La vuelta al trabajo tras las vacaciones, de tristeza temporal a crisis existencial
Los expertos aconsejan no preocuparse si se sufre síndrome posvacacional unos días. Priorizar tareas y buscar momentos de asueto son algunas recetas para superarlo


Cierto malestar, dolor de cabeza o problemas digestivos son los síntomas que muchos españoles pueden haber sufrido en estos últimos días coincidiendo con la vuelta al trabajo. Así es como se manifiesta el síndrome posvacacional, explica Joaquín Mateu, profesor del grado en Psicología de la Universidad Internacional de Valencia. “Lo más importante es no preocuparnos en exceso si estamos viviendo este tipo de sensaciones, que se asemejan mucho a lo que conocemos generalmente como ansiedad. No es grave, no es un problema. Es más bien una cuestión de adaptación. Y suele durar desde dos días a dos semanas”.
Mateu señala que hay que hacer el proceso de incorporación “lo más paulatino posible”, para no sufrir síndrome posvacacional. Para ello, recomienda empezar con las cosas sencillas o los procesos más automáticos. “La idea aquí es redistribuir la carga acentuada que solemos tener en la reincorporación entre las distintas tareas según el grado de urgencia y complejidad”.
Un consejo similar es el que aporta Carmen Romero, jefa de gente y cultura en ManpowerGroup España. “Lo que recomiendo a los miembros de mi equipo y de mi compañía es prepararse, incluso si es posible el día de antes repasar la agenda de la semana, y definir las prioridades de lo que es urgente respecto a lo que es importante”. Romero añade que a ella le ayuda en los primeros días llegar pronto a la oficina, cuando no hay apenas gente, en lugar de salir tarde porque se le haya acumulado trabajo. “Así puedes volver a una hora moderada a casa”, apunta, antes de resaltar la importancia de los momentos de desconexión.
A este respecto, Joaquín Mateu aconseja no olvidar las actividades de ocio. “Intentar que esos primeros días de trabajo no se limiten únicamente a nuestras responsabilidades. Tratar de contemplar también pequeñas actividades gratificantes y agradables que quizá habías recuperado durante el verano. Que no se extingan inmediatamente”.
Coincide lo que Mateu recomienda con las pautas que ofrece Pilar del Pueblo, coordinadora de la división de Psicología del Trabajo, de las Organizaciones y los Recursos Humanos del Consejo General de la Psicología. “Conviene recordar aquello que nos ha ido bien durante las vacaciones y tratar de mantener en el día a día, en la medida de lo posible, esas actividades de autocuidado, como puede ser quedar con gente, salir al aire libre o desconectar de redes sociales”. Recalca también, como Mateu, que no hay que preocuparse en exceso por el síndrome posvacacional, que no es un problema psicológico como tal. “Hay que aceptarlo. Es lógico sentir esa resistencia, la pereza y las pocas ganas de volver a una mayor obligación y presión”.
A veces, apunta, la situación se complica cuando las vacaciones no se han disfrutado tal y como se habían planeado o imaginado. Para lo que tampoco ayuda la comparación con los días de estío que otras personas muestran en redes sociales. “Eso puede generar una frustración, que perjudica en los primeros días”. Añade que esa resistencia a volver dependerá de cómo es el entorno al que se llega. No es lo mismo hacerlo a un puesto de trabajo que gusta y con compañeros con los que se tiene buena relación que retomar una rutina en un ambiente hostil. “Si el síndrome deriva en una sensación de ansiedad, hay que tomar conciencia y evaluar qué tiene ese lugar al que se vuelve que nos hace mal”.
¿Momento para cambiar?
Septiembre, al igual que enero, suelen ser meses en los que muchos se plantean nuevos retos o cambios en sus vidas. Para los expertos consultados, es un buen momento para evaluar si el trabajo que se tiene es el que se quiere o es tiempo de dejarlo. Pero, no conviene “tomar decisiones importantes en caliente, especialmente durante la primera semana, cuando el cuerpo y la mente aún se están adaptando al nuevo ritmo”, como dice Mónica Muncharaz, gerente de salud y seguridad de Gi Group.
Si, pasadas unas semanas, la sensación de malestar se mantiene, entonces sí sería aconsejable, en opinión de Muncharaz, valorar cambios internos que tengan que ver con las funciones, la carga de trabajo y la organización o, en su caso, valorar otras opciones fuera.
El síndrome posvacacional por sí mismo, explica Muncharaz, no provoca ese agotamiento en el empleado que en el sector se conoce como burnout, pero sí puede actuar como “detonante”. “No aparece por tener una mala semana al volver de vacaciones, sino por un proceso más largo, marcado por un agotamiento físico y mental, derivado de una situación de estrés crónico dentro del entorno laboral”.
El papel de la empresa
No caer en el síndrome posvacacional no es solo tarea de los empleados, las empresas también pueden llevar a cabo acciones para ayudar a su personal a hacer más llevadera la vuelta. Pilar del Pueblo sostiene que deben tener en cuenta cómo se sienten los trabajadores y darles un poco de margen después de días de desconexión. En lo que respecta a medidas concretas que se pueden tomar, Muncharaz propone definir qué es lo verdaderamente urgente, repartir el trabajo acumulado, limitar las reuniones los primeros días y ayudar en la conciliación familiar. “También es fundamental mantener prácticas claras de desconexión y una buena planificación de coberturas en periodo vacacional, ya que esto reduce el impacto de la reincorporación”.
Carmen Romero ve el proceso como “una responsabilidad mutua” de empresas y empleados, en el que tener en cuenta quién se va incorporando y cuándo, ayudar al trabajador a ponerse al día con lo que ha pasado mientras no estaba y tratar de que esa energía con la que llega tras sus vacaciones no se haya perdido a los dos días, y con ella la ilusión. Del mismo modo, recuerda que “el bienestar ya no es un beneficio, es algo que ayuda a aumentar la productividad”.
Para ella, septiembre es un buen momento para hacer reuniones de equipo en las que plantearse qué se puede cambiar para ser más eficientes. Y resalta la importancia de un liderazgo cercano. “Se trata de traer la humanidad a esa primera semana para que el golpe no sea demasiado fuerte”.
Sobre esa humanización de la que habla Romero, Muncharaz defiende que la vuelta al trabajo no debería gestionarse solo desde la organización, sino también desde la empatía. “Escuchar, apoyar y generar confianza sigue siendo la mejor fórmula para favorecer el bienestar y el compromiso de los equipos”.
Aceptación, una transición suave y saber distinguir entre la justificada morriña hacia las vacaciones o un malestar por la vuelta a un trabajo que no es el que realmente se quiere son las claves para una vuelta a la rutina menos dolorosa.