La guerra en Irán abre un nuevo camino para las petroleras en Bolsa
El sector recupera el favor de los inversores ante la perspectiva de un crudo más caro, incluso cuando acabe la guerra en Irán

El petróleo se ha convertido en un factor condicionante para invertir este año. La guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz han llevado al brent en las últimas semanas por encima de los 100 dólares, rompiendo todos los esquemas iniciales de economistas y gestores para 2026.
La tensión del mercado energético ha sacudido a los índices bursátiles, ya en remontada, y ha colocado a las petroleras como las grandes ganadoras del momento, incluso tras el anuncio de este viernes de la reapertura de Ormuz en el marco de la tregua entre EE UU a Irán. El sector está sacando provecho tras un tiempo dejado de lado por los inversores bajo la presión de un petróleo en descenso y de la transición energética. De hecho las empresas de combustibles fósiles llegaron a estar casi proscritas de muchas carteras globales por criterios de sostenibilidad. Tras años de generosas políticas de dividendos con las que retener a los inversores también habían comenzado ya a recortar programas de recompra de acciones. Hasta el estallido inesperado de la guerra en Irán, que está dando nuevas perspectivas al sector más allá del corto plazo. El regreso a la situación previa al cierre de Ormuz llevará tiempo y va a dejar previsiblemente un petróleo más caro. Además, la necesidad de mejorar la seguridad del suministro augura la construcción de nuevas infraestructuras.
En Europa, el índice sectorial energético del Stoxx ha llegado a máximos históricos y acumula una revalorización superior al 27% en el año, con Saipem (60%), Nordex (56%) y Eni (34%) en las posiciones más destacadas. Enel Ibex, Repsol suma el 21%.
El balance en Estados Unidos está muy a la par. El grupo energético del S&P avanza el 18%, con Texas Pacific (45%) y ConocoPhillips (21%) como líderes; igualmente el sector ha cotizado estos días en el nivel más alto de su historia.
La noticia anunciada el viernes por Teherán de permitir la apertura plena del estrecho de Ormuz apunta a ser el principio de un acuerdo de paz para la zona, aunque sujeto aún a múltiples interrogantes. “Un cese de hostilidades no provocaría una avalancha inmediata de buques cisterna a través del Estrecho, ya que los armadores, operadores y tripulaciones probablemente desearían un período de calma antes de reanudar la actividad. El mismo plazo prolongado se aplica a la reanudación de la producción en los numerosos yacimientos que han sido cerrados alrededor del Golfo Pérsico”, señala Intermoney. La vuelta a una relativa normalidad, aunque no sea plena, se estima llevará meses.
La mecha, por tanto, sigue estando viva para el sector energético. Julián Pascual, presidente y gestor de renta variable de Buy & Hold, recuerda que cualquier variación de uno o dos millones de barriles que se produzcan o consuman tiene un impacto en el precio del petróleo de unos 10 dólares por barril. “Todo apunta a que este va a pasar de ser un sector muy odiado por muchos a muy deseado, ya que cualquier regreso a la normalidad requeriría de varios años incluso aunque la paz llegase con agilidad”, añade.
A más corto plazo, la publicación de resultados empresariales cobrará intensidad las próximas semanas y será otro factor clave en el devenir de las Bolsas. En el caso de Europa, el consenso prevé un crecimiento medio del 3% del beneficio por acción, “impulsado por los sectores energético y financiero, mientras que las expectativas de crecimiento para el resto del mercado siguen siendo negativas”, señala Bank of America.
En el caso concreto de las petroleras europeas, Goldman Sachs apunta a que el beneficio neto ajustado aumentará un 56% con respecto al cuarto trimestre de 2025. El banco tiene altas expectativas en “Vår Energi, al tener la mayor participación en la producción de gas de la UE entre las compañías de exploración y producción”, y en BP por dos motivos: su potencial, ya que es de las que menos ha subido desde el inicio del conflicto y por su baja exposición al estrecho de Ormuz. La británica ha anticipado unos resultados “extraordinarios”, que hará públicos el próximo 28 de abril. En medio de la espera, UBS ha decidido elevar la recomendación de BP a comprar desde neutral por su confianza en la nueva CEO, Meg O’Neill, que ha iniciado su mandado este abril, además de por el alza del crudo.
En Estados Unidos, la primera en dar pistas sobre la evolución de la actividad ha sido Exxon Mobil. La empresa ha adelantado que el 6% de su producción mundial del primer trimestre se ha visto afectada, debido principalmente a la interrupción en un complejo de producción de gas natural en Qatar, del que es socio. No obstante, la menor producción se va a ver compensada por unos elevados márgenes de refino.
Uno de los aspectos de interés va a ser la política de retribución. Goldman Sachs advierte que “los mayores beneficios podrían traducirse en más gasto de capital en lugar de un mayor pago para los accionistas”. “A diferencia de 2022 no se prevé un aumento significativo en la devolución de efectivo”, comenta.
La entidad recuerda que en el último tramo de 2025 –con el Brent en la cota de los 60 dólares– salvo Shell, Galp y Repsol, la mayoría anunció recortes en los programas de recompras de acciones, mientras que otras lo suspendieron con el objetivo de sanear el balance, como BP.
Goldman Sachs sitúa a Repsol entre las más atractivas en el pago al accionista. La empresa capitaneada por Josu Jon Imaz ha presentado su nuevo plan estratégico “al margen del conflicto en Oriente Próximo”. Contempla un incremento del dividendo del 3% en 2026 además de la puesta en marcha de un programa de recompra de 750 millones de euros.
Las grandes petroleras europeas son mucho más generosas que las estadounidenses; la rentabilidad total (dividendo más recompra) alcanzará el 7,9% para 2026 y 2027 según estima Goldman Sachs, frente al 1,94% actual del sector del S&P 500, de acuerdo a los datos de BofA,
En la búsqueda de acciones atractivas dentro del sector energético, Divacons Alpahalue distingue tres escenarios. Para el corto plazo se decanta por Equinor, Aker BP, Galp Energia y Repsol, “al ofrecer una exposición pura al sector upstream con un fuerte apalancamiento operativo respecto al brent”. Además, “son empresas que operan en jurisdicciones políticamente estables (Mar del Norte, Brasil) sin dependencia directa de la infraestructura de Oriente Próximo”, indica.
A medio plazo la elegida es BP, y la razón es que “asegura barriles de bajo coste y larga vida útil a través de su participación del 35% en el proyecto Karabaj/Caspio ubicado fuera de las rutas de exportación del Golfo”.
La francesa Technip Energies es una buena inversión a largo plazo para la firma. “Está bien posicionada en proyectos de ingeniería y licuefacción de gas natural. Las tensiones geopolíticas y la destrucción de infraestructura aumentan la visibilidad de la cartera de pedidos”, indica.
Divacons Alphavalue completa la lista con Neste, OMV y Hellenic Energy, que tienen una fuerte exposición al diésel y a los destilados intermedios, “precisamente la gama de productos que presenta los márgenes de refinación más altos en el entorno actual”.
La escalada del crudo no solo está beneficiando a las clásicas petroleras. Barron’s recogía en una publicación reciente que la mayoría de los países del Golfo probablemente empezará a construir otras vías para extraer su crudo. “Arabia Saudí ya tiene un oleoducto hacia el Mar Rojo, y los Emiratos Árabes Unidos uno que transporta petróleo alrededor del estrecho hasta el Golfo de Omán. Los analistas esperan que esos países opten por rutas alternativas y que sus vecinos sigan su ejemplo”, señala.
Este panorama supone más inversiones en favor de aquellas que construyen infraestructuras. Por ejemplo, la italiana Saipem, que trabajó en el oleoducto Este-Oeste saudí, ha realizado trabajos para Catar y Kuwait, países que “podrían estar buscando soluciones alternativas al Estrecho en el futuro”, desvela Barron’s. El mercado prevé que el beneficio por acción de Saipem aumente un 50% este año, y destaca que a pesar de la revalorización acumulada en el ejercicio cotiza a un PER de 17,5 veces los beneficios esperados en 2026.
Otro actor importante en Oriente Próximo es SLB ( anteriormente denominada Schlumberger), la mayor empresa internacional de servicios petroleros, que acaba de ampliar su negocio en países como Irak y Arabia Saudí; en el año sube el 35%.
También, en las apuestas de los gestores se localizan otras opciones al margen del contexto actual. Es la estrategia, por ejemplo, que sigue Julián Pascual. “Desde hace tiempo, mantenemos posiciones en International Petroleum Corp (Ipsos). Además de que nos parecía que el sector había sido muy penalizado en los últimos tiempos frente a una economía muy dependiente del petróleo para funcionar, su gestión como empresa familiar muy alineada con los accionistas es para nosotros un factor decisivo que la hace mucho más atractiva que otras cotizadas del sector”, asegura. Ipsos, con sede en Canadá, lleva ganado el 46% en 2026 y el 2.160% desde 2020.
A pesar de la escalada experimentada por las petroleras, las valoraciones siguen siendo atractivas para los expertos. Bank of America estima que el sector energético del S&P cotiza a 0,51 veces su valor en libros, cuando la media histórica se sitúa en 0,69 veces. En Europa, JP Morgan ha recomendado comprar acciones de petróleo y gas, al no estar “excesivamente caras”.
Mientras, Mark Lacey responsable de renta variable de Schroders, comenta que “el sector sigue estando infrarrepresentado en los índices mundiales” y que “si la asignación de capital aumenta durante un ciclo de inversión sostenido, los beneficios son más sólidos. Si hay una mejora de la confianza, respaldará las cotizaciones”.