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EL FARO DEL INVERSOR
Tribuna

2026 comienza en clara tendencia alcista... a pesar de mi pesimismo de largo plazo

Un deterioro rápido de los datos de empleo podría hacer girar los mercados

Una de las principales enseñanzas que siempre he tratado de cultivar es la necesidad de utilizar herramientas e indicadores que objetiven lo que estamos viendo en los mercados. Todos tenemos “derecho” a tener nuestros sesgos, pero, como analistas e inversores, estamos en la obligación de dejar nuestros sesgos a un lado —en la medida de lo posible, ya que, al fin y al cabo somos humanos—, y tratar de lidiar con los hechos que se van presentando en los mercados, la economía, la sociedad y la política mundial.

A mis ojos, pierdo rápidamente el interés en cualquier analista, inversor o persona que no es más que un siempre-alcista o un siempre-bajista, porque ese tipo de cosas son ideologías y no hechos. Es como escuchar a un comunista que dice que el comunismo funciona, pero que todavía nadie lo ha aplicado de la forma correcta.

Explico todo esto porque, haciendo balance del año que se ha ido y pensando en este que ya ha llegado, hay una divergencia importante entre lo que veo ahora mismo, que estamos en un mercado claramente alcista, y mi expectativa de que el fin del ciclo de largo plazo nacido en 2009, en medio de la Gran Recesión, hace nada menos que casi 17 años, está cerca de su final y que se avecinan años de vacas flacas, para los inversores buy and hold, o aquellos cuyo paradigma es simplemente comprar y mantener. Un error histórico, en mi opinión. Por ejemplo, la valoración de la bolsa estadounidense está por encima de su percentil 98, utilizando múltiples herramientas de valoración. Es decir, aunque 2026 no se parece en nada a la burbuja tecnológica que implosionó en 2000, las valoraciones sí están a la par.

Es más, creo que en algún momento de los próximos años la economía de los Estados Unidos va a sufrir una enorme tormenta provocada por su insostenible posición fiscal. Algo que creo que ocurrirá durante la presidencia de Trump. La cuestión es, si ahora mismo con expansión económica se está incurriendo en un déficit propio de grandes crisis, ¿qué ocurrirá cuando vuelva a llegar una recesión económica? Si los políticos estadounidenses deciden alcanzar aún un mayor déficit, se corre el riesgo de que el mercado empiece a dudar de la deuda soberana estadounidense y del dólar. Si se decide seguir la vía de apretarse el cinturón, eso podría provocar la madre de todas las recesiones. En todo caso, la economía yanqui parece estar arrinconándose en una mala posición del tablero. Una posición de extrema fragilidad, haga lo que haga.

Quien me sigue de cerca conoce este sesgo pesimista que tengo, desde hace ya casi dos años, pero eso no me ha cegado a la hora de permanecer alcista cuando así lo han dictado y dictan los hechos. Y es así como hemos cerrado 2025 y comenzado el nuevo el año, con (i) la tendencia de cotizaciones, con (ii) la amplitud de mercado y (iii) hasta con la economía, todas en positivo. Sobre la economía, ésta sigue creciendo, en el sentido de que el PIB sigue siendo positivo y de que en general se sigue creando empleo,, aunque a un ritmo muy bajo y con algún que otro mes en negativo.

Hace no muchos días, por fin, el Departamento de Trabajo estadounidense publicó los datos de empleo, tanto del mes de octubre como de noviembre, datos que no se pudieron publicar el primer viernes de cada mes como suele ser habitual, porque el gobierno federal estuvo “cerrado” por la falta de acuerdo del Congreso a la hora de elevar el techo nominal de la deuda del país. Aunque a priori podría ser preocupante que en octubre se perdieran 105.000 empleos, la mayoría fueron empleos públicos por culpa de dicho cierre gubernamental. En términos generales, se puede decir que se sigue creando empleo y eso es suficiente para entender que el ciclo económico “sigue vivo”.

Si observamos la creación mensual de empleo exclusivamente en el sector privado, vemos las cosas con más claridad. En junio se perdieron 27.000 empleos en el sector privado y en agosto apenas se crearon 10.000, pero desde entonces la creación de empleo ha seguido siendo positiva, con 104.000 empleos creados en septiembre, 52.000 en octubre y 69.000 en noviembre. Nada brillante, pero no es lo que se ve durante una recesión económica y que sería lo que preocuparía a los mercados.

Observando datos alternativos calculados por entidades privadas no asociadas al Gobierno como son los datos de Automatic Data Processing (ADP), la fotografía muestra la misma tendencia aunque con mayor debilidad. Desde el anuncio de aranceles por parte de Trump en abril, la media mensual de creación de empleo en el sector privado ha sido de 19.125 empleos. Una cifra muy reducida. En estos datos de ADP, a diferencia de los oficiales referidos al sector privado, se han registrado varios meses de destrucción de empleo. En mi opinión, el mercado no ha entrado en pánico con respecto a estos datos por tres razones.

Primero, porque el mercado laboral suele ir algo retrasado al ciclo económico-bursátil y, para muchos, lo ocurrido desde abril es consecuencia del anuncio de aranceles globales por parte de Trump. Pero toda vez que tras ese anuncio, el presidente de los Estados Unidos ha ido dando pasos marcha atrás, la expectativa es que la economía consiga recuperar el vuelo. Eso aún no ha ocurrido como tal en lo que respecta al mercado de trabajo, pero existe esa expectativa de mejora.

En segundo lugar, porque hay consenso de que parte de los problemas del mercado de trabajo se debe a la política fuertemente antiinmigratoria del actual gobierno, lo cual ha reducido la base de personas a las que contratar. Al menos eso es lo que dice la propia Fed.

Y, en tercer lugar y siendo esto lo más importante en mi opinión, porque la debilidad del mercado laboral es lenta y no aguda. Los datos macro suelen causar efecto en los mercados cuando crean sorpresas sobre el consenso. Y para que generen sorpresas los cambios en los datos macro deben ser agudos. Un mes de creación moderada de empleo, seguido de otro mes de destrucción menor de empleo y seguida a su vez por otro mes de creación moderada de empleo, eso no es una crisis aguda, es más de lo mismo. Una situación de impasse o punto muerto.

Los mercados entrarían en turbulencias si se produce una racha seguida de pérdidas de empleos, lo cual significaría que la economía estaría entrando, de verdad, en una recesión económica. Ahora mismo, la economía del gigante norteamericano no presenta este tipo de emergencia. Dicho esto, recomiendo estar atentos porque este tipo de cosas pueden cambiar de signo de forma veloz. No es la primera vez que el empleo se crea y se destruye de forma moderada durante unos meses, para después pasar a “modo recesión” sin mayor aviso. Un buen ejemplo es lo ocurrido antes de la crisis de 2008, donde el empleo se moderó durante meses antes de volverse netamente negativo y colapsar por varios trimestres. Pero mientras esto no ocurra, la tendencia, como se suele decir, es tu amiga.

Hugo Ferrer, gestor GPM S.V. y director Club Bursátil Confidencial.

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