Aumenta el empleo en investigación en salud, pero persiste la precariedad
La inversión y las condiciones laborales mejoran, pero siguen por debajo de la media europea. España necesita retener y atraer talento científico
Las condiciones para hacer ciencia en España han mejorado, también para las científicas. Ahora se las apoya y visibiliza más”, cuenta Andrea González-Montoro, quien califica su propia experiencia de dura, pero buena. Tras su grado en Física y su máster en Física Médica, supo que la investigación era lo suyo. Hizo su doctorado en el Instituto de Instrumentación en Imagen Molecular (i3M), un centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Politécnica de Valencia. Se doctoró, cum laude, en 2018 y se fue a Stanford con un contrato posdoctoral.
González-Montoro volvió al i3M con un Ramón y Cajal, cuyos emolumentos califica de “muy decentes”, y acaba de conseguir una plaza como científica titular del CSIC. Con 33 años, y gracias a una beca ERC (European Research Council) de 1,5 millones, lidera un grupo en el i3M para desarrollar Phoenix, el primer escáner PET pediátrico.
En 2024 trabajaban en España 8.385 profesionales dedicados específicamente a actividades sanitarias (CNAE 86), cerca del triple de los 3.012 que había en 2019. El dato del Instituto Nacional de Estadística (INE) recogido por Randstad no engloba, ni mucho menos, el total de científicos centrados en salud, muy difíciles de rastrear por estar repartidos en distintas categorías profesionales –como investigación y desarrollo, con 29.142 trabajadores, el 20% del total, o fabricación de productos farmacéuticos, con 6.610 ocupados– y porque es imposible delimitar la labor asistencial y el trabajo investigador que compagina mucho personal clínico dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS). Pero sí sirve de termómetro para comprobar que el empleo en este campo crece.
Otra cosa es cómo lo está haciendo. “España está apostando más por ciencia, y se está posicionando bien en algunas investigaciones punteras, aunque aún queda mucho por hacer”, observa González-Montoro. “El número de científicos ha crecido de manera notable desde la pandemia, pero ni la inversión ni las condiciones laborales y salariales pueden equipararse a las de otros países de la Unión Europea con economías similares a la nuestra”, lamenta Perla Wahnón, presidenta de la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce).
María Morán, presidenta de la Asociación Nacional de Investigadores Hospitalarios (ANIH), trae a colación las dificultades que enfrentan biólogos, bioquímicos, biotecnólogos, químicos, ingenieros, veterinarios o técnicos de apoyo que investigan dentro del SNS porque su actividad sigue sin considerarse plenamente integrada en el sistema.
Un buen momento
En la última década se han creado unas 5.000 plazas estables –mayoritariamente contratos fijos– en centros del SNS y del Sistema Español de Ciencia, Tecnología e Innovación (Secti), gracias a las subvenciones concedidas desde el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). En 2015, las ayudas para contratos de personal se cifraron en 24 millones, en 2018 se acercaban a los 29 millones y en 2025 superaron los 50 millones, desvela la Subdirección de Evaluación y Fomento de la Investigación del ISCIII. Más del 85% de estos se han acabado consolidando, prácticamente el 100% en convocatorias de ayudas como las Miguel Servet, Río Hortega, Juan Rodés y Sara Borrell.
El momento es bueno, determina la catedrática de la Universidad de Las Palmas Beatriz González, refiriéndose a la llegada de fondos de la UE. La experta en economía de la salud compara el programa de la Comisión Europea EU4Health con un helicóptero que arroja dinero desde el aire, permitiendo proyectos potentísimos como Cohorte IMPaCT, de investigación epidemiológica. La pregunta aquí es qué ocurrirá a partir de 2027, cuando se retiren los Next Generation. “Si recortan los fondos, no habrá continuidad, y el empleo caerá como consecuencia”, advierte.
En una década se han creado 5.000 plazas fijas en el sistema público por las ayudas de más de 50 millones
Por el lado de la industria, España se ha convertido en una potencia en ensayos clínicos. Tiene unos 10.000 activos, destaca Eduardo Fernández, team leader de Randstad Professional. “Antes de la pandemia serían unos 5.000 o 6.000”, compara. Se dedican mayoritariamente a oncología (que centran el 90% de estos estudios), neurología (alzhéimer o párkinson) y enfermedades raras. Y, a su juicio, suponen un filón para el empleo científico. Dice que los buenos investigadores de ensayos clínicos están en Estados Unidos, pero cree que “estamos en el proceso de recuperar talento que se nos escapó”. La geopolítica y una buena inversión en este campo pueden ejercer de rayo tractor para que regresen, aventura. O para que no lleguen a marcharse.
“España lleva tiempo atrayendo talento investigador, aunque de manera desigual”, indica José María Mato, patrono de la Fundación de Ciencias de la Salud, promovida por GSK. Asegura que algunas comunidades autónomas llevan años haciéndolo con éxito, y pone como ejemplo la apuesta continuada por la I+D de los sistemas regionales vasco y catalán. “Allí se observa un crecimiento claro del número de jóvenes investigadores extranjeros, algo evidente al visitar sus centros”, constata.
En otros territorios, esta capacidad sigue siendo limitada, según el término que utiliza. “El reto ahora es extender estos modelos eficaces al conjunto del sistema”, invita. Un Ramón y Cajal logró que González-Montoro regresara a España. Wahnón no es tan optimista: “Como país, no somos capaces ni de retener el talento interno ni de recuperar el que ha tenido que salir del país en busca de mejores oportunidades”.
Algunas claves para entender el incremento
- Más puestos técnicos. El informe coyuntural de Randstad sobre el mercado de trabajo científico en el tercer trimestre de 2025 arroja un crecimiento interanual del 3,9% –hasta los 414.210 empleos–, impulsado principalmente por la demanda de técnicos de apoyo, no de científicos. La tendencia se manifiesta con especial claridad en salud, y se explica por una necesidad operativa inmediata en centros sanitarios y laboratorios (lo que favorece la contratación de perfiles técnicos) y por un ajuste en la industria farmacéutica y química, que ha reducido su ocupación un 2,3% y un 6,9% respectivamente, afectando directamente a los investigadores de alta cualificación.
- Cambios regulatorios. En estos años se han producido avances legislativos que han mejorado sustancialmente el comienzo de la carrera investigadora (itinerarios estables, contratos indefinidos con indemnización en caso de rescisión, reconocimiento de méritos y movilidad). ANIH valora la modificación, en 2022, del artículo 85 de la Ley de Investigación Biomédica, que obliga a los sistemas de salud autonómicos a crear categorías específicas para el personal investigador en las plantillas estatutarias de los centros públicos.
- Políticas para el talento. Icrea (Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats), instaurada en el año 2000 en Cataluña, es una fundación pública que atrae y retiene talento científico mundial; en 2024 aglutinaba 299 investigadores. La Fundación Vasca para la Ciencia, Ikerbasque, desempeña la misma función en Euskadi desde 2007: su Plan Estratégico 2021-2024 alcanzó los 400 investigadores. Las ayudas para contratos Ramón y Cajal, del Ministerio de Ciencia, financian la contratación, en centros españoles, de investigadores con trayectoria destacada. De las 494 que ofrece en su convocatoria del año pasado, 80 están dirigidas para incentivar la incorporación de quienes están en el extranjero.