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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Europa no debe perder pie en la carrera por el ‘oro negro’ de los chips

La crisis mundial de desabastecimiento que se ha vivido en el sector de los semiconductores constituye un ejemplo de manual de los riesgos que entraña una economía globalizada

La crisis mundial de desabastecimiento que se ha vivido en el sector de los semiconductores constituye un ejemplo de manual de los riesgos que entraña la combinación de una economía globalizada, altamente intensiva en tecnología, y la concentración en escasos puntos de producción de una industria estratégica. Un cóctel de factores que desplegó sus efectos con fuerza con la pandemia de Covid-19, durante la cual se elevó de forma exponencial la demanda de semiconductores, se produjo una sequía masiva de chips que afectó a muy diferentes sectores, desde el automóvil a las criptomonedas, y se hizo evidente la dependencia de una Europa que los importa, pero no los fabrica. Aunque en los últimos meses esa demanda se ha reducido, fundamentalmente porque el temor a la recesión está llevando a empresas que han acumulado suministro en el último año a cancelar pedidos y tirar de inventario, se trata de un retroceso temporal. La razón es que los semiconductores son productos fuertemente cíclicos, cuya demanda volverá a crecer y seguirá siendo uno de los factores clave para el sostenimiento de una industria cada vez más digitalizada, como demuestra la ofensiva que ha lanzado la Administración Biden para blindar la producción estadounidense y arrinconar la industria asiática.

En un contexto como ese, los contactos que el gigante taiwanés (TSMC) está manteniendo con proveedores europeos para establecer su primera planta de fabricación de chips en el Viejo Continente, probablemente en Alemania, pueden cristalizar en una alianza clave para la economía de la UE, fuertemente dependiente de estos componentes y muy rezagada todavía en la carrera por desarrollar su producción. Aunque Europa ha aprobado un programa de más de 40.000 millones de euros en inversiones para que en 2030 el 20% de los chips del mundo se produzcan en la UE, con el que se financiará la primera fábrica del sector en España, el proyecto está todavía en pañales y su horizonte temporal parece demasiado lejano. Los planes de TSCM pasan por llegar a un acuerdo para construir una planta en 2024, animada por la creciente demanda de la industria automotriz europea de microprocesadores fabricados localmente y por la presión competitiva de otros grandes fabricantes, como Intel y Samsung, muy bien posicionados en el rally por dominar esta industria.

La posible expansión de TSCM a Europa debería estimular un pronto desarrollo de los planes estratégicos para situar a la UE en el mapa mundial de producción de semiconductores, cuyo enorme potencial los ha convertido en una suerte de nuevo oro negro del que ninguna economía puede prescindir.

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