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El mercado energético, en un punto crítico después de más de dos meses de caída de las reservas de petróleo

El mundo está abocado sin la reapertura de Ormuz a una drástica reducción del consumo de combustibles y a precios todavía más elevados

Tanques de petróleo en el puerto de Hong Kong. DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)

Cada día que pasa con el estrecho de Ormuz cerrado, y sin que pueda fluir por él la quinta parte del petróleo y sus derivados que se consumen en el planeta es un día más en la cuenta atrás para pasar del shock en los precios energéticos a problemas en el suministro y una posible recesión económica. El acercamiento de las posturas entre Irán y Estados Unidos este miércoles, confirmado por Donald Trump, provocó un descenso de hasta el 10% en el precio del petróleo, recorte que refleja solo parcialmente la tensión acumulada en el mercado energético.

Con el conflicto entrado en su tercer mes ya se agotan las bazas para impedir una espiral alcista de escasez y precios aún más altos. Mientras el suministro sigue sin llegar desde el golfo Pérsico, las reservas estratégicas internacionales menguan y las cadenas de suministro están más debilitadas. Los analistas advierten de que el siguiente paso es el racionamiento del suministro a menos que, esta vez sí, Washington y Teherán sellen la paz y se reabra el estrecho de Ormuz, una llave sin la cual la economía mundial apenas puede funcionar.

No ha sido posible reemplazar los 20 millones de barriles de crudo y productos refinados que solían pasar por el Estrecho cada día, incluso cuando Arabia Saudí está manteniendo en torno al 80% de sus exportaciones, gracias al uso del oleoducto Este-Oeste (Petroline), que atraviesa la península arábiga hasta Yanbu en el mar Rojo. Emiratos está canalizando crudo fuera del Golfo, pero siguen anuladas las exportaciones de Irak, Kuwait o Qatar, tanto de petróleo como de productos derivados: desde gasolina a combustible para aviones, fertilizantes o gas natural licuado. Como recuerda periódicamente la Agencia Internacional de la Energía (AIE, asociación de países consumidores), el choque petrolero actual es el mayor de la historia.

“Al mundo aún le faltan entre 12 y 13 millones de barriles cada día. Las dos únicas formas de cubrir este déficit son mediante la destrucción de la demanda [que el mundo consuma mucho menos petróleo y asuma el golpe económico que ello conlleva] y recurriendo a las reservas existentes”, señala Barclays, y la liberación de más reservas estratégicas. El movimiento liderado por la AIE para sacar al mercado 400 millones de barriles de crudo, una decisión sin precedentes, ha ayudado a amortiguar el golpe. Pero no puede cubrir el déficit de suministro. “Las reservas estratégicas ayudan a absorber shocks, estabilizar expectativas y ganar tiempo. No sustituyen las rutas marítimas ni la infraestructura que sostiene el mercado global”, explica Manuel Maleki, subdirector, economista sobre EE UU y materias primas en Edmond de Rothschild AM.

De momento el mercado petrolero ha funcionado tanto gracias a estas reservas estratégicas liberadas como a las reservas comerciales de los operadores, pero ninguna de ellas es infinita. Además, las reservas están fragmentadas: cada región y cada tipo de petróleo o derivado tiene sus propios almacenamientos, que a su vez tienen umbrales mínimos de seguridad que no se pueden traspasar. De prolongarse el cierre de Ormuz, Barclays calcula que las reservas se encontrarán en una situación precaria ya a finales de mayo. “En otras palabras, las próximas semanas son el margen de maniobra que le queda a la economía mundial antes de que la destrucción de la demanda se haga realmente patente”, advierte el banco de inversión británico. En sus cálculos, retrasar la normalización del estrecho de Ormuz a finales de mayo supondría pasar de un brent a 110 dólares el barril en el segundo trimestre a un barril de 130 dólares. Y encarecer en 13 dólares el barril para el conjunto del año, hasta los 111 dólares.

Goldman Sachs, en un informe de la semana pasada, cifraba la pérdida de reservas en 11 o 12 millones de barriles diarios, un ritmo que no considera sostenible: “Podría ser necesario reducir aún más la demanda si la perturbación de la oferta se prolonga”. En similares términos se expresó en una entrevista a Bloomberg Jeff Currie, experto en materias primas de Carlyle: las reservas de petróleo en Europa tocarán fondo en algún momento de este mes, y en EE UU, el país con el mayor volumen de reservas de petróleo del mundo, alrededor del 4 de julio o antes, una amarga coincidencia con la celebración del Día de la Independencia. En EE UU, los precios de la gasolina superan ya los 4,50 dólares por galón por primera vez desde julio de 2022, un impacto en el bolsillo de los estadounidenses difícil de obviar por parte de Donald Trump ante las elecciones legislativas que se celebran en el país en noviembre.

En definitiva, el suministro de energía ya está en un punto crítico y, de no resolverse el conflicto en Ormuz, la siguiente fase que le espera a numerosos países es el racionamiento de energía, una situación que ya viven con crudeza numerosas naciones asiáticas, las más dependientes del petróleo de Oriente Próximo. “Cuanto más persista el conflicto, más escaso será el colchón de existencias, y se requerirá una destrucción de la demanda mucho más significativa en comparación con los niveles actuales“, advierte UBS. ”La analogía es la de un hogar que pierde sus ingresos y vive de sus ahorros. El primer mes se siente bien. El segundo es manejable. El cuarto es cuando empiezas a recortar gastos. La economía mundial se encuentra en algún punto alrededor del segundo mes. La cuenta de ahorros todavía es positiva. Las facturas se siguen pagando. Pero el saldo está disminuyendo, y nadie ha encontrado aún un nuevo empleo", ejemplifica Barclays.

La reapertura de Ormuz es urgente, si bien el daño en el suministro y el coste elevado de la energía van a permanecer tras un eventual acuerdo de paz. “Incluso si todo se detuviera hoy y reanudáramos la producción, estamos hablando de más de tres meses antes de que siquiera empiece a haber un atisbo de que el producto comience a fluir y se averigüe qué tipo de daño se ha causado”, asegura Currie. Será necesario reorganizar el tráfico marítimo de los alrededor de 1.000 buques atrapados en Ormuz, lo que puede llevar semanas, reparar las instalaciones petrolíferas dañadas y poner a funcionar las que se vieron forzadas a detener su producción, un proceso que puede llevar meses e incluso años, como es el caso de la planta catarí Ras Laffan de gas natural, la mayor del mundo.

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