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Las refinerías de Asia quedan al límite y agravan la escasez de suministro de diésel y fuel en Europa

La ruptura de la cadena global de suministro de hidrocarburos dispara la competencia por conseguir unos combustibles cada vez más caros

Imagen nocturna del complejo petroquímico de Yeosu, en Corea del Sur. SeongJoon Cho (Bloomberg)

El bloqueo del estrecho de Ormuz dura ya casi dos meses y está privando al conjunto del planeta de un suministro de energía que ha disparado el precio del petróleo y el gas, y aún más de sus productos derivados. La escasez es real en las economías asiáticas, las más dependientes de las importaciones de Oriente Próximo, región que hasta marzo surtía al mundo el 29% del gas natural licuado de petróleo y el 19% de productos petrolíferos refinados (gasolina, diesel, combustible para aviones...). Mientras pasan los días, crece la amenaza de falta de fuel para los aviones en Europa, donde ya se dan las primeras cancelaciones de vuelos para los próximos meses.

No es fácil encontrar alternativa a los 13 millones de barriles diarios de crudo que han dejado de vender los países del golfo Pérsico. Asia, que también exporta combustibles a Europa, vive su propia crisis energética: sus refinerías afrontar graves dificultades para mantener su producción de derivados ante la falta de suministro del crudo de Oriente Próximo, al tiempo que crecen las restricciones, cuando no la prohibición, para su venta al exterior. El shock energético en Asia es por tanto una amenaza para la UE que se añade al daño de no recibir el suministro del Golfo y que agrava la vulnerabilidad europea a la hora de hacerse con derivados del petróleo, como el diésel para coches y maquinaria, el fuel para los barcos y la industria pesada o el queroseno para los aviones, cada vez más caros y codiciados en todo el mundo.

La Agencia Internacional de la Energía ya lanzó un mensaje rotundo a mediados de este mes: si los flujos de suministro a través del estrecho de Ormuz no se recuperan a partir de mayo, es probable que las refinerías asiáticas no puedan evitar quedarse sin crudo. Los países del Golfo cubren con sus exportaciones de petróleo y gas la mitad de las necesidades de energía de Asia. Dentro de este flujo, la mayor parte es petróleo crudo, materia prima para unas refinerías más competitivas que las europeas y que alimentan tanto el consumo interno como la exportación de productos derivados. Europa importa de Oriente Próximo alrededor del 50% del queroseno para aviones pero Asia es también una valiosa fuente de energía para Europa y supone entorno a otro 25% de las importaciones. En el caso del diésel, Europa importa aproximadamente un tercio de su consumo, y más de la mitad de esas importaciones proceden de Oriente Próximo y Asia.

Al fin y al cabo, la energía que consume el planeta no es el crudo que se extrae de los pozos sino los productos refinados como el queroseno, el diésel o el fuel. Y es en este mercado de combustibles para el consumo diario donde está el verdadero cuello de botella de la actual crisis energética, pues el cierre del grifo de Ormuz tiene efectos en cascada sobre una cadena de suministro que es global. Europa no solo se queda sin el petróleo, gas o los refinados que vienen del golfo Pérsico; también pierde los derivados que importa de otras zonas afectadas.

“El estrés energético asiático tiene una consecuencia directa para Europa. Desde 2022 el continente ha pasado a depender de forma estructural de importaciones de diésel, gasóleo y combustible de aviación procedentes de Asia y, sobre todo, de Oriente Medio, tras perder a Rusia como principal proveedor”, explica Eduardo García Castro, economista principal de Mapfre Economics. Con anterioridad a la guerra de Ucrania, Rusia cubría más del 50% del diésel importado por Europa, que fue sustituido por los envíos de India, Arabia Saudí, Corea del Sur, China y Singapur. Además, y aunque la situación sea muy diferente de unos países a otros, Europa perdió el pasado año capacidad de refino con el cierre de cuatro refinerías que suponían 400.000 barriles diarios de capacidad propia, agravando su dependencia de las importaciones. En 2025, la UE importó más de 65 millones de toneladas de diésel y combustible para aviones. India fue el tercer proveedor individual con 9 millones de toneladas, solo por detrás de Kuwait (9,6 millones de toneladas) y Arabia Saudí (11,9). En términos de flujo, India y Turquía juntas aportaban unos 160.000 barriles al día de los 850.000 barriles diarios de diésel importado. Es decir, cerca de una quinta parte del total.

En este momento, como advierte Warren Patterson, director de estrategia de materias primas de ING, “no se trata solo de perder el suministro de productos refinados de Oriente Próximo, sino también de que nos estamos enfrentando a un mercado de productos refinados más ajustado en Asia. Y eso, a su vez, se traduce en una mayor escasez en el mercado global”. A la evidencia de que las exportaciones de productos refinados de Asia a Europa disminuyen, agravando la situación que crea la falta de suministro desde Oriente Próximo, se añade además el riesgo de que Asia también atraiga suministro de otras regiones, como Rusia o Kazajistán, para compensar la menor producción regional de sus refinerías. La feroz competencia por los combustibles disponibles en el mundo crece y se refleja de forma inequívoca en su precio. El queroseno para los aviones ha duplicado su precio desde finales de febrero y el diésel en Estados Unidos se ha disparado a los 5 dólares por galón por primera vez desde diciembre de 2022.

Las importaciones asiáticas de crudo se han hundido un 22% interanual en abril y, con ello, se desploma también su capacidad de refinar petróleo. Como explica Jorge Molinero, analista de Sparta, “China, Corea, Japón y Tailandia han impuesto vetos o topes a la exportación, lo que deja a Europa opciones muy limitadas: maximizar sus propias refinerías, tirar del conglomerado Dangote en Nigeria o competir con Asia por los barriles estadounidenses”. El cierre de Ormuz supone así para Europa un golpe doble simultáneo: pierde sus importaciones directas desde Oriente Próximo (que cubrían cerca del 60% de su queroseno y del 40% de su diésel) y pierde a la vez la vía asiática.

Erick Guaman, analista de AFI, advierte que no es solo que Asia produzca menos: es que lo poco que se produce ya no sale hacia Europa. Así, China ha restringido sus exportaciones de combustible para proteger el mercado interno y sus envíos de diésel y gasolina llevan semanas prácticamente paralizados, mientras que India ha elevado el impuesto a la exportación de diésel y combustible para aviones para asegurar su suministro doméstico, lo que encarece y desincentiva los envíos a una Europa cada vez más necesitada. “EE UU ha acelerado sus exportaciones de fuel para aviones, pero incluso si todos sus envíos se dirigieran a Europa, solo cubrirían algo más de la mitad del déficit”, explica.

Ante la falta de crudo de Oriente Próximo, las refinerías de la región afrontan sus propios desafíos técnicos. Según explica Guaman, están adquiriendo crudos ligeros de EE UU, África Occidental y Kazajistán, pero las instalaciones no están del todo preparadas para procesar este tipo de petróleo. Además, en el momento en que una refinería se ve obligada a parar por falta de crudo, su reactivación es compleja y puede provocar daños técnicos, pérdida de eficiencia y retrasos prolongados en el arranque. “El riesgo ya no sería únicamente de pérdida temporal de producción, sino la posible destrucción de capacidad de refino en un mercado global ya muy ajustado“, concluye García Castro.

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