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Se buscan ocho millones para reflotar el balneario maldito desde la Guerra Civil

Dos inversores, asesorados por una gurú islandesa, buscan socios para resucitar Aguas de Carabaña, a 50 kilómetros de Madrid

Carlos Molina
Balneario carabaña
Vista del primer edificio rehabilitado en el Balneario de Carabaña. FOTOGRAFÍA CEDIDA POR LA EMPRESA.

El balneario Aguas de Carabaña busca una segunda vida tras permanecer casi un siglo cerrado. Situado a 50 kilómetros de Madrid, se construyó en 1883 y durante más de medio siglo fue sitio de peregrinaje de miles de españoles para tratarse con las propiedades medicinales del agua que brotaba del manantial de la Fuente de la Salina. El complejo fue ocupado por el bando republicano en el inicio de la Guerra Civil y desde esa fecha ha permanecido cerrado, con la excepción de dos años.

En 2011, el grupo hotelero Foxá lo reabrió tras comprarlo e invertir 20 millones y crear un complejo en el que además del balneario, había un restaurante (Central Eléctrica Chavarri), una bodega (Tagonius) y un hotel (Molino de Cantarranas) en un radio de 10 kilómetros. Un año después, asfixiado por su excesivo nivel de endeudamiento, presentó concurso de acreedores, el complejo quedó clausurado y pasó a manos de Avalmadrid, su principal acreedor.

Y así ha permanecido hasta la actualidad en la que el grupo Salasia, cofundado por Marta García de Alcaraz y Roy Chason, dos directivos ligados al sector turístico que vivieron en China hasta el principio de la pandemia, quiere volver a abrirlo. Cerró a finales de 2022 la compraventa de las 86 hectáreas tras una extensa due diligence (auditoría externa) que se alargó durante año y medio (de mayo de 2021 a noviembre de 2022) y ya ha rehabilitado la central Eléctrica. Ahora está en pleno roadshow buscando socios que pongan ocho millones de euros para una reforma integral del balneario y convertirlo en un destino turístico de referencia en Madrid.

Alcaraz, que ejerce las labores de directora general, recalca que el proyecto no persigue replicar el complejo que “abandonó” el grupo Foxá, sino inventar un concepto nuevo de bienestar que no existe en Madrid y que creen que tiene mucho potencial por la fuerte demanda que tiene entre los turistas de mayor poder adquisitivo, por los escasos 30 minutos de distancia que hay con la capital y por la experiencia conjunta que pueden ofrecer en una zona en la que existe vino, aceite o jabones. “Se ha producido una sofisticación de la oferta del turismo en Madrid, pero ese cambio solo se ha producido en el centro de la ciudad”.

Detalle de la entrada del edificio rehabilitado. FOTOGRAFÍA CEDIDA POR LA EMPRESA.
Detalle de la entrada del edificio rehabilitado. FOTOGRAFÍA CEDIDA POR LA EMPRESA.

El proyecto plantea que el antiguo hotel se reconvierta en unos vestuarios gigantescos para poder dar un servicio de calidad a sus clientes, que oscilarán entre 1.000 y 2.000 diarios según la temporada y podrán disfrutar de hasta seis piscinas termales al aire libre, acondicionadas para ser disfrutadas tanto en invierno como en verano. “Queremos ofrecer una experiencia de día sin pernocta, ya que no tiene sentido competir con la oferta hotelera de calidad que existe en Madrid. Nos vamos a dirigir tanto a los 14 millones de turistas que visitan Madrid como a los madrileños que busquen un plan alternativo que no existe en su comunidad en la actualidad”. Chason, que ejerce de director general de Salasia, aclara que no será un producto para disfrutar exclusivamente el fin de semana ni para personas mayores de 65 años. “Hemos identificado que el principal colectivo al que se dirige el proyecto son los clientes de menos de 35 años y nuestro objetivo es lograr la misma ocupación de lunes a viernes que los fines de semana con colectivos de empresas, nómadas digitales o turistas de alto poder adquisitivo procedentes de Asia o América, dos de los grandes mercados emisores de Madrid”. El plan estratégico también contempla elevar la experiencia con un itinerario VIP para aquellos que quieran recibir tratamientos especializados.

Para la definición del proyecto, Salasia cuenta con el asesoramiento de la islandesa Dagny Petursdóttir, experta en la operación de este tipo de espacios, cofundadora del balnearioo Sky Lagoon Iceland y antigua directora general del icónico Blue Lagoon, uno de los spas más grandes del mundo y referente turístico de Islandia, con un flujo de 1,2 millones de visitantes al año. “La mitad de los clientes de los balnearios en Islandia tienen menos de 35 años y buscan un lugar donde poder descansar y al mismo tiempo tomar una copa o cenar en un ambiente rural y completamente diferente”, señala en una entrevista con Cinco Días.

El litigio sin resolver entre Avalmadrid y unos inversores chinos

Un grupo de inversores chinos protagonizó el episodio más rocambolesco de la historia del balneario desde que el grupo Foxá lo cerró. Crearon exprofeso una sociedad denominada Tales Carabaña para invertir en el proyecto y firmaron a principios de 2018 un contrato de arras con Avalmadrid, mediante el que abonaron medio millón de euros y comprometieron una inversión de 80 millones para rehabilitar de arriba abajo el complejo. Durante la due diligence se gastaron otros 400.000 euros en informes técnicos que echaron por tierra el faraónico proyecto que manejaban los inversores chinos, como crear una Ciudad del Agua o comercializarla en China. Los inversores reclamaron la devolución del adelanto por incumplimiento de contrato, Avalmadrid se negó a devolverlos y las diferencias las están resolviendo actualmente en los tribunales.

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Sobre la firma

Carlos Molina
Periodista de la sección de Empresas, especializado en hoteles, turoperadores, agencias de viajes y aerolíneas. Trabajó en la sección de Especiales entre 2001 y 2005 y escribió sobre comercio exterior, política económica y macroeconomía en la sección de Economía entre 2005 y 2015. También ha trabajado en ABC, Interviú y el diario Mediterráneo.
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