La concentración bancaria en España se congela un año después del fracaso de la opa del BBVA al Sabadell
El rechazo de las cúpulas de los bancos, el papel del Gobierno y el buen momento del sector complica más fusiones


Hace justo un año la tensión se cortaba con un cuchillo en dos lugares separados a unos 600 kilómetros de distancia. Uno es la sede del BBVA en el madrileño barrio de Las Tablas, conocida como La Vela; la otra la del Sabadell en el barcelonés municipio de San Cugat del Vallès. En el primer lugar, cundía un desánimo que se fue barruntando a lo largo del día hasta que a última hora de la tarde los peores presagios para ellos se hicieron reales. A esa hora, el secretario del consejo del Sabadell recibió una llamada de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) cuando el comité de dirección del banco iba a cenar y estallaron en júbilo. La noticia apareció pronto en prensa y en un comunicado remitido por el regulador: el Sabadell ganaba por goleada al BBVA y podía seguir independiente.
El 17 de octubre de 2025, el día después de conocerse la noticia, el Sabadell hizo una fiesta. Pero lo que ocurría era que las cartas de la consolidación se volvían a barajar. Todo el mundo conocía los naipes y las reglas del juego. Los ases eran tres, como son los tres grandes bancos del mercado español, el Santander, el BBVA y CaixaBank. Las reglas de competencia harían muy difícil una combinación entre ellos o del tercero, el mayor banco del mercado español, con cualquier otro. Después está el Sabadell, una carta de tamaño medio, que puede ser engullida por un as, pero también ganar bazas a otros bancos más pequeños, como Unicaja, Abanca, Ibercaja o Kutxabank.
Las cartas estaban repartidas, sí, pero nadie se ha atrevido a empezar la partida en estos 12 meses. Las razones son múltiples. “No veo nada pasando en el corto plazo. Hay que recordar que venimos de un intenso proceso de consolidación bancaria en España tras la crisis, cuando desaparecieron muchas entidades. Este proceso ha sido más profundo que en otros países europeos a los que llevamos ventaja. Tampoco acompaña el buen momento de la banca, con beneficios récord, que permite sostener los proyectos en solitario de las entidades y abordar los desafíos del sector, en tecnología y ciberseguridad”, asegura un asesor de varios bancos en este tipo de procesos.
Un ejecutivo bancario añade otros motivos. “Hay pocos nombres y todos tienen motivos de peso para no embarcarse en una aventura así”, explica. Tanto Unicaja como Abanca e Ibercaja son “bancos con dueño”, que podrían unirse entre sí con el Sabadell, pero supondría conciliar los intereses de sus principales accionistas: la Fundación Unicaja —acompañada de los empresarios Mayoral y Tomás Olivo y la aseguradora Santalucía— en el banco andaluz; el empresario venezolano Juan Carlos Escotet, en el gallego; y la Fundación Ibercaja, en el aragonés. Ninguno ha dado muestras de querer ahora una fusión y, de hecho, Unicaja y Abanca ya han explorado transacciones con el Sabadell, que se vería forzado a aceptar un primer accionista de la entidad comprada, pero sin éxito.
Lo cierto es que al BBVA y al Sabadell les ha ido bien en solitario. Los primeros han subido un 47% (un 55% teniendo en cuenta los dividendos) desde el fin de la opa en Bolsa y cotizan en máximos históricos. El Sabadell, que sufrió en las primeras presentaciones de resultados desfondado tras la opa, suma en Bolsa desde entonces un 12% (un 30% contando dividendos) y ha cambiado de consejero delegado, dejando César González-Bueno el puesto a Marc Armengol.
Algo se movió, eso sí, hace unas pocas semanas, coincidiendo con el adelanto de las elecciones para el 29 de noviembre. Unos días después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciase la noticia un informe del banco de inversión estadounidense Citi agitaba el mercado español. En él ponía negro sobre blanco la posibilidad de que si los comicios provocan un cambio de Gobierno hacia uno pilotado por el PP y Vox, el BBVA podía retomar desde cero una nueva opa sobre el Sabadell. Sería la tercera ocasión, tras el pinchazo del año pasado y los intentos infructuosos de fraguar una fusión en 2020, en pleno Covid-19, cuando el Sabadell estaba quizás en el momento más delicado de sus más de 100 años de historia. ¿Sería la tercera la vencida?
No en vano, el componente político ha sido el otro elemento que ha secado por completo el caudal de las operaciones bancarias este año. El Ejecutivo de Sánchez mandó un mensaje claro en contra de más concentración bancaria y, en concreto, de la unión del BBVA y el Sabadell por el efecto sobre Cataluña, un caladero de votos del PSOE y donde ha tenido sus principales socios parlamentarios. Torpedeó la opa incrementando las condiciones impuestas por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), la que llevó el análisis de la transacción a una segunda fase en contra de lo que ocurrió con la unión entre CaixaBank y Bankia.
Un nuevo Gobierno le daba la posibilidad de empezar de nuevo al BBVA. Aunque de forma pública todos los ejecutivos del banco coinciden en señalar que la opa al Sabadell es un capítulo cerrado, fuentes internas explican que es una idea que nunca ha desaparecido del todo de la mente de sus directivos y que barajan la posibilidad de lanzarse de nuevo si aparece la oportunidad. En esta ocasión, habiendo aprendido de los errores del pasado y de forma consensuada tanto con el Gobierno (si bien Feijóo nunca llegó a pronunciarse a favor de la operación) como con el banco catalán.
“El gran fallo para el BBVA fue que no saliera bien la primera vez. Para Carlos Torres volver a intentarlo también es un riesgo, porque veo difícil que pueda sobrevivir a un tercer fracaso. Sin embargo, es cierto que puede haber una posibilidad si cambia el Gobierno y con la salida de César González-Bueno de consejero delegado del Sabadell. Josep Oliu siempre pareció más proclive a llegar a un acuerdo económico y Marc Armengol, un hombre de la casa, puede seguir ese camino”, comenta una fuente interna de uno de los bancos involucrados en posibles fusiones.
El Sabadell, sin embargo, ha taponado rápidamente una posible nueva andanada del BBVA. Poco después de la convocatoria electoral, anunció por sorpresa un acuerdo con el banco francés BCPE para que adquiera el 7%, ampliable al 9,9%, con la idea de rubricar en el futuro acuerdos comerciales entre ambas entidades. El banco ha querido armar un escudo antiopas junto al 5% de Zurich, su socio en seguros, y el 1% de Amundi, con el que trabaja en fondos. Entre todos ellos juntan el 13%, que puede crecer hasta cerca del 16%. Ante una posible opa, estos accionistas velarán por el mantenimiento de esos acuerdos comerciales y apoyarán la independencia del banco o exigirán una compensación elevada.
Así las cosas, todo apunta a que la parálisis en las fusiones bancarias en España se mantendrá un tiempo, mientras los focos se centran en otros países como Italia. Pero un nuevo paquete legislativo que se negocia en Bruselas, sobre simplificación regulatoria y unión bancaria, puede desatascar la situación. “El tema fundamental es el informe de la Comisión sobre competitividad de julio y lo que dice sobre la integración de los mercados y la reducción de la fragmentación limitando el poder de los Estados. Ahora hay que ver hasta donde se atreven a llegar en las propuestas de reforma legislativa”, comenta una fuente del sector.