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Jaime Gorbeña, el timonel reservado del imperio logístico Bergé

La empresa multifamiliar ha sobrevivido a dos guerras mundiales, una civil, dos pandemias y sendas crisis financieras

Perfil
José Manuel Esteban

A Jaime Gorbeña Yllera (Santander, 1969), presidente ejecutivo de Bergé y Cía desde 2006, le apasiona el mar y Asia. Es lógico. La historia familiar y empresarial de 150 años de la que forma parte, con tres familias asociadas desde hace más de un siglo y continuada por seis generaciones está, más que unida, soldada al negocio portuario y a los vehículos de motor. El grupo Bergé y su presidente no son de muchas palabras: Información pública, la justa e información personal, la mínima. Es una característica muy del norte, donde nació la empresa (Bilbao, 1871) y donde nacieron, con pocos kilómetros de distancia - lo que va de Bizkaia a Cantabria- las tres familias que crearon Bergé y Cia en el siglo XIX: Gorbeña, Enciso y Bergé.

Bergé y Cía no es una empresa de las de logo en astillero y marketing corredor. La compañía, que nació en el XIX al calor de los inventos en la marina mercante, el motor de vapor, el hierro y el acero, manda hoy en dos sectores clave para la economía del país, el de la automoción y el de servicios logísticos. Tiene presencia en 25 países y cuenta con dos subholdings principales: Bergé, cuyas principales actividades son los servicios logísticos intermodales y Astara -antigua Bergé Auto-. Para dar una idea de dimensión: Bergé y Cía trabaja en todos los puertos en España, tiene presencia en México, Colombia y Perú y, a través de la filial Astara vende y/o alquila automóviles de 30 marcas distintas en 23 países. Muchos automóviles: tres millones desde 1979. Astara es, además de un gigante -5.000 millones de facturación en 2022- una palanca de modernización en el grupo porque no solo vende coches, sino que ha ampliado su actividad a todo el negocio de la movilidad. Renovarse o morir.

La empresa multifamiliar ha sobrevivido a dos guerras mundiales, una guerra civil, dos pandemias y dos graves crisis financieras. También ha esquivado un descalabro financiero y de gestión en el negocio de las renovables. A comienzos de siglo, Bergé emprendió una aventura fotovoltaica con la empresa Isofotón -salpimentada con su poco de especulación y su cucharadita de política- que estuvo a punto de hacer zozobrar el grupo. Bergé tuvo que asumir 360 millones de pérdidas inesperadas en la empresa en 2010, aunque logró remontar.

Para aguantar las mareas de los nuevos tiempos y sustituir a su padre Juan en la presidencia, el grupo eligió a Jaime Gorbeña Yllera. Un perfil y una imagen alejada de las portadas. Gorbeña se formó desde los 15 años en colegios y universidades de élite de Reino Unido (Tonbridge School, London School of Economics) y Bélgica (Solvay Business School). Trabajó en los almacenes Harrod’s -ventas de lujo-, en Toyota, en la naviera Kawasaki Kisen Kaisha y en Chrysler Corporation. Una experiencia de negocios de mar y coches en tres continentes y una buena base de formación e idiomas -inglés, español y francés- para un primus interpares entre las tres familias norteñas.

Jaime Gorbeña es nieto de Ramón Gorbeña, a quien en Cantabria se considera como el hombre que convirtió Bergé en uno de los mayores conglomerados empresariales del país. Ramón, hombre austero, nacido en Neguri, llegó a Santander en 1928 para hacerse cargo de la delegación de Bergé, una consignataria que había formado su padre con otros dos socios en Bilbao -todavía hoy sede del grupo- y que, por aquel entonces, hacía sus primeras incursiones fuera del ámbito de origen.

Ni Bergé, ni su actual presidente se pueden entender sin la figura y el fuerte carácter del patriarca Gorbeña, un emprendedor, amigo del banquero Emilio Botín (padre) al que nunca le gustó la exposición pública. Según las crónicas, jamás quiso que se divulgara nada de sí mismo, ni siquiera una fotografía. Huyó de la notoriedad y se negó siempre a participar en ningún tipo de asociación. La discreción sigue siendo la máxima a seguir en lo personal y en la empresa -la sede madrileña del grupo en un precioso palacete de La Castellana no tiene ni placa-. El nieto Jaime mantiene esa misma idea, con sólo una leve concesión: participa como jurado en los premios Princesa de Asturias.

Ramón Gorbeña, como su nieto, no hacía ninguna ostentación. Los pocos lujos que se le conocían era su magnífico chalet de estilo inglés de El Sardinero, con un mástil en el jardín donde siempre ondeaba la bandera española, y un yate de nueve metros de eslora, con el que disfrutaba de su pasión por el mar. Suficiente.

En algún momento -los tiempos mandan-, Bergé tendrá que revisar el grado de exposición al público. Entre otros planes, el grupo tantea, “nada cerrado” aclaran, las posibilidades para una posible salida a Bolsa, un proceso para el que el holding trabaja, según publicó hace pocos meses El Confidencial- con Banco Santander, su entidad financiera de cabecera, con Grant Thorton y con Cuatrecasas. Los mercados conllevan publicidad y exposición. Lo que no cambiará, previsiblemente, es la esencia de la cultura empresarial del grupo. Jaime Gorbeña conoce, a buen seguro el dicho japonés, según el cual, quien se ríe de un yen acaba llorando por un yen. O lo que es lo mismo, no conviene malgastar y menos aún, que se vea. En julio de 2021, el rey Felipe VI recibió en audiencia a una representación de Bergé y Compañía. Acudieron el presidente Jaime Gorbeña; el vicepresidente Pedro Enciso Bergé y los consejeros Adolfo Careaga Bergé; Jaime Bergé Ampuero; Javier Gorbeña Yllera; Alfredo Ustara Gorbeña; Sofía Real de Asúa Cervera y Salvador Bautista Enciso, secretario y sobrino del vicepresidente. Historia empresarial hecha apellido.

Todo terreno

El desempeño logístico del grupo Bergé se extiende a todo tipo de actividades y segmentos, con 2.000 profesionales en la cartera. En primer lugar, cuenta con una amplia estructura especializada en operaciones portuarias (estiba, consignación, almacenaje portuario, cruceros y aduanas). Todo ello se traduce en 10.000 buques consignados y 30 millones de toneladas de mercancías manipuladas al año. A ello se le suma la logística integral de vehículos (transporte, almacenamiento y talleres), logística de valor añadido y externalización de procesos (transporte, almacenaje, logística interna distribución) y el llamado shipping (transitario, fletamentos y líneas regulares).


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