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The Concrete Home: casas de lujo de hormigón prefabricado más baratas y rápidas de construir

La compañía madrileña construye con precio cerrado y en un plazo de seis a nueve meses. Factura 15 millones y levanta más de 20 estructuras al año

Construir una vivienda ha seguido el mismo ritual durante siglos: ladrillo a ladrillo, meses de obra, presupuestos que se estiran y decisiones que se toman sobre la marcha entre polvo y andamios. Una escena casi inmutable en un sector tradicional. Frente a esta lógica, la compañía madrileña The Concrete Home apuesta por llevar la obra a la fábrica: produce los muros de hormigón en taller, los ensambla en parcela y entrega casas de lujo en meses y a precio cerrado. “No queremos improvisar. Antes de empezar, tiene que estar todo pensado”, apunta Manuel García, director ejecutivo y cofundador.

Este modelo de prefabricación funciona como un servicio integral: la empresa asume el diseño, la construcción, la gestión de licencias y los estudios técnicos. Cada proyecto se define a partir de modelos propios o a medida y se trabaja con proveedores habituales. La lógica es industrial: planificar todo antes de ejecutar. “Últimamente, odio ver un ladrillo en la obra, si veo uno es un mal día”, bromea el CEO.

La organización se materializa en la fábrica, donde se producen los paneles estructurales de hormigón que viajan en camión y se montan con grúas. El espectáculo sorprende a los clientes. “En semanas tienen su casa montada. Hay gente que pide vacaciones para verlo”, cuenta García. Lo que en la construcción tradicional supera el año, aquí se comprime. “Desde la concesión de la licencia, la vivienda se entrega en un plazo entre seis y nueve meses, frente a los 16 o 24 convencionales”, explica Álvaro García, hijo de Manuel y director de operaciones y cofundador.

El precio oscila entre 1.900 y 2.300 euros por metro cuadrado con diseño, licencias y construcción incluidos

La prefabricación también reduce el impacto ambiental. “Con muros de ladrillo llenas muchos contenedores, mientras que nosotros generamos muy pocos desechos”, asegura el director de operaciones. Además, las viviendas se entregan con certificado energético A. “El consumo medio de electricidad es de 50 o 60 euros al mes en una casa de 200 o 300 metros cuadrados”, sostiene Álvaro García. Este año, la compañía ha empezado a trabajar bajo estándares passivhaus (modelo de construcción que reduce casi a cero la necesidad de calefacción y refrigeración) para rebajar más la demanda energética.

Así es como The Concrete Home convierte la eficiencia en negocio. La compañía facturó 15 millones de euros en 2025 y prevé alcanzar los 20 millones en 2026, con la construcción de 20 viviendas de media al año en tres focos de operación: Comunidad de Madrid, Cataluña y Andalucía. Su propuesta se sitúa en el segmento alto de mercado, pero con costes cerrados poco comunes, de “entre 1.900 a 2.300 euros el metro cuadrado” para un cliente habitual de entre 40 y 60 años que busca “algo moderno y con mejores acabados”, según el director de operaciones.

Los inicios

El origen de la firma brotó en pleno derrumbe inmobiliario. Tras el colapso financiero de 2008, Manuel García, arquitecto técnico y promotor, vio cómo su actividad se detenía en seco. “La sangre del sector inmobiliario es la financiación bancaria y desapareció”, dice. Con tiempo para reflexionar, surgió la inquietud: “Siempre he pensado que la construcción ha sido igual desde los egipcios, así que busqué otros métodos”. El cofundador recorrió fábricas de diferentes puntos de España hasta que descubrió el hormigón prefabricado. En 2016 construyó junto a un socio su primera casa con este método, de 95 metros cuadrados en Collado Villalba (Madrid), un ensayo que marcó el inicio. “Empecé a tener más clientes y más actividad”, añade.

A la aventura se sumó su hijo, Álvaro García, que empezó como becario mientras estudiaba administración de empresas y marketing. Hoy ambos dirigen la compañía. “Discutimos como todas las familias, pero nos complementamos”, bromea Manuel García. La primera generación aporta la experiencia técnica; la segunda, la organización. Juntos recuerdan que la pandemia terminó de acelerar el modelo. “La gente empezó a replantearse cómo vivir y crecimos un 300%”, recuerda Álvaro García. El impulso se tradujo en estructura propia. La compañía dejó atrás “una oficina pequeñita en Las Rozas” para comprar un terreno y levantar en 2022 su sede en Torrelodones, diseñada y construida con su propio sistema, según el director de operaciones. La infraestructura se complementa con otra base en Málaga y una plantilla fija de 80 personas, entre oficina y obra.

Nació con la crisis de 2008 y creció un 300% durante la pandemia por el auge de las casas unifamiliares

Padre e hijo destacan diferentes hitos en su trayectoria. Álvaro García señala su incursión en Andorra, más allá de las áreas habituales de operación, donde se aventuraron a erigir dos viviendas de superlujo de 1.200 metros cuadrados y cuatro millones de euros de facturación. “Fue un proyecto muy exigente en mitad de una montaña”, rememora. Manuel García, en cambio, mira al mercado residencial: un edificio de cinco plantas en Collado Villalba, una construcción completa que, sostiene, “tiene un gran futuro”.

Consolidado el modelo, el siguiente paso es escalar. “El reto es la internacionalización, estudiamos dar el salto fuera de España”, afirma Manuel García. Para lograrlo, quieren producir más en taller: “La idea es que la instalación eléctrica o las ventanas salgan con el muro”, aclara Álvaro García. Más procesos en fábrica para ganar control y llevar el sistema a cualquier mercado. “Seguir creciendo es un desafío ilusionante”, reconoce Manuel García.

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