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Las emisiones globales de bonos apuntan a un año récord con 10,8 billones de nuevo endeudamiento

Los déficit públicos y las inversiones en IA marcan un ejercicio de fuerte actividad, amenazado por la inestabilidad geopolítica y los tipos al alza

El CEO de Nvidia, Jensen Huang, durante una presentación de la compañía en San José (California), el pasado marzo.Justin Sullivan (Getty Images)

Superado el impacto inicial provocado por el estallido de la guerra en Oriente Próximo, los mercados financieros han recuperado la calma con rapidez. El apetito de los inversores se ha mantenido firme, hasta el punto de que la actividad en los mercados de capitales ha alcanzado niveles inéditos en algunos segmentos. En Estados Unidos, la emisión de deuda con grado de inversión ha registrado el inicio de año más intenso del que se tiene constancia, una señal de que la maquinaria financiera sigue funcionando incluso en un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica y un entorno monetario más exigente. “El mercado de emisiones no se ha frenado, pese a varias semanas de conflicto”, afirma Jesús Sáez, responsable de mercados de capitales de deuda de Natixis CIB en Iberia, quien apunta a la abundante liquidez aún disponible como uno de los factores que explican esta resistencia.

Este comportamiento adquiere especial relevancia en un ejercicio en el que las inversiones vinculadas al despliegue de la inteligencia artificial (IA) y el progresivo deterioro de las finanzas públicas obligarán tanto a empresas como a gobiernos a acudir con mayor frecuencia a los mercados para financiarse. Los analistas esperan que la emisión de deuda corporativa en Estados Unidos alcance niveles récord, por encima de los 1,75 billones de dólares registrados en 2020, a lo que se suma cerca de un billón en nueva deuda pública. Todo ello en un contexto complicado por el repunte de la inflación asociado a la guerra en Oriente Próximo, que reduce el margen de la Reserva Federal para bajar los tipos e incluso abre la puerta a nuevas subidas.

Pero no será solo el estadounidense el que batirá marcas. Pese a los episodios de volatilidad asociados a la inestabilidad geopolítica, la agencia de calificación S&P ha mantenido sin cambios su previsión de que la oferta global de bonos aumente un 4,4% y alcance los 10,8 billones de dólares. De cumplirse estas estimaciones, el volumen no solo superará el del pasado ejercicio, sino que supondrá un récord histórico, por encima de los niveles alcanzados durante la pandemia.

El contexto, sin embargo, es muy distinto al de entonces. Aunque los tipos de interés se han moderado y se sitúan lejos de los máximos de hace dos años, cuando los bancos centrales trataban de contener la escalada inflacionista, siguen muy alejados de los mínimos del 0% registrado en 2020 y 2021. A ello se suma que los bancos centrales dejaron atrás hace tiempo sus programas de compra de deuda y se encuentran inmersos en un proceso de reducción de balance.

Hasta ahora, el elevado volumen de dinero que los inversores tienen paralizado ha permitido absorber sin grandes tensiones la retirada progresiva de los bancos centrales del mercado. Queda por ver si este colchón seguirá siendo suficiente y si los emisores, tanto públicos como privados, podrán seguir colocando deuda sin un deterioro apreciable de sus condiciones de financiación.

Aunque la tendencia hacia un aumento de las emisiones es generalizada, el mercado estadounidense reúne más papeletas que ningún otro para encabezar la carrera. En ausencia de medidas para atajar los crecientes desequilibrios de las finanzas públicas, el consenso da por hecho que el endeudamiento público de EE UU seguirá aumentando. En febrero, la Oficina Presupuestaria del Congreso estimó que el déficit en 2026 crecerá en 77.000 millones de dólares (unos 65.465 millones de euros), hasta los 1,9 billones, y los analistas de UBS calculan que la emisión neta de deuda podría situarse en torno al billón.

El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) señala, de hecho, a EE UU y a China como los principales motores del crecimiento de la deuda a escala global en el arranque del año. En el caso del gigante asiático, el aumento se explica sobre todo por la actividad de las empresas no financieras; en EE UU, en cambio, es el deterioro de las cuentas públicas el que está detrás del repunte. Sin señales claras de corrección, el organismo prevé que la ratio de deuda sobre PIB continúe al alza.

Si bien ahora son los gobiernos los que acumulan los mayores niveles de deuda, las fuertes inversiones necesarias para desplegar las infraestructuras vinculadas a la IA están sentando las bases para un nuevo ejercicio de récord también en el ámbito corporativo. Según los expertos de UBS, en el arranque del año la emisión bruta de bonos con grado de inversión en dólares alcanzó los 650.000 millones de dólares (unos 553.000 millones de euros), con previsión de superar los 1,65 billones de 2025, el mayor volumen desde la pandemia. Pese a la magnitud de las cifras, los analistas de la entidad suiza consideran que el mercado sigue teniendo capacidad para absorberlas. “Hasta ahora, la emisión de deuda de alta calidad ha avanzado sin contratiempos gracias a una demanda sólida. Las primas de nueva emisión se han mantenido contenidas en la mayoría de los segmentos y, salvo una escalada geopolítica de calado, no esperamos un repunte significativo en los próximos meses”, añaden.

Tradicionalmente, han sido las entidades financieras las más activas en el mercado de deuda, en buena medida por exigencias regulatorias. Sin embargo, esa dinámica comienza a invertirse y es el sector tecnológico el que está tomando el relevo. Según datos de S&P, en marzo —el primer mes del conflicto— la emisión de bonos en Estados Unidos creció a un ritmo muy superior al de meses anteriores, impulsada por las empresas no financieras, cuyas colocaciones aumentaron un 85%. Dentro de este grupo, las grandes compañías de computación en la nube (los hiperescaladores) emitieron deuda por valor de 115.000 millones de dólares (unos 97.800 millones de euros), una cifra que supera el total colocado por este segmento a lo largo de todo 2025. Entre los grandes protagonistas destacan los 54.000 millones de dólares (45.910,6 millones de euros) con la venta de deuda a 16 años de Amazon o los 31.000 millones de dólares (26.356 millones) colocados por Alphabet.

La previsión es que esta tendencia se prolongue. La intensa actividad se mantuvo ya en abril. Hasta el día 20 del mes pasado, los analistas de Goldman Sachs calculan que la emisión de deuda con grado de inversión en dólares había alcanzado los 794.000 millones de dólares (unos 675.000 millones de euros), el inicio de año más fuerte desde que existen registros. Las previsiones apuntan a que esta tendencia continuará. Los analistas de Goldman Sachs estiman que las inversiones de las grandes tecnológicas rondarán entre los 700.000 y los 725.000 millones de dólares en 2026 y que alcanzarán los 4,5 billones en el horizonte de los próximos cinco años.

Los analistas de Citi subrayan que el intenso ritmo de colocaciones tecnológicas ha llevado a los emisores a optar por vencimientos más largos y por otras divisas para preservar el atractivo de la financiación. “En el segundo trimestre de 2026, el 61% de la oferta tecnológica presentó vencimientos superiores a los 15 años”, destacan. Junto a esta ampliación de plazos —con ejemplos como la emisión a 100 años lanzada por Alphabet—, las tecnológicas también han optado por emitir en divisas distintas del dólar para ensanchar su base inversora. Un movimiento pensado, en buena medida, para captar el interés de inversores de largo plazo, como las aseguradoras, que buscan rentabilidades estables y flujos previsibles en un entorno marcado por mayores tipos de interés y un aumento sostenido de la oferta de deuda.

Pese a lo llamativo de las cifras, Jesús Sáez considera que el mercado dispone aún de margen para absorber esta avalancha de emisiones. Por el momento, la combinación de una demanda sólida y unas rentabilidades atractivas derivadas de las expectativas de tipos más altos sigue sosteniendo el mercado.

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