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El Tesoro aprovecha el tirón europeo: la demanda de deuda a 30 años supera 17 veces la oferta

Los inversores solicitan un récord de 119.000 millones de euros en bonos a largo plazo frente a los 7.000 ofertados por España

Secretaria General del Tesoro, Paula Conthe. JUAN BARBOSAJUAN BARBOSA

El creciente nerviosismo que genera la nueva ofensiva arancelaria de Donald Trump está disparando la demanda bonos europeos. La necesidad de diversificación ante la guerra arancelaria y la presión sobre el dólar han convertido a la deuda europea en un refugio, lo que ha estrechado las primas de riesgo europeas y disparado la demanda de bonos. En este clima de incertidumbre, el Tesoro está aprovechando para cerrar, con fuerte demanda, colocaciones privadas en el mercado. Apenas un mes después de vender 15.000 millones de euros a diez años, hoy ha cerrado la emisión de una referencia con vencimiento en 2056. El Tesoro ha aprovechado la solidez de la demanda para captar 7.000 millones de euros, 1.000 millones más de lo que anticipaba el mercado, los 6.000 millones colocados en 2024, última operación a este plazo.

El interés por la deuda española ha sido inmediato. Ya en la apertura de libros, las órdenes de compra alcanzaban superaban los 75.000 millones y, al cierre, alcanzaron los 119.000 millones de euros, un 42% más que en la emisión equivalente de 2024. La demanda multiplicó por 17 la oferta y marcó el segundo récord consecutivo tras los 144.900 millones solicitados en la sindicada de enero. La participación de los inversores extranjeros alcanzó el 92,7%. “La mejora de la calificación y el buen desempeño de la economía española han permitido reducir la prima de riesgo hasta niveles no vistos desde antes de la crisis financiera. Como resultado, se viene observando un incremento del volumen y la calidad de la demanda”, apuntan fuentes del Tesoro.

La fortaleza de la demanda permitió además afinar el precio de salida. El diferencial, que partía de ocho puntos básicos sobre la referencia española a 30 años, se estrechó hasta el entorno de los cinco puntos (rentabilidad del 3,98%), abaratando el coste efectivo de la emisión. A ello se suma el impacto del ciclo de flexibilización monetaria de los dos últimos años, que continúa trasladándose a las nuevas colocaciones. La nueva referencia pagará un cupón del 3,95%, ligeramente inferior al 4% abonado en la emisión realizada hace dos años, aunque todavía muy por encima del 1,9% que ofrecen los bonos colocados en 2022.Hace cuatro años, los tipos de interés seguían anclados en el 0% y el BCE se preparaba para poner fin al programa extraordinario de compra de activos desplegado tras el estallido de la pandemia. Ahora el escenario es radicalmente distinto. Los tipos oficiales se sitúan en el 2% y la institución que preside Christine Lagarde no solo ha cerrado definitivamente las compras netas de deuda, sino que avanza en la reducción de su balance, consolidando el proceso de normalización monetaria.

Las emisiones sindicaciones se realizan al margen del calendario ordinario y en función de las condiciones de mercado. En ellas participa un grupo reducido de bancos colocadores que distribuye directamente los títulos entre grandes inversores institucionales. En esta ocasión, BNP Paribas, Citi, Crédit Agricole, Deutsche Bank y Goldman Sachs han sido las entidades seleccionadas.

Junto a enero, los meses habituales para este tipo de operaciones son febrero, junio y septiembre. El año pasado solo se ejecutaron tres: dos emisiones a diez años —al inicio y a mitad de ejercicio— y una a quince años. A través de este formato se captaron 35.000 millones. Pese a las ayudas por la dana y al aumento del gasto en defensa, el dinamismo de la recaudación tributaria permitió reducir en 5.000 millones las necesidades de financiación, hasta 55.000 millones. Esa menor presión llevó al Tesoro a prescindir de la sindicada prevista para septiembre. Para 2026, el Tesoro mantiene sin cambios su hoja de ruta y fija la emisión neta en 55.000 millones de euros, por tercer año consecutivo.

La operación de este martes coincide con un proceso de diversificación global, en el que los inversores están reduciendo su exposición a los activos estadounidenses y acelerando la compra de euros y deuda soberana de la región. A las mejores perspectivas de crecimiento en la zona euro se suman la mayor estabilidad institucional y los esfuerzos del BCE y del Eurogrupo por reforzar el papel internacional de la moneda única, factores que están actuando como soporte estructural para el euro.

Tras firmar en 2025 su peor ejercicio desde 2017, con una caída del 17% frente al euro, el dólar ha seguido debilitándose, llegando a rozar las 1,20 unidades por euro a comienzos de años. Pese a este entorno de volatilidad, las primas de riesgo europeas —especialmente sensibles al ruido político y financiero— han mostrado una notable resiliencia. El diferencial entre la deuda española y la alemana se sitúa en torno a los 40 puntos básicos y llegó a estrecharse hasta los 36 semanas atrás, mientras que el italiano ronda los 61 puntos básicos. Francia también se ha beneficiado de este proceso. La aprobación de los presupuestos y la reducción de la incertidumbre política han sido bien recibidas por el mercado. La prima de riesgo francesa cae por debajo de los 60 puntos básicos, lejos de los 86 registrados en octubre, aunque todavía sin recuperar los niveles previos al adelanto electoral de junio de 2024.

Más allá de estas iniciativas institucionales para fomentar el papel internacional del euro, el contexto macro también juega a favor del Tesoro. Tras recuperar las calificaciones previas a la crisis de 2012 gracias a las mejoras otorgadas por las agencias de rating, y con revisiones al alza de las previsiones de crecimiento por parte de organismos nacionales e internacionales, el crédito español ha ganado atractivo entre los inversores.

Con la colocación de este martes, el Tesoro ha ejecutado ya el 28,6% (50.595 millones de su programa de financiación a medio y largo plazo para 2026. Los esfuerzos por blindarse de los cambios en los tipos se traducen en emisiones a más largo plazo. Esto permite mantener anclada la vida media en los 7,96 años y el coste de la cartera de deuda en el 2,852%, por encima del 1,64% registrado en 2021, un periodo en el que la rentabilidad de la deuda a 10 años rondaba tipos negativos.

En un momento en el que los flujos globales empiezan a cuestionar la primacía indiscutida de los activos estadounidenses, la deuda española se está beneficiando de ese reequilibrio silencioso. La combinación de crecimiento superior a la media europea, normalización fiscal y respaldo institucional no solo reduce el coste de financiación, sino que consolida al Tesoro como uno de los emisores mejor posicionados en el nuevo mapa financiero internacional que empieza a dibujarse tras la era del dinero ultraabundante.

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