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El euro digital da un paso clave al recibir la luz verde de la comisión de Economía de la Eurocámara

El Parlamento votará el proyecto a principios de julio y se espera que la aprobación final del marco regulatorio se alcance antes de finales de año. El BCE prevé su emisión en 2029

Banderas de la Unión Europea frente al edificio del BCE en Fráncfort, en 2022.Wolfgang Rattay (REUTERS)

“Este es un día histórico para Europa”, ha afirmado Aurore Lalucq, presidenta de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios, poco después de pronunciar cinco palabras: “El euro digital queda adoptado”. Este martes la Comisión ha dado luz verde al reglamento sobre el euro digital, con 43 votos a favor, 14 en contra (de los patriotas, de la extrema derecha ESN y algunos eurodiputados del grupo de conservadores y reformistas) y una abstención. El proyecto pasará ahora a la Eurocámara, donde está previsto que se vote a principios de julio. Si el proceso legislativo sigue su curso en los tiempos establecidos, antes de finales de año se aprobará el marco regulatorio del euro digital, despejando su emisión en 2029.

La reacción del Banco Central Europeo (BCE) ha sido inmediata: “Acogemos con satisfacción que la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo haya acordado su posición sobre el paquete de la moneda única, que salvaguardará el efectivo en euros como medio de curso legal al tiempo que da forma al euro digital. Esperamos que el Parlamento Europeo adopte su posición final. Esto supondría un paso importante hacia adelante, al permitir el inicio de las negociaciones de los trílogos. La adopción de la posición por el Parlamento también respondería al llamamiento de los líderes de la UE para acelerar los trabajos preparatorios y concluir las negociaciones legislativas antes de finales de 2026″.

La autoridad monetaria está expectante, porque por fin su proyecto estrella tiene el camino allanado. De hecho, se espera que el proceso legislativo se concluya en la segunda mitad del año, en línea con los tiempos fijados por la autoridad monetaria. A principios de junio el Parlamento Europeo votará en su sesión plenaria y se prevé que de luz verde al proyecto. Fuentes cercanas a las negociaciones señalan además que Irlanda, que asumirá la presidencia de la Comisión en julio, tiene prisa para sacar adelante el proyecto y que ya se ha fijado para mediados de julio el primer debate entre trílogos (es decir, la Comisión, el Consejo de la UE y el Parlamento) para aproximarse a su aprobación final antes del próximo año. El sueño de Piero Cipollone, miembro del comité ejecutivo del BCE encargado del proyecto, es anunciar la futura emisión del euro digital el 1 de enero de 2027, cuando se cumplirán los 25 años del euro.

En más de dos décadas, el panorama en el mundo de los pagos ha cambiado enormemente. Aunque el efectivo sigue siendo el medio de pago más utilizado en comercios físicos —en 2024 concentró el 52% de las transacciones—, su uso retrocede cada año: en 2022 suponía el 59% y en 2016 el 79%. En cambio, los pagos con tarjeta representan el 39% de las operaciones y los pagos con dispositivos móviles casi se han duplicado desde la pandemia. En términos de valor, las tarjetas concentran el 45% del importe total de los pagos presenciales, por encima del efectivo (39%).

En este contexto el BCE busca actualizar el dinero a la realidad digital y, sobre todo, a dotar Europa de autonomía en los sistemas de pago. Actualmente el Viejo Continente depende de infraestructuras privadas y extranjeras de gigantes como Visa y Mastercard, que dominan el mercado de los pagos con tarjeta, y de proveedores tecnológicos como Apple y Google en los pagos móviles. De hecho, el 70% de todas las compras con tarjeta en la zona del euro se liquidan a través de estas redes internacionales, según datos del BCE.

Pero el proyecto no es nuevo. El euro digital se gestó hace años, como respuesta que las autoridades europeas dieron a Facebook cuando anunció su intención de lanzar libra, una criptomoneda que pretendía facilitar el intercambio de dinero transfronterizo y en los países en desarrollo. El anuncio encendió todas las alarmas en la cúpula de la Unión por su potencial influencia sobre el sistema financiero. Pero en aquel entonces el debate quedó estancado y se desempolvó cuando el auge de otras criptomonedas y la irrupción de las stablecoins, modenas estables ligadas al valor de una divisa tradicional, como el dólar o el euro, plantearon nuevos riesgos para la UE. Paralelamente, ante la revolución del tablero geopolítico mundial, el euro digital también empezó a convertirse en una urgencia para Europa, en su afán de limitar su dependencia de EE UU y dotarse de su propia infraestructura de pagos ante cualquier evento disruptivo.

Sin embargo, las negociaciones para llegar a un consenso han sido arduas. El proyecto ha asumido cada vez más tintes políticos y desde el inicio del debate el euro digital ha sido precisamente el ponente del proyecto, el eurodiputado español Fernando Navarrete, quien se mostró crítico con la iniciativa del BCE y defendió abiertamente una solución privada paneuropea frente al euro digital. Aunque ha ido moderando su postura, Navarrete veía este proyecto como un plan B, que debería activarse solo si el sistema privado fallara. Y justificaba su oposición señalando los riesgos que supondría para la estabilidad financiera: teme que, en caso de crisis, los ahorradores se apresuren a retirar sus depósitos de los bancos para convertirlos en euros digitales.

Sus argumentos respaldan la postura de las entidades financieras que, pese a ser una pieza clave en el desarrollo del euro digital y distribución, han mostrado sus recelos. A la banca le preocupa que el euro digital reduzca sus márgenes y haga menos rentable su negocio, además de temer una fuga de depósitos. Así, tras años de intentos fallidos, el impulso al euro digital ha hecho que el sector privado se pusiera en serio con el desarrollo de sus alternativas. La gran banca ha acordado crear un Bizum continental, una plataforma de transferencias gratuitas en Europa que conecta las diferentes soluciones nacionales, de propiedad de los bancos, para hacer frente al dominio en los sistemas de pagos estadounidenses.

Aunque las negociaciones no han acabado, los grupos parlamentarios favorables al proyecto celebran este paso clave. “La aprobación del reglamento sobre el euro digital representa una gran victoria para los ciudadanos y los pequeños comerciantes. El texto refuerza la soberanía monetaria europea”, afirma Pasquale Tridico, de The Left. “Visa y Mastercard tienen una gran cuota de mercado y controlan transacciones que equivalen a casi una cuarta parte del PIB de Europa. Esto supone un riesgo estratégico, por eso el euro digital es tan crucial para hacer nuestro sistema financiero independiente de potencias extranjeras”, ha incidido Damian Boeselager, de Volt.

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