Zcash, el token que aspira a heredar el trono de bitcoin y que seduce con su privacidad
El auge de la IA y el movimiento de las finanzas hacia la ‘blockchain’ ponen el foco en las transacciones confidenciales. Los gemelos Winklevoss están entre sus inversores

En el mundo cripto el cansancio es palpable. Tras meses de extrema euforia y la convicción de que nada podía parar a bitcoin en su ascenso hacia la luna (to the moon, como dicen en la jerga), el mercado ha entrado en una profunda depresión que empezó en octubre y no parece tener fin. La industria ya ha sobrevivido a varios criptoinviernos pero esta vez muchos de los pioneros de bitcoin, aquellos que veían a la criptomoneda original y a la tecnología criptográfica como una vía para proteger la privacidad de las comunicaciones, están frustrados. Bitcoin ya no es lo que era: ha dejado de moverse por dinámicas puramente cripto y se ha convertido en un activo cada vez más institucional. Tampoco está al margen de las finanzas tradicionales; al contrario, forma parte del sistema. Por ello buscan una alternativa que encaje con su filosofía libertaria, y algunos la han encontrado en Zcash.
Este activo, creado en 2016 por un grupo de científicos e ingenieros, nació como sucesor de bitcoin. Ambos, de hecho, comparten una oferta limitada de 21 millones de tokens. Y no se creó desde cero, sino que partió del código de bitcoin y lo adaptó con nuevas funciones. Una entre todas, la privacidad. Bitcoin, de hecho, nunca fue del todo anónimo: las transacciones son visibles en la blockchain y se pueden rastrear con facilidad. Zcash, en cambio, se diseñó para solucionar ese problema. Los usuarios pueden decidir si mantener los movimientos totalmente transparentes, como en el caso de bitcoin, o protegidos (es decir, privados). “Es posible mediante una técnica criptográfica que permite verificar que una transacción es válida para la red sin revelar el remitente, el destinatario ni el importe. Es como demostrar que conoces un secreto sin decirle a nadie cuál es”, explica a CincoDías el equipo de colocaciones (listing en inglés) de Bitpanda.
En pocas palabras, Zcash tiene el ADN de bitcoin pero una funcionalidad que muchos envidian. Por ello, se considera como un bitcoin cifrado o incluso una versión mejorada y grandes inversores y fanáticos del mundo cripto lo miran con interés. Así, en silencio, mientras la criptomoneda pionera se hundía hasta un 50% desde sus máximos, en el último año Zcash se dispara un 1.200%. Su volatilidad es extrema y su valor nada comparable con bitcoin: su capitalización alcanza los 8.700 millones, frente a los 1,5 billones de la cripto original.
“Bitcoin funciona muy bien como activo resistente a censura, pero no como herramienta de confidencialidad. Algunos fondos y grandes patrimonios empiezan a mirar Zcash como una posible infraestructura de privacidad para el futuro sistema financiero digital”, destaca Javier Molina, analista de eToro. Así, la semana pasada la gestora Grayscale presentó una solicitud para un ETF de Zcash. “Es como el bitcoin de 2013”, dijo Barry Silbert, fundador de Grayscale Investments, a The Wall Street Journal. En su cuenta de X, casi todas sus publicaciones recientes están relacionadas con la criptomoneda.
Pero no es la única en apostar por este activo. Los gemelos Winklevoss, entre los primeros inversores en bitcoin, han acumulado con su vehículo Cypherpunk Technologies (que sube un 180% en un año) más de 290.000 unidades de esta cripto y aspiran a atesorar el 5% del suministro en circulación. Su firma de capital riesgo, Winklevoss Capital, codirigió una ronda de 25 millones de dólares para ZODL (Zcash Open Development Lab, un grupo que desarrolla el protocolo de la criptomoneda) junto a empresas como Paradigm, a16z y Coinbase Ventures. “No se trata de inversores especulativos, sino de actores con convicción a largo plazo y un capital importante en juego”, resumen desde Bitpanda.
El apoyo institucional no es el único catalizador para Zcash. La migración de las finanzas desde un mundo puramente tradicional a la blockchain ha avivado en los últimos tiempos el debate sobre la privacidad de las transacciones. Circle, de hecho, anunció recientemente una red de bloques privada pensada para los pesos pesados de Wall Street. Algo que la industria financiera prefiere, ya que redes como Ethereum o Solana son públicas, es decir, completamente transparentes, donde cualquier tipo de transacción, incluso las más sensibles, son visibles por toda entidad.
Carlos Salinas, responsable de negocio de plataformas digitales de Estating, lo resume en pocas palabras: “No es un activo de nicho. Es el componente que faltaba para que los mercados regulados puedan migrar a infraestructura programable”. El auge de la inteligencia artificial y la rápida expansión de la recopilación de datos impulsada por la IA también hacen que la privacidad financiera se convierta en una preocupación generalizada para la industria, aseguran los expertos.
No obstante, si la privacidad es una ventaja para el ecosistema cripto, muchos supervisores temen que se pueda utilizar este activo con fines ilícitos, para evadir sanciones o cometer cualquier tipo de delitos, como ya ocurre con bitcoin o con las stablecoins. Por eso en la UE este activo no se puede comercializar. Sergi Andrés, abogado especializado en activos digitales y socio en Abast Legal, recuerda que MiCA prohíbe la admisión a negociación de activos que tengan una función de “anonimización incorporada”. Asimismo, el Reglamento sobre la Transferencia de Fondos obliga a acompañar cada transferencia de criptoactivos con información identificativa del ordenante y el beneficiario. “El reglamento europeo contra el blanqueo de capitales también prohíbe explícitamente las cuentas anónimas en bancos, entidades financieras y proveedores cripto. Es aplicable desde 2027, pero Zcash ya estaría prohibida doblemente por las dos normas anteriores”, insiste.
Estados Unidos, que todavía no ha aprobado su ley cripto, ha asumido otra postura. De hecho, la solicitud del ETF de Grayscale llega después del cierre de la investigación, sin acción sancionadora, por parte de la SEC sobre activos de esta naturaleza. “Eliminó la principal incertidumbre regulatoria que pesaba sobre la categoría: la posibilidad de que el supervisor tratara cualquier herramienta de confidencialidad como vehículo de evasión por defecto. La confidencialidad bien construida, compatible con auditabilidad selectiva, no es ilícita per se”, asevera.