La banca modera el fervor cripto y se vuelca en el ecosistema tokenizado para ofrecer nuevos productos
Las entidades financieras se estrenaron con bitcoin, pero ahora concentran sus esfuerzos en las ‘stablecoins’ y en la tecnología orientada a la tokenización de instrumentos financieros

El año pasado empezó con grandes expectativas en el mundo financiero. MiCA, la primera regulación sobre criptoactivos, acababa de entrar en vigor en Europa y todas las miradas estaban puestas en la gran banca. En privado, las entidades aseguraban que aquel paraguas regulatorio era lo que necesitaban para dar el paso en el mercado cripto, algo que, a los pocos meses, acabó ocurriendo. El BBVA fue el primero en ofrecer compraventa de criptos en España, al que se sumaron Openbank, Kutxabank y Renta4, mientras CaixaBank permite a sus clientes comprar productos cotizados de estos activos. Pero aquel fervor inicial se ha difuminado. Las apuestas se concentran hoy en el desarrollo de stablecoins y en incorporar en sus procesos la tecnología blockchain, para renovar su fontanería financiera y, a la vez, crear nuevos mercados y nuevos productos.
Para algunas entidades, ofrecer bitcoin o ether ha sido la puerta de entrada al mundo cripto. “Y una decisión comercial. Si entienden que hay un mercado, van a servirlo”, señala Andrew Whitworth, director de Global Policy. Otras, en cambio, han optado por la cautela y nunca han dado el paso, aunque sí ven valor en la tecnología subyacente. Francisco Maroto, responsable de blockchain y activos digitales del BBVA, habla más de maduración del mercado que de enfriamiento del interés. “La industria está dejando atrás el foco exclusivo en criptoactivos para centrarse en lo que realmente va a transformar la banca: la nueva infraestructura financiera sobre tecnología blockchain”, reconoce.
También habla de fases. Los criptoactivos ya son una realidad operativa, por eso la gran banca está inmersa en lo que define como la segunda ola: las stablecoins. La tercera fase, la que vendrá, es la tokenización de activos (es decir, la presentación digital de activos en la blockchain): “El objetivo final no es solo ofrecer acceso a activos digitales, sino rediseñar el sistema para que sea más eficiente, seguro y ágil para nuestros clientes”, insiste.
Lo de integrar la tecnología blockchain a la operativa de las finanzas tradicionales es un debate que viene de lejos. No obstante, con el tiempo ha cambiado. Si antes giraba en torno a si la tecnología era necesaria o no, ahora se centra en qué servicios y productos lanzar y en las ventajas que puede aportar: pagos instantáneos y operaciones las 24 horas del día, los siete días de la semana. Es decir, es una cuestión de negocio.
Fuentes financieras explican que las grandes entidades empezaron a dar los primeros pasos en este ecosistema para ganar cuota de mercado y para estar en un mundo en el que todos estaban. “En todo momento han querido saber cómo sacar provecho de ello. Pero bitcoin o ether no le aportan tanto valor como la tecnología, que les permite mejorar lo que hacen y generar nuevos mercados”, aseveran.
Ahí reside el principal atractivo para la banca. Un informe de Boston Consulting Group señala que unas liquidaciones más rápidas y un mayor volumen de negociación podrían añadir más de 1.000 millones de dólares anuales al beneficio de un banco sistémico, al elevar en torno a cuatro puntos porcentuales la rentabilidad de sus negocios de mercados de capitales.
“Les interesa mucho generar o fortalecer mercados para activos que hasta ahora son ilíquidos, como el inmobiliario, los productos de lujo, el oro. Su verdadero interés es crear nuevos mercados, nuevos productos, nuevos servicios. Esta es la tokenización de activos”, señala Luz Parrondo, profesora de la UPF Barcelona School of Management.
Todas las entidades quieren llegar preparadas a las finanzas del futuro. Por eso lanzan sus propias stablecoins, que aspiran a convertirse en el principal activo de liquidación de los mercados tokenizados, o desarrollan su blockchain, porque lo quieren hacer en un entorno muy regulado. “Quieren tener su sandbox donde ellos y sus clientes puedan tener las facilidades y la inmediatez del mundo de activos digitales, pero en un entorno mucho más controlado”, incide Fernanda Restrepo, responsable del equipo de análisis forense de criptomonedas de Kroll Iberia.
Y, además, pretenden evitar cualquier riesgo de intermediación: es decir, quieren ser el lugar donde sus clientes sigan teniendo toda su vida financiera, sin tener que recurrir a plataformas o exchanges externos, añade Whitworth. Así, a lo largo de este año, la cascada de anuncios ha sido incesante. Unas 40 entidades europeas se han sumado al consorcio Qivalis, mientras Bancomat, la red interbancaria italiana, está trabajando en EUR.BANK, que involucra a nueve entidades financieras italianas. Los dos proyectos buscan emitir monedas estables en euros este año. El BBVA también se ha sumado a más de 140 entidades internacionales como BlackRock, Visa o Mastercard para lanzar una moneda estable en dólares.
Otras se han enfocado en la infraestructura donde corren estos activos: Cecabank se ha sumado a una decena de entidades para impulsar una blockchain europea. Swift lanzó recientemente otra red de bloques en la que 17 bancos realizarán transacciones con depósitos tokenizados, transferencias en tiempo real y operaciones las 24 horas del día, los siete días de la semana.
Si se mira a las stablecoins, casi la totalidad de los 310.000 millones de dólares de valor de este mercado está vinculada a las criptomonedas ligadas al dólar. Pero el Viejo Continente busca contrarrestar la hegemonía estadounidense para encontrar su hueco en un mercado que S&P Global Ratings estima llegará a valer entre 25.000 millones y 1,1 billones de euros en 2030. Su ritmo de crecimiento, dicen los analistas, dependerá de la adopción de la blockchain en el sistema financiero y de la evolución de la tokenización. Citi Institute prevé que el mercado mundial de activos tokenizados alcance los 5,5 billones de dólares en 2030.