Implaser: de imprimir pegatinas a señalizar, iluminar y mejorar la accesibilidad del Metropolitano o el Thyssen
La empresa aragonesa factura 8,26 millones, emplea a 89 personas y refuerza su estrategia exterior. Sus avisos de emergencia están también en los metros de Madrid y Barcelona o el ferrocarril de Arabia Saudí
En 1999, cuatro socios de dos familias zaragozanas se reunieron en una nave alquilada en La Puebla de Alfindén con una máquina de serigrafía, unos pocos clientes para los que fabricaban pegatinas y, según recuerdan ellos mismos, “mucha ilusión”. Aquel primer año facturaron 30 millones de pesetas.
Hoy, Implaser es una de las empresas líderes en España en señalización luminiscente y de seguridad contra incendios, con 89 empleados, unas instalaciones de 4.000 metros cuadrados en el polígono de Alfajarín (Zaragoza), unas ventas de 8,26 millones de euros en 2025 y presencia en 26 países. Sus productos se encuentran en los metros de Madrid y Barcelona, en el estadio Riyadh Air Metropolitano o en el Museo Thyssen-Bornemisza.
“Empezamos a hacer señalización y vimos que había mucha normativa, muchas leyes, pero que no siempre se cumplía y que no había certificación”, cuenta Clemente Huerta, socio fundador y director de la firma. Sobre esa base, la empresa se puso a trabajar hasta conseguir, en 2004, que Aenor certificase sus señales de seguridad, siendo los primeros en obtener ese sello. Desde entonces se ha consolidado toda un área dedicada a los sistemas fotoluminiscentes homologados para múltiples tipos de edificios e industrias, así como balizamientos y señalización para túneles de carreteras y ferroviarios.
Además, su modelo de negocio incluye una segunda línea con pegatinas para maquinaria, con las que Implaser se ha convertido en referente para el sector de obras públicas y construcción gracias a su versatilidad en materiales y acabados. A estas se han incorporado, desde 2015, las soluciones de accesibilidad, que suponen ya el 15% de la facturación.
Esa capacidad de expansión ha sido puesta a prueba en más de una ocasión, como la crisis de 2008, amortiguada en su caso gracias a la Expo de Zaragoza, a la internacionalización y a la homologación por parte de Adif. De hecho, la adjudicación del proyecto de señalización de los túneles del AVE Madrid-Valencia en 2009 fue el impulso que permitió compensar la caída del mercado nacional.
La covid, sin embargo, supuso “el momento más complicado, no solo por lo empresarial, sino por lo humano”, reconoce Huerta. Implaser tuvo que activar un ERTE (expediente de regulación temporal de empleo), pero casi de inmediato fue declarada actividad esencial por sus suministros a hospitales de campaña. Comenzó a fabricar pantallas protectoras y a donarlas a hospitales de Zaragoza, noticia que generó la llegada de peticiones de toda España, y lo que empezó como un gesto solidario permitió recuperar a la plantilla y la facturación.
Señales que abren espacios
Certificación. Implaser es la única empresa española que acompaña en el proceso completo de certificación de accesibilidad según la norma AIS 1/2023, desde el asesoramiento hasta la implantación de soluciones que facilitan la comprensión del entorno a las personas con discapacidad en edificios e infraestructuras.
Lanzamientos. El área de accesibilidad de la compañía se puso en marcha en 2015 a raíz de la petición de una cadena de supermercados y la colaboración con la Fundación Shangri-la. Este año, la empresa ha lanzado +Acceso, una solución asequible pensada para los pequeños comercios.
Este factor humano también define su modelo interno, con un 79% de sus trabajadores que son también socios de la empresa; las mujeres representan el 70% de los empleados, con una media de edad de 37 años, y una apuesta decidida por la igualdad y la conciliación.
De hecho, la compañía lleva años trabajando con el modelo de excelencia EFQM, fue reconocida en 2008 por el Ministerio de Economía entre las 500 empresas españolas con mejores memorias de responsabilidad social corporativa y mantiene compromisos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, incluyendo el uso de tintas sin compuestos orgánicos volátiles.
Referente en I+D+i
La innovación es otra de las características intrínsecas de Implaser desde sus inicios, siendo la primera pyme española certificada en I+D+i en 2005; referencia que ha mantenido desde entonces junto al sello de Pyme Innovadora.
No en vano, destina el 7,25% de su gasto a la mejora y desarrollo de su actividad, tanto a través de sus propios laboratorios como de los más de 20 proyectos en los que participa en colaboración con organismos como el Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación o el Instituto Tecnológico de Aragón. En total, más de 60 millones de inversión en los que la empresa ha contribuido con cerca de 3,7 millones.
Su estrategia de cara al futuro pasa por la exportación, que hoy representa solo el 10% de la facturación. “Nuestro esfuerzo en los últimos años se ha dirigido a Oriente Medio”, asegura Huerta, quien subraya el logro que supuso dotar de medidas de accesibilidad a todas las estaciones del ferrocarril de Arabia Saudí entre Riad y la frontera con Jordania. Sin embargo, el conflicto en Irán, sumado a “la inestabilidad política” en Latinoamérica, les ha obligado a rediseñar su estrategia en el exterior, que ya ha reflejado un crecimiento de las ventas en Europa.
Cuatro socios con la ambición de pensar a lo grande
Vicente Huerta era propietario de una empresa de serigrafía cuando decidió que era momento de empezar de nuevo. Propuso la idea a José Ignacio Aparicio, que trabajaba con él como comercial, y entre los dos sumaron a otros dos socios: Juan Pardo, tío de José Ignacio, con dilatada experiencia en gestión industrial, y Clemente Huerta, hermano de Vicente, conocedor de la parte de fabricación. Así arrancó Implaser justo antes del cambio de siglo, con cuatro socios, una empleada administrativa y una nave en alquiler.
“Trabajamos desde el principio por ser una gran empresa, que no una empresa grande”, matiza Clemente, hoy director de Implaser. En este sentido, fue el impulso de Pardo a la hora de crear un producto que les permitiera sentar los cimientos y posicionarse en el mercado el que acabó definiendo el carácter de la compañía. Así, ingresó en la asociación Innovación Zaragoza, donde convivía con firmas de la talla de BSH (del grupo Bosch) y la Universidad de Zaragoza, y el contacto con ese ecosistema reveló “la dimensión que nos podía dar ser una pyme con vocación innovadora”, añade.
Esa convicción llevó a la compañía a iniciar el proceso para obtener la certificación en I+D+i cuando esta se presentó, algo que “no fue tomado muy en serio” en la propia asociación, al ser considerado entonces ámbito exclusivo de las grandes empresas. Logró la certificación en 2005 y, desde entonces, no ha dejado de crecer. Pasó de los de 300 metros cuadrados de su primera nave a disponer, en 2010, de unas instalaciones con 2.200 metros y laboratorio propio. Ahora, supera los 25.000 pedidos anuales para una cartera cercana a los 2.000 clientes.