Los bancos tienen margen para subir los tipos de sus depósitos

Los bancos españoles parecen empeñados en darle la razón al Gobierno con su impuesto extraordinario, dizque temporal, a los beneficios de las entidades por la subida brusca de los tipos de interés en el último año, considerados por el Ejecutivo como caídos del cielo. Si bien es cierto que el nivel actual del precio del dinero en la eurozona, del 2,5%, no tiene nada de extraordinario, y es un simple retorno a la normalidad monetaria, lo llamativo es que los grandes prestamistas de nuestro país no han trasladado, ni de lejos, ese incremento a los intereses de los depósitos.

Eso explica la altísima demanda entre particulares que han suscitado las últimas emisiones de letras del Tesoro, que se pagan ya a casi un 3% de interés. La subida de los tipos se traslada casi automáticamente a la renta fija soberana, y los bancos hacen lo propio con su catálogo de hipotecas y créditos, mientras se hacen los remolones con los depósitos, ensanchando unos márgenes del negocio que durante tantos años han ansiado los directivos del sector.

En una temporada de beneficios y dividendos récord (Pedro Sánchez o Nadia Calviño incluirían también como referencia los salarios de los ejecutivos), se hace aún más difícil sostener que la gran banca no pueda llevar a su oferta el cambio del entorno macroeconómico. Más aún cuando sus competidores europeos, e incluso las filiales en otros países de compañías que operan también en España, están ofreciendo rentabilidades mucho más jugosas para el ahorro. Los depósitos de la zona euro rentan un 73% más de media que en España: un 1,20% hasta dos años, frente al 0,69%, a fecha de noviembre.

Un informe reciente de S&P considera que los bancos tienen un amplio margen para incrementar los tipos de sus depósitos. No pueden escudarse las entidades en el riesgo de morosidad por la desaceleración económica: su disciplina de la última década (endurecimiento de la concesión de crédito, fusiones corporativas, recortes de empleos y oficinas, esto último en detrimento de los usuarios) ha blindado sus balances.

Tras años de generosas inyecciones de liquidez por parte del BCE, los prestamistas carecen de incentivo para luchar por los depósitos de los consumidores. Solo la fuga de clientes –que no es tarea sencilla para los que tienen productos vinculados, como las hipotecas– a otras entidades del continente, u online, podría incentivar la competencia por los depósitos. Mientras, al menos, la industria podría adoptar un perfil más bajo en su rechazo al impuesto del Gobierno de Sánchez.