Los bonos basura aportan activos como garantía para sacudirse el estigma ya y rentan un 6%
Dos tercios de las nuevas emisiones cuentan con el respaldo de colaterales para dar seguridad al inversor


En el argot financiero (y en muchos otros), muchos eufemismos tienen su reverso despiadado. Las famosas hipotecas subprime —que estuvieron en el origen de la explosión de la gran crisis financiera de 2008— se popularizaron como “hipotecas basura”. Igual que a los fondos de inversión libre —hedge funds, en inglés— se les aplica el sambenito de “fondos buitre”.
Otro ejemplo de estas dos caras del lenguaje financiero es la deuda emitida por compañías que no tienen la máxima calificación crediticia. Los entendidos hablan de high yield bonds, por la alta rentabilidad que ofrecen. Pero en muchos titulares acaba apareciendo como “bonos basura”. El sector lleva años luchando contra ese estigma. ¿Pero cómo? A base de incorporar garantías adicionales a esas emisiones, acreditar unos niveles de morosidad más bajos de lo esperable y un retorno que supera el 6% anual.
Las agencias de calificación crediticia —S&P, Fitch, Moody’s...— otorgan a las empresas y a los países que emiten deuda una nota en función del riesgo que existe de que no devuelvan el dinero. Los bonos de los emisores más solventes se denominan investment grade, y por debajo está la mencionada categoría de bonos high yield.
Gonzalo Ramón-Borja Álvarez De Toledo lleva 25 años invirtiendo en este tipo de activos, casi siempre desde Suiza. Ahora es el máximo responsable en España de la gestora Swisscanto —con 346.000 millones de euros bajo gestión—, y aprecia un cambio de paradigma en relación a ese tipo de deuda.
“En los últimos meses estamos viendo cómo en el 60% de las nuevas emisiones de bonos high yield están incorporando garantías adicionales para el inversor, aportando activos como colateral”, relata el experto.
Un ejemplo concreto. Las compañías de cruceros Carnival Cruise Line o Royal Caribbean —entre las mayores del mundo— no tienen la máxima calificación crediticia por parte de todas las agencias. Eso hace que al emitir deuda se les exija un tipo de interés superior al de otras empresas más solventes. ¿Cómo conseguir reducir esa carga financiera? Incorporando a la emisión una garantía específica para los bonistas. En concreto, aportando barcos. En caso de impago, los bonistas de estas emisiones tendrán preferencia para cobrarse la deuda ejecutando la garantía: vendiendo el barco.
“Ya ha habido varios casos de compañías que no han podido atender los compromisos con los bonistas y, en el caso de esa deuda con colaterales, sí que han recuperado todo lo invertido”, describe el jefe de Swisscanto en España.
La cadena hotelera Hilton, la filial neerlandesa de Vodafone, o la española Grifols, son otros ejemplos de compañías que recientemente han utilizado esta fórmula de bonos high yield con garantías.
Jack Stephenson, experto en deuda corporativa de EE UU en AXA Investment Managers, explica en uno de sus últimos informes por qué “el antiguo estigma asociado al mercado de bonos de alto rendimiento podría haber quedado obsoleto”.
El especialista recuerda que en los últimos años se ha producido un aumento en la proporción de nuevas emisiones de bonos high yield garantizados, que tienen prioridad sobre la deuda no garantizada en la estructura de capital al estar respaldadas por activos subyacentes. “Esto ofrece mayores tasas de recuperación a los acreedores, lo que compensa los tipos de interés nominales más bajos”, subraya.
Según los datos de Swisscanto, el 30% del mercado de bonos corporativos sin la máxima calificación crediticia ya tiene garantía adicional. Esta no tiene por qué ser un activo físico (un barco, un terreno o una fábrica), sino que puede ser un bien intangible, como una marca, un programa informático o una patente.
En la actualidad, este tipo de deuda está pagando un cupón anual de más del 6,5%, lo que la convierte en un activo de renta fija muy atractivo para batir a la inflación, “algo que ahora no está ofreciendo la mayor parte de la deuda soberana”, recuerda Ramón-Borja.