La prevención gana terreno ante ciberestafas cada vez más sofisticadas
La profesionalización del fraude está obligando a las entidades financieras, a las tecnológicas y a otras empresas a cambiar sus sistemas de defensa digital. La capacidad para identificar amenazas antes de que se produzcan se perfila como el principal factor diferencial frente a los ciberataques
La digitalización ha multiplicado las oportunidades y las mejoras para ciudadanos, empresas y entidades financieras, pero también para los delincuentes. Los expertos advierten de que el fraude digital ha dejado de ser un fenómeno puntual para convertirse en una actividad industrializada: capaz de operar a gran escala, automatizar ataques y aprovechar la creciente dependencia de los canales digitales para redoblar su alcance.
Esta fue una de las principales conclusiones del desayuno organizado por CincoDías y patrocinado por Mastercard, en el que participaron Alberto López, vicepresidente de prevención de fraude y crimen financiero de Mastercard Europa; Javier Carreras, senior sales manager de Recorded Future para el sur de Europa, y Juan Manuel Matalobos, head of human risk del BBVA.
Los datos reflejan la dimensión del problema. López señaló que los cibernéticos suponen ya cerca del 17% de todos los delitos registrados en España, y recordó que han alcanzado “el segundo lugar entre los delitos más comunes en nuestro país”, de acuerdo con el Informe de Criminalidad en España de la Secretaría de Estado de Seguridad. El directivo de Mastercard añadió que el crecimiento de este fenómeno supera el 500% respecto a hace tan solo una década, impulsado por la facilidad con la que pueden lanzarse hoy ataques masivos desde cualquier lugar.
La gran diferencia respecto a las estafas tradicionales no está tanto en el engaño como en su capacidad de multiplicarse. “Antes, el trilero ponía su puesto en el mercado y estafaba en persona a los tres o cuatro que venían a verle; ahora, desde el sofá de su casa, puede timar a miles de personas”, ejemplificó López. Esa capacidad de escalar operaciones a un coste reducido explica, según los tres expertos, buena parte del crecimiento del fraude digital durante los últimos años.
Por su parte, Carreras coincidió en que el problema ha experimentado una transformación radical. “Hemos pasado en pocos años de un mensaje de correo electrónico que nadie se creía a recibir una videollamada de tu CEO diciéndote que le hagas un Bizum deprisa porque está en un aprieto”, describió. A su juicio, la profesionalización del cibercrimen ha permitido que actores sin grandes conocimientos técnicos puedan acceder a herramientas y servicios preparados para ejecutar ataques cada vez más complejos.
Además, el contexto ayuda a entender la magnitud del fenómeno, sostuvo Matalobos. El responsable de human risk del BBVA apuntó que la economía digital mantiene un crecimiento muy superior al de la tradicional y que muchas prácticas fraudulentas han migrado del mundo físico al digital: “No es que se haya inventado nada nuevo. En internet no hay fraudes que no existieran antes en el mundo físico”, afirmó.
Los tres participantes coincidieron en que la escala se ha convertido en el principal factor diferencial. Mientras que antes los delincuentes tenían que exponerse físicamente y actuar sobre un número reducido de víctimas, internet les permite operar de forma remota y lanzar campañas masivas con un coste muy inferior. Esa combinación de anonimato, alcance y automatización ha cambiado por completo las reglas del juego.
Carreras recalcó que existen en la actualidad servicios especializados que venden herramientas listas para ser utilizadas por terceros, lo que reduce enormemente las barreras de entrada. “No hay que ser un actor con un expertise tremendo para poder lanzar un ataque relativamente complejo”, indicó. En su opinión, esa industrialización explica que el fraude evolucione a una velocidad difícil de seguir para ciudadanos y organizaciones.
Cambio de enfoque
En todo caso, los expertos defendieron un cambio de enfoque. Durante años, gran parte de los esfuerzos se concentraron en detectar operaciones fraudulentas una vez producidas. Sin embargo, el debate dejó clara la prioridad: actuar antes de que el daño llegue a materializarse. “En materia de fraude digital, la prevención es más importante que la reacción”, resumió Carreras.
La detección temprana de señales de riesgo se ha convertido en una de las principales herramientas de defensa. Según el ejecutivo de Recorded Future, hoy es posible identificar páginas fraudulentas, dominios sospechosos o intentos de suplantación prácticamente desde el momento en que aparecen en internet. Esa información “permite a las organizaciones reaccionar antes de que los usuarios lleguen a interactuar con esos entornos”.
Alberto López subrayó que esta capacidad resulta más relevante si cabe en el comercio electrónico, en el que los ciberdelincuentes pueden replicar con rapidez la apariencia de marcas legítimas para atraer a potenciales víctimas. “Con la IA puedes montar una página web idéntica a la de una marca oficial y conocida”, avisó. Por tanto, el problema no afecta únicamente a los consumidores, sino también a bancos, comercios y proveedores de servicios financieros.
Por parte del BBVA, Matalobos defendió la importancia de combinar las herramientas tecnológicas con medidas orientadas al comportamiento de los usuarios. A su juicio, una parte significativa de las estafas continúa aprovechando decisiones impulsivas tomadas bajo presión. “Si te lo pensaras dos veces, casi seguro que te darías cuenta de que esa oferta es demasiado buena para ser verdad”, aconsejó.
Carreras insistió en que la tecnología por sí sola no puede resolver el problema y defendió “la necesidad de concienciar a ciudadanos, empleados y clientes sobre los mecanismos más habituales utilizados por los delincuentes”. Para este directivo, la rapidez con la que evolucionan los ataques obliga a mantener una actualización constante de conocimientos y hábitos.
Jóvenes y mayores, los más expuestos
La tecnología ocupa una parte cada vez más importante de la vida cotidiana, pero no todos los usuarios afrontan los riesgos digitales de la misma manera. Durante el desayuno, los participantes señalaron que jóvenes y mayores concentran las vulnerabilidades más aprovechadas por los delincuentes.
Juan Manuel Matalobos explicó que los jóvenes “son mucho más hábiles manejando los medios digitales, pero son mucho menos precavidos”, afirmó. Esa sensación de control puede llevarles a asumir más riesgos.
Alberto López alertó del crecimiento de las “cuentas mula”, utilizadas para mover dinero ilícito. “Muchos jóvenes desconocen por completo que están cometiendo un delito alquilando sus cuentas corrientes a estas mafias”.
Javier Carreras indicó que la mejor defensa sigue siendo la formación. “Comprender cómo operan los delincuentes sigue siendo una de las herramientas más eficaces para evitar caer en sus trampas”.
La IA, herramienta decisiva en la detección temprana del fraude digital
La inteligencia artificial se ha convertido en una de las herramientas más importantes para combatir el fraude digital. Aunque buena parte de la atención suele centrarse en cómo los delincuentes utilizan estas tecnologías para perfeccionar sus ataques, los expertos reunidos coincidieron en que la IA también está reforzando de forma decisiva las capacidades defensivas de bancos, redes de pago y empresas tecnológicas. Gracias a la IA que aplica Mastercard para la detección dinámica e inteligente de fraudes son capaces de resistir 200 ataques por minuto y evaluar el riesgo de miles de millones de transacciones en milisegundos. Esto supone evitar pérdidas potenciales valoradas en casi 50.000 millones de dólares
El head of human risk del BBVA recordó que el uso de inteligencia artificial en la detección de fraudes no es algo reciente. “El tema de la inteligencia artificial hace ya muchos años que se utiliza con la detección del fraude”, sostuvo. “Sin embargo, los avances registrados durante los últimos años están permitiendo automatizar tareas, acelerar investigaciones y mejorar la precisión de los sistemas de análisis”, agregó Juan Manuel Matalobos.
La capacidad de procesar enormes cantidades de información es una de las principales ventajas de estas herramientas. Los algoritmos pueden examinar millones de operaciones, detectar comportamientos anómalos y generar alertas prácticamente en tiempo real. Esto resulta especialmente importante en un contexto en el que los delincuentes operan cada vez con mayor rapidez y aprovechan cualquier retraso para completar transferencias o realizar compras fraudulentas.
Alberto López ilustró esa complejidad con una cifra: el año pasado circularon por la red de Mastercard más de 159.000 millones de transacciones. “Sin la IA sería absolutamente imposible supervisar semejante volumen de actividad para identificar operaciones sospechosas”, aseguró su vicepresidente para Europa de prevención de fraude y crimen financiero.
Otro de los retos consiste en minimizar los falsos positivos. Un sistema excesivamente restrictivo puede bloquear operaciones legítimas y generar molestias a los clientes. Por eso las entidades trabajan para afinar continuamente sus modelos de detección y mejorar su capacidad de decisión.
López destacó que las nuevas herramientas desplegadas por su compañía permiten incrementar notablemente la detección de fraude y reducir al mismo tiempo los errores. “No existe la herramienta perfecta”, reconoció, aunque defendió que los avances recientes “están elevando significativamente la eficacia de los sistemas”.
Y Javier Carreras añadió que la inteligencia artificial está facilitando también la identificación temprana de amenazas tales como páginas fraudulentas, campañas de suplantación o credenciales comprometidas. El objetivo, dijo el directivo de Recorded Future, “es actuar antes de que el fraude llegue a producirse y limitar así su impacto económico”.