Tecnología y sostenibilidad se integran para redefinir la estrategia empresarial
La competitividad no depende solo de innovar más, sino de priorizar inversiones, gestionar riesgos y alinear cada decisión con objetivos concretos de negocio


Los cambios tecnológicos, las exigencias regulatorias, la presión sobre los recursos naturales y la necesidad de adaptarse a un entorno cada vez más incierto están obligando a las empresas a replantear muchas de sus decisiones. Y por eso, tecnología, sostenibilidad y estrategia han dejado de ser ámbitos separados para convertirse en elementos que deben avanzar de forma coordinada si las organizaciones quieren mantener su competitividad y prepararse para el largo plazo.
Esta fue una de las principales conclusiones del desayuno organizado por CincoDías en colaboración con Santalucía Espacio Futuro, en el que participaron Carlos Fernández, director general de transformación, innovación y gobierno del dato de Santalucía; Ángel Uzquiza, director de innovación corporativa de Santalucía Seguros, Santalucía Impulsa y Espacio Futuro; Mónica Chao, consultora estratégica y CEO y fundadora de Acativa, y Carolina Castillo, directora de operaciones y marketing de Microsoft España.
La integración entre tecnología y sostenibilidad fue una de las ideas más repetidas durante el encuentro. Los participantes convinieron en que ambas han dejado de ser ámbitos independientes para convertirse en elementos centrales de la estrategia empresarial. “Forman parte hoy de las estrategias para ganar en eficiencia, para estar preparados y para conseguir una mayor resiliencia”, afirmó Fernández. En su opinión, fenómenos como los eventos climáticos extremos “no pueden considerarse algo periférico, sino factores que impactan de lleno en la actividad y en la cuenta de resultados”.
La innovación tecnológica, al decir de los expertos, solo genera valor cuando está vinculada a objetivos concretos de negocio. “Tecnología y sostenibilidad son dos caras de la misma moneda”, señaló Castillo. La directiva defendió igualmente que las organizaciones están utilizando cada vez más estas herramientas para mejorar procesos, incrementar la productividad y desarrollar nuevos servicios; aunque advirtió de que el criterio “no puede ser nunca la moda o la novedad tecnológica”.
Recursos
La conversación incorporó también la cuestión de los recursos necesarios para sostener esta transformación. En este sentido, Chao recordó que el desarrollo tecnológico “depende cada vez más de factores como la disponibilidad de materiales críticos, el acceso al agua o el suministro energético”. A su juicio, el crecimiento de la inteligencia artificial obliga a replantear “cómo se gestionan estos recursos y cómo se preparan las infraestructuras necesarias para responder a una demanda creciente”.
Uno de los aspectos más repetidos durante el encuentro fue la necesidad de priorizar. Los participantes coincidieron en que el problema ya no es la falta de iniciativas, sino la abundancia de posibilidades. “Priorizar significa decidir qué haces primero y qué dejas para después”, resumió Carlos Fernández, quien defendió que las inversiones “deben estar alineadas con los objetivos estratégicos, tener impacto medible y ser capaces de escalar para generar resultados reales”.
Dirección clara
Carolina Castillo advirtió de que muchas organizaciones siguen cayendo “en la tentación de desarrollar múltiples proyectos piloto, sin una dirección clara”. Y aseguró que las iniciativas que cuentan con respaldo de la dirección, objetivos definidos y una adecuada gestión del cambio “obtienen resultados significativamente mejores que aquellas impulsadas únicamente por la novedad tecnológica”.
También se abordó la dimensión humana de las transformaciones. Los participantes coincidieron en que la tecnología no puede analizarse únicamente desde una perspectiva técnica. La forma en que afecta al empleo, a la organización del trabajo y al bienestar de las personas será uno de los factores determinantes durante los próximos años.
En este terreno, Ángel Uzquiza explicó algunas de las líneas de trabajo desarrolladas por Santalucía Espacio Futuro, el think tank impulsado por el grupo asegurador para examinar escenarios de largo plazo y ayudar a las organizaciones a anticipar cambios relevantes. “Vemos cómo se están dando ahora señales que anticipan futuros muy diferentes, y cómo se convierten en tendencias que pueden impactar en los negocios”, sostuvo.
Anticipación
Según Uzquiza, disponer de esa capacidad de anticipación permitirá a las compañías prepararse mejor para un entorno marcado por transformaciones cada vez más rápidas. Y, al hilo de esto, mencionó uno de los estudios recientes del think tank que se ha centrado en la evolución del bienestar hasta 2040. Uzquiza comentó que una de las conclusiones apunta a que la disponibilidad de tiempo adquirirá una importancia creciente. “Quien no disponga de él, de aquí a 2040, se va a sentir pobre”, aseveró.
Y Mónica Chao relacionó esta cuestión con los cambios sociales que acompañan a las transformaciones tecnológicas. La experta alertó sobre el aumento de las desigualdades y defendió la necesidad de prestar atención a aspectos como la formación, la capacidad crítica y la adaptación de las personas a un entorno en rápida evolución. “La tecnología siempre ha buscado que vivamos mejor”, apuntó, aunque hizo hincapié en que el proceso de transición “exigirá una gestión cuidadosa de sus impactos”.
La sostenibilidad apareció igualmente vinculada a la competitividad. Para Fernández, ambas cuestiones forman parte de una misma realidad. “No se puede preparar una compañía para los próximos cien años si no trabajas para que todo sea sostenible”, argumentó. En tanto que Castillo compartió ejemplos de proyectos, como el de la propia Microsoft, “destinados a reducir emisiones, optimizar el uso del agua y mejorar la eficiencia de procesos industriales y agrícolas” mediante la tecnología.
El encuentro concluyó con una reflexión concordante sobre la necesidad de combinar resultados inmediatos con visión de largo plazo. Los participantes coincidieron en que la velocidad de los cambios obliga a actuar, pero también a construir capacidades que permitan afrontar escenarios futuros. Como resumió Carlos Fernández, el reto consiste en “tener resultados a corto plazo sin hipotecar el futuro”.
El dato como materia prima
La inteligencia artificial (IA) está acelerando el interés de las empresas por uno de los activos que más tiempo llevan acumulando: los datos. Sin embargo, los participantes en el desayuno coincidieron en que la verdadera diferencia competitiva no reside únicamente en disponer de más información, sino en saber organizarla, interpretarla y convertirla en decisiones útiles para el negocio.
A juicio de Carlos Fernández, muchas organizaciones han avanzado en digitalización más rápido que en la gestión de sus datos. “El reto actual consiste en romper los silos de información que siguen existiendo en numerosas compañías y construir una visión integrada”, que permita comprender mejor la realidad del negocio. “Porque la IA es tan buena como los datos que le damos”, recordó.
La calidad de la información aparece así como una condición imprescindible para aprovechar el potencial de las nuevas herramientas. Los participantes concordaron en que alimentar modelos avanzados con datos incompletos, duplicados o poco fiables puede conducir a errores y decisiones equivocadas, con independencia de la sofisticación de la tecnología utilizada.
Por su parte, Carolina Castillo explicó que la expansión de la IA está obligando a muchas organizaciones a revisar procesos que antes pasaban desapercibidos. Indicó que cada vez más compañías descubren que el verdadero trabajo no consiste en implantar una nueva herramienta, sino en preparar adecuadamente la información. “La IA ha puesto el foco en algo que muchas veces estaba olvidado: la calidad del dato”.
La conversación también abordó la necesidad de integrar distintas capas de información. Datos financieros, operativos, comerciales o relacionados con la sostenibilidad suelen gestionarse todavía en plataformas separadas, lo que dificulta obtener una visión completa. Para Mónica Chao, esta fragmentación “limita la capacidad de las organizaciones para identificar riesgos, oportunidades y relaciones que afectan de forma directa a la competitividad”.
Los participantes coincidieron en que la gobernanza del dato se está convirtiendo en una responsabilidad estratégica y no exclusivamente tecnológica. Definir criterios comunes, garantizar la trazabilidad de la información y establecer mecanismos de control será cada vez más importante a medida que aumente la automatización de procesos.
Y la capacidad para interpretar señales tempranas, según Ángel Uzquiza, dependerá de la calidad y diversidad de los datos disponibles. En un momento actual de cambios acelerados, disponer de información fiable permite detectar tendencias emergentes antes de que se conviertan en realidades consolidadas.
La conclusión compartida fue que el dato está dejando de ser un recurso de apoyo para convertirse en uno de los principales activos de las organizaciones. La tecnología seguirá evolucionando, pero la ventaja competitiva dependerá cada vez más de la capacidad para transformar información dispersa en conocimiento útil para decidir mejor y anticiparse a los cambios.