. En el contexto de tensión geopolítica actual, con la guerra en Ucrania, las sanciones financieras y la rivalidad tecnológica, los pagos se han convertido en un sector estratégico. Si Europa no controla sus propias redes de pago, queda expuesta a decisiones empresariales, regulatorias o políticas tomadas fuera de la UE y que pueden ser contrarias a los intereses europeos.
De todas formas, el avance del euro digital no ha estado exento de tensiones políticas. Los grupos más favorables al proyecto lo defienden como una herramienta de soberanía financiera. El PPE, que lleva la negociación parlamentaria, ha insistido en que el euro digital debe complementar al efectivo y no sustituirlo. En contra, parte de los Conservadores y Reformistas Europeos y grupos de extrema derecha como Patriotas por Europa han expresado recelos porque temen una vigilancia por parte del banco central, el coste para el sistema financiero, la pérdida de peso del efectivo y el solapamiento con soluciones privadas.
Qué pasará con Bizum
Los bancos llevan años trabajando en soluciones de pagos instantáneos. En España, Bizum se ha convertido en una plataforma masiva para los envíos de dinero entre amigos y familiares y recientemente ha dado el salto al comercio físico para poder pagar las compras a través del móvil. Y en otros países europeos han surgido plataformas similares. Los planes pasan por conectar todas las soluciones europeas. La idea es que un usuario pueda pagar o enviar dinero de forma sencilla entre distintos países europeos, aunque cada mercado mantenga su marca y su experiencia de usuario. El objetivo inicial es habilitar pagos entre particulares transfronterizos en 2026 y avanzar después hacia pagos en comercio electrónico y punto de venta en 2027. En la práctica, un español podría pagar en un restaurante de Berlín, Roma o París a través de Bizum.
Ahí está una de las tensiones centrales del proyecto entre el BCE y la industria. La banca no se opone frontalmente al euro digital, pero defiende que ya existen soluciones privadas con el sello made in Europe que pueden competir con los gigantes de pagos extranjeros y temen que el euro digital duplique infraestructuras, encarezca sus costes y reste escala. El BCE ha respondido que el euro digital no pretende sustituir esas soluciones, sino ofrecer una alternativa pública que pueda integrarse con ellas y garantizar pagos europeos en cualquier país de la zona euro. De hecho, la autoridad bancaria ha asegurado que las soluciones de pagos instantáneos podrán adoptar los estándares del euro digital antes de que se emita, para que ambas soluciones estén integradas cuando se lance la moneda.