Invertir con la tabla periódica: las materias primas se consolidan en las carteras y atraen al dinero más especulativo
Oro, plata, aluminio, platino o níquel marcan máximos en el inicio de año, al calor del apetito inversor por activos tangibles y en perjuicio de dólar o bonos de EE UU


Los metales preciosos e industriales están de moda entre los inversores. En un año que arranca con los índices en máximos y plagado de incertidumbres geopolíticas de alto voltaje, las materias primas —sin incluir el petróleo o el gas— han irrumpido en las carteras de forma arrolladora: oro, plata, aluminio, cobre o níquel cotizan en máximos y tienen recorrido alcista por delante, según los analistas. Su uso industrial, clave para la electrificación y el desarrollo de la inteligencia artificial, despierta el interés de los gestores para incorporarlos de forma estratégica en su cartera. Pero estas aplicaciones justifican solo en parte las subidas de precio; principalmente se han convertido en protagonistas de las estrategias de mercado con las que intentar protegerse del riesgo geopolítico y adaptarse a un entorno de desconfianza hacia el dólar y los bonos de EE UU.

Los metales han arrancado 2026 prolongando la incansable racha de máximos históricos. En las dos primeras semanas del año el oro rebasa los 4.650 dólares por onza en un nuevo récord, la plata se dispara el 25% al filo de los 90 dólares, mientras el estaño ha llegado a acumular un alza en lo que va de 2026 del 35%. La diversificación de la cartera y la asignación de activos pasa este año por la tabla periódica, asumiendo también grandes dosis de volatilidad en los precios ya en récord de estos elementos ante la evidencia de que interesan a todo tipo de inversores, también a los más especulativos.
En la sesión del viernes registraron importantes caídas por una causa que refleja bien la fiebre inversora que rodea a estos activos. Los reguladores del mercado financiero chino ordenaron a las Bolsas del país —incluyendo a la Bolsa de Futuros de Shanghái, la principal plataforma de negociación de metales— que obligaran a los brókeres locales a separar de sus centros de datos los servidores, una medida dirigida directamente a la negociación de alta frecuencia, que ubica sus servidores en los propios centros de datos de las Bolsas para lograr una ejecución más rápida. Los operadores buscan sacar partido a la efervescencia con operaciones apalancadas y resueltas en milisegundos, un reflejo de la situación actual del mercado.
La medida de las autoridades chinas buscaría dar cierta estabilidad a los precios en una economía para la que son claramente estratégicos. El nivel de demanda por parte de China es uno de los factores determinantes para el precio del cobre, la plata o el aluminio. Y su uso industrial, desde cables a coches eléctricos, centros de datos y redes de transmisión y en la defensa, está en el fondo del interés inversor. Así, Goldman Sachs apunta a la continuidad de la subida de su precio, ya que “seguirán probablemente en el centro de la carrera entre EE UU y China por el poder geopolítico y el liderazgo tecnológico y de la inteligencia artificial”. El banco estadounidense cree además que esos productos básicos son una suerte de activo refugio para la cartera, puesto que “el riesgo de interrupciones en el suministro aumenta por la competencia entre EE UU y China y otros conflictos geopolíticos comerciales”.
La amenaza de aranceles sobre el oro, la plata o el cobre, una constante durante 2025, ha reforzado las subidas de precio —el aluminio ya los sufre— y provocado un flujo continuo de estos activos hacia EE UU como medida preventiva para evitar esas tarifas. Hacer acopio de estos materiales es estratégico y el mercado lo sabe. En la convulsa negociación de los metales, que aún no se han sacudido la amenaza arancelaria de Trump, ha perdido operativa el mercado de Londres en favor de Nueva York y se llega a dar el fenómeno por el que los precios al contado a corto plazo cotizan por encima de los precios de los futuros, un síntoma de la fuerte demanda y la escasez de estos metales. Pese a la fragilidad geopolítica, el escenario central es de crecimiento económico y de nuevas bajadas de tipos de interés por parte de la Fed, lo que favorecerá la actividad industrial y, con ello, la demanda de estas materias primas.
Estos activos, además tienen un componente que los pone en la diana de los inversores en estos tiempos convulsos: al igual que el petróleo o las inversiones inmobiliarias, representan bienes tangibles. En un mundo financiero en transición en el que el dólar y la deuda soberana estadounidense pierden fiabilidad a medida que las políticas de Trump sacuden el mapa geopolítico y cuestionan la independencia de la Reserva Federal, las cosas que se pueden tocar con las manos ganan interés. Citi reconoce que “la mayor asignación de los inversores a activos tangibles (incluidas todas las materias primas) debido a los temores de devaluación monetaria y la debilidad del dólar representa otro factor alcista importante, con los metales básicos impulsados por la fortaleza de los precios de los metales preciosos”.
Citi prevé metales más caros este año, con una previsión para el cobre en los 14.000 dólares la tonelada, de 5.000 dólares la onza y de 3.400 dólares para el aluminio, para el que aprecia un escenario alcista de forma estructural por la escasez de oferta. “Las materias primas, y en especial el oro, han pasado de tener un papel táctico a uno estratégico en la cartera. Hay una verdadera fiebre hacia los metales”, explica Mikel Ochagavia, director de inversiones de Acacia Gestión, para quien estos activos proporcionan una cobertura ante la debilidad del dólar y una inflación que aún resiste y que son sobre todo una vía para exponer la cartera a la inteligencia artificial más allá de los valores tecnológicos.