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Japón: el camino para volver a ser una potencia tecnológica

La vieja estrella de la tecnología mundial está tomando medidas para recuperar su brillo. Sin embargo, debe superar obstáculos tan difíciles como su propia cultura empresarial conservadora y la dependencia energética

Luis Alberto Peralta
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japón bandera mapaRalf Hiemisch (Getty Images/fStop)

La carrera por la supremacía tecnológica enfrenta a potencias como Estados Unidos, China y la Unión Europea en el campo de batalla de la innovación y el desarrollo. Sin embargo, hay un antiguo actor que podría estar a punto de volver a la competición. Se trata de Japón, una estrella que dejó de brillar en este terreno durante casi dos décadas al ser superado por vecinos como Corea y Taiwán, pero que recientemente está consolidando alianzas y aumentando la inversión en el sector para volver a ser uno de los ejes digitales del planeta.

Hubo una época en que Japón era sinónimo de innovación. Sony, Nintendo, Canon, Toshiba, Mitsubishi, Honda; eran solo algunas de las marcas que iban a la vanguardia de la tecnología, creando productos de calidad que dominaban sectores enteros. De hecho, la unidad de inteligencia de The Economist situó al país como el más innovador del mundo en 2002. Asimismo, el Índice Global de Innovación (GII) de la Organización Mundial de la Propiedad intelectual (WIPO) lo situaba en el puesto cuatro en 2007 (ver gráfico).

No obstante, el sueño no podía durar para siempre. A partir de 1990, el país experimentó la llamada “década perdida”, un periodo en el que su PIB per cápita y productividad cayeron de forma progresiva hasta situarlo entre las economías que menos crecían del G20. En consecuencia, sus empresas se estancaron y lo hundieron hasta el puesto 25 del GII en 2012. Esta caída no se detuvo hasta la segunda llegada al poder del primer ministro Shinzo Abe, quien implementó políticas económicas heterodoxas. Sin embargo, nunca recuperaron el esplendor de los años ochenta.

Desafíos

Para volver a posicionarse como potencia tecnológica, Japón tiene que superar más de un obstáculo. Álvaro Antón Luna, country head de Abrdn en Iberia, explica que el país se estancó por su cultura de trabajo conservadora:”La burocracia japonesa ha tardado en digitalizarse. Los formularios en papel y los tradicionales sellos hanko para los documentos oficiales siguen utilizándose en lugar de la firma electrónica, al igual que los faxes. El Gobierno es consciente desde hace tiempo de este retraso digital y hace dos años declaró una revolución digital: la Comisión Especial para la Reforma Administrativa Digital identificó 9.000 normas y reglamentos que debían revisarse para hacer posibles los servicios públicos online”, cuenta el experto.

Otro de los grandes problemas del país es su mercado laboral envejecido. “La tasa de natalidad japonesa se mantiene en el 1,3, muy por debajo del 2,1 necesario para mantener estable la población. La demografía pesa cada vez más negativamente en el crecimiento del PIB, por lo que Japón tendrá que depender mucho del crecimiento de la productividad, que se verá impulsado por la alta tecnología”, responde a CincoDías Christoph Siepmann, economista sénior de Generali Investments.

“El envejecimiento poblacional es clave, no solo porque reduce el crecimiento, sino porque aumenta el peso de la deuda pública por el lado de las pensiones y la salud. En el caso de la salud lo tienen bastante controlado, pero no por el lado de las pensiones”, señala Alicia Herrero, economista jefe para Asia de Natixis. Herrero también cuestiona la poca inversión del país en contraste con sus competidores. “Japón nunca fue un innovador radical, pero era un seguidor tecnológico muy capaz. China y Corea tienen mayor inversión en innovación y desarrollo, el primero en volumen y el segundo respecto al PIB. Eso le ha generado mucha competencia”, añade la experta.

Innovación Japón Gráfico
Belén Trincado Aznar

Otro de los grandes obstáculos que el país asiático tiene que superar es su dependencia energética y su camino hacia la transición ecológica. Según el Departamento de Energía de Estados Unidos, los combustibles fósiles representaron el 72% de la generación de electricidad de Japón en 2021, aunque se considera “una disminución significativa” con respecto al 89% de participación que representó en 2012.

Por otra parte, las energías renovables nucleares y no hidráulicas, específicamente la solar, han sido las principales fuentes que reem­plazan a los combustibles fósiles en la combinación eléctrica de Japón. La participación de las energías renovables no hidroeléctricas fue la fuente de generación de más rápido crecimiento, pasando de menos del 3% en 2012 al 13% en 2021. La participación de la energía nuclear aumentó de menos del 2% al 6% durante el mismo periodo.

Cabe destacar que, a pesar de que es el quinto mayor consumidor de petróleo del mundo, Japón dependía de las importaciones para satisfacer el 97% de su demanda de crudo en 2022. “Debido a que no tiene oleoductos internacionales de petróleo o gas natural, Japón depende de los envíos de buques cisterna de gas natural licuado (GNL) y petróleo crudo para satisfacer la demanda”, explican desde la entidad.

¿Despertará el gigante?

El país no ha logrado superar el estancamiento económico, incluso tras una década de políticas heterodoxas aplicadas por el partido de Gobierno. En esta línea, el actual primer ministro, Fumio Kishida, se ha visto obligado a enfrentar las asignaturas pendientes.

“En el sexto Plan Básico de Ciencia, Tecnología e Innovación, Japón se fijó el objetivo de alcanzar los 120 billones de yenes [unos 770.000 millones de euros] en inversión en I+D entre los sectores público y privado durante cinco años a partir del ejercicio fiscal 2021. Su objetivo es hacer realidad la sociedad 5.0″, explica Christoph Siepmann.

El país también pretende reforzar su posición en el mercado de los semiconductores a nivel global para contrarrestar el avance de China, asociándose con otras dos potencias del sector: Taiwán y Corea del sur. De hecho, el gigante taiwanés TSMC, responsable por la fabricación del 58% del suministro global de microchips, indicó recientemente que abrirá una segunda fábrica en Japón valorada en 8.000 millones de dólares (unos 7.200 millones de euros) en asociación con Sony. En esta línea, cabe destacar que el Gobierno nipón anunció el objetivo de triplicar las ventas de semiconductores de producción nacional a más de 15 billones de yenes (97.000 millones de euros) para 2030, como parte de su política de seguridad estratégica y económica.

En cuanto a Corea del Sur, el Gobierno de Kishida decidió restituirle el título de “socio comercial preferente”, tras revertir en marzo las restricciones a la exportación de materiales semiconductores clave. Así, se suavizaron los requisitos para comerciar materiales esenciales para la fabricación de pantallas y semiconductores.

Asimismo, el experto de Generali asegura que las familias recibirán mayores ayudas por hijos y los padres que trabajen tendrán acceso a más guarderías extraescolares. “Las reformas deberían facilitar que los padres se acojan a permisos para criar a sus hijos”, añade.

Lo cierto es que Japón ha logrado finalmente reactivar su economía tras la crisis del coronavirus y algunos inversores como Warren Buffett ya les consideran uno de los mercados más interesantes para invertir en este momento. Para un país que históricamente se ha mostrado difícil para los capitales extranjeros, este es un primer paso para reimpulsar la inversión directa. En esta línea, Daniel Maguire, gestor de renta variable de Wellington Management, indica que se han producido cambios significativos en el panorama de la gobernanza corporativa en Japón, con empresas que ahora pagan más del efectivo que han generado, ya sea en forma de dividendos o recomprando acciones.

“En comparación con el resto del mundo, el mercado de renta variable japonés, y en particular el sector de pequeña y mediana capitalización, parece cada vez más atractivo. Las valoraciones están en mínimos de la década en relación con otros mercados desarrollados y el viento de cola de las divisas está ayudando a sostener el sector exportador. La rentabilidad sigue una tendencia al alza y se sitúa ahora a un nivel similar al de Europa y justo por detrás de Estados Unidos”, apunta Maguire.

Igualmente, los recientes pactos para incrementos salariales podrían estimular el consumo y disparar la economía. “En un país en el que los aumentos salariales no son habituales, casi el 30% de las principales compañías japonesas han anunciado incrementos este año. Por ejemplo, Nintendo y Hitachi han anunciado aumentos salariales del 10% y casi el 4%, respectivamente”, afirma Anne Vandenabeele, economista de Capital Group. Se anticipa que los incrementos de salarios en general rondarán el 3,8% este año

No obstante, no todos los expertos comparten este optimismo: “Japón no va superar ni a Corea del Sur ni a China. Tendría que superar la mentalidad tan conservadora que tienen sus empresas y su Gobierno. Abrirse a más interacción con empresas extranjeras y a cooperación científica. Corea está mucho más abierta y China también, aunque ahora se le estén cerrando las puertas para beneficiarse. No creo que esto vaya a cambiar”, sentencia Herrero. No obstante, la experta destaca que el país está apostando por la nuclear y las renovables para reforzar su posición.

Un estudio impulsado por el Departamento de Energía de EE UU reveló que Japón podría obtener el 90% de su electricidad de fuentes verdes para 2035 por la caída en los costes de las renovables. Para esto, tendría que alcanzar sus objetivos de sustituir el carbón y ampliar su producción solar y eólica para cubrir el 70% de la demanda. Esta transición no solo sería vital para proteger el planeta, sino que disminuiría los costes de producción relacionados a la importación energética.

“Superar a China o Corea no es una tarea fácil porque ambos están invirtiendo mucho en tecnologías emergentes, digitalización e I+D. Con lo cual, yo creo que las opciones son la búsqueda de colaboración con otros mercados que no sean competencia tan directa, buscar nuevo talento, facilitar la colaboración global, volcarse en ciertos sectores emergentes -de ahí la apuesta del gobierno por la Web3-, mejorar el entorno regulatorios, apoyar a startups y emprendedores. No estamos ante un país que invierte 100 unidades frente a uno que invierte 40 y eso le permite captar ese talento y esos desarrollos, sino que compite contra dos líderes mundiales que quieren seguir en su posición. Por lo tanto, no va a ser una tarea fácil ni un objetivo que se vea en el corto plazo”, sentencia Javier Molina, Javier Molina, analista senior de mercado de la plataforma de inversión eToro.


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