Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

El ‘déjà vu’ del Covid llega en una situación muy distinta a la de 2020

Produce una sensación de déjà vu el repunte del Covid-19 en China, la reacción de las autoridades occidentales y el castigo en Bolsa a los valores relacionados con el turismo, en particular las aerolíneas. En el ya medio olvidado diciembre de 2019 empezaban a llegar las noticias de un extraño virus detectado en Wuhan, y a medida que pasaban las semanas el temor a los viajeros procedentes de la República Popular se acrecentaba: las renuncias al Mobile World Congress de Barcelona de febrero, que acabaron en cancelación total, fueron el primer gran aviso de lo que se convertiría, tras la procrastinación de los Gobiernos, comprensiblemente reacios a parar sus economías, en un confinamiento masivo.

Esta vez el marco general es muy distinto: las sociedades occidentales están notablemente inmunizadas contra el agente infeccioso, ya sea de forma natural, por el contagio, o por vía vacunal; y, aunque es difícil comparar, es muy posible que las nuevas cepas, como Ómicron, sigan la tendencia general de los virus y sean menos agresivas que sus predecesoras. Al menos, eso es lo que sostiene de repente el propio Ejecutivo del gigante asiático, que ha dado un giro de 180 grados a su política del Covid cero. Por eso no parece necesario sobrerreac­cionar, ni desde el punto de vista sanitario, ni desde el político ni tampoco el de la inversión, a la ola de Covid y a la afluencia de viajeros chinos contagiados. Eso no obsta para que, dada la enorme cantidad de habitantes del país, y que un pequeño porcentaje de ellos moviéndose por el mundo puede provocar un efecto cascada significativo, se tomen medidas intermedias y proporcionadas, como pedir test PCR a los visitantes que vengan desde allí, así como recomendar cuarentenas y prudencia en la movilidad a su llegada.

Sectores como el hotelero o el mencionado del transporte aéreo, pero también otros dependientes de las manufacturas chinas, estaban deseando que Pekín abandonara su empeño en reprimir radicalmente el Covid, en lugar de dejar que se fuera filtrando poco a poco por la población. Es de desear que esta nueva ola sea simplemente la repetición como farsa (al menos en Occidente; en China está por ver el impacto hospitalario y en la mortalidad) de lo que en su momento fue tragedia, y que la normalidad vuelva de forma definitiva a todas las industrias, en particular la turística, algo que España agradecerá enormemente. Pero es entendible la cautela de las autoridades, y de los mercados, escaldados de su escepticismo de hace tres años.

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